ESTRENÓ OBRA EN YOUTUBE
El Coro Likui también se subió al video streaming
Después de la desazón ante la alteración de sus cuantiosos planes, el elenco que dirige Olga Liudkova sacó ánimo de flaquezas y se puso a cantar. Ya prevé nuevos registros, aunque no tiene ningún apuro.
La sensación es extraña pero aun con la mediación de la tecnología, celestial. La pantalla reproduce la imagen de 19 coreutas, cuyas voces construyen un clima único para preparar el ingreso de la solista, que inicialmente no estaba en el cuadro. Si bien las miradas se dirigen a las respectivas cámaras, los cuerpos se mueven, los rostros se conmueven y la melodía se deja envolver por texturas aterciopeladas. En determinado momento, el centro se deja ocupar por una imagen pictórica de la Sagrada Familia, en un marco estético de ortodoxia rusa. El registro debió vencer considerables dificultades para lograrse, pero el Coro Likui se desenvuelve con toda naturalidad durante su interpretación. La música vence.
El infatigable elenco que dirige Olga Liudkova también incursionó en el streaming y días atrás, subió a YouTube una “Spi Isuse spu. Canción de cuna navideña”, con arreglo coral de Andrei Tarasenka. Participaron de la experiencia las sopranos Laura Borak, Virginia Zillio, Romina Wasmann, Florencia Figueroa y Patricia Tarantini; las contraltos Carla Nogueira, María Laura Leanes, Gabriela Rivas, Marina Agueda, Nadia Cornejo y Paz Cozzi; los tenores Carlos Parra, Gonzalo Rumi y Ramiro Vargas; los bajos Diego Díaz; Sergio Figueroa, Alberto Sheffield y Pablo Borda; más Giorgina Tarantini como solista.
Como en muchos otros casos, las restricciones afectaron sustancialmente la proyección que el Likui tenía prevista para 2020. “Al principio de la pandemia, nosotros teníamos algunos planes, por ejemplo, irnos a Buenos Aires en abril”, recapituló Liudkova en diálogo con El Cordillerano. “Nos esperaba una gira de conciertos y después pensábamos viajar a Misiones por pueblitos chiquitos para hacer una serie de conciertos y también, hacer un viaje a las Cataratas. Esos eran nuestros planes que por supuesto, todos se suspendieron”.
La desazón fue tan generalizada como comprensible. “De repente, vino una tonalidad menor (sonrisas) que nos trasladó a un nuevo pensar, para ver cómo íbamos a estar porque en principio, somos un grupo muy unido”, realzó la directora. “Ya teníamos un repertorio hecho desde que volvimos de Rusia y queríamos cantar esas canciones en nuestras giras pero como siempre digo, el grupo no bajó los brazos”, resaltó.
Coherente con esa actitud, “enseguida propuse comenzar con un repertorio nuevo que yo preparé durante el verano para seguir con nuestro crecimiento musical: Las vísperas, de (Sergéi) Rajmáninov. Son obras bastante difíciles para ocho o nueve voces y cuando propuse, todos los chicos dijeron: ‘Olga, está muy complicado ensayar pero vamos a probar’… Entonces, me grababa aparte, mandaba por WhatsApp y así nos comunicábamos”.
Irrefrenable
De a poco, el Likui comenzó con su nueva rutina. “Empezamos a hacer un ensayo semanal los viernes, que es nuestro día, por Zoom. Ellos se anotaban las partes, cómo hay que cantar y los movimientos musicales. Llegamos a la conclusión de que nada nos podía detener”, proclamó Liudkova. “En principio, el coro se dividió en dos grupos: hombres y mujeres, porque así es más fácil trabajar. Empezamos a fluir y aparecieron obras para hombres y para mujeres. Es un crecimiento”, diagnosticó la directora.
A casi cuatro meses del comienzo de la cuarentena, “estamos con toda esa experiencia increíble, hace tres meses que no nos vemos… Algunos pasan por casa, sacan la manito del auto y les entrego las partituras, con la máscara y a distancia. No tenemos contacto ni ensayos, tampoco sabemos cuándo vamos a volver a cantar, pero no bajamos los brazos y seguimos trabajando”, insistió la orientadora de la formación.
La concreción del emotivo registro que motivó la conversación con Liudkova también tuvo sus bemoles. “La obra que cantamos es nueva y eso fue lo complicado: nadie la conocía. ¿Por qué la elegimos? Un poco para activar nuestro conocimiento musical, porque una cosa es cantar lo que ya conocemos y cantamos muchas veces, y otra cuando la obra es nueva, porque hay que ver cómo se ensambla. Eso fue más interesante técnicamente”, ponderó la directora.
Claro que hubo dificultades adicionales. “Cuando se repartió (la obra) entre todos y todos sabían qué tenían que hacer, grabaron videos con su voz en alta calidad y después, a través del técnico, Tadeo Chaves Painefil, se ensamblaron todas las voces y las imágenes. El uniforme forma parte de nuestra parte artística y me pareció que no podía faltar”, dijo en relación a la indumentaria. “Me pareció que después de tres meses sin cantar juntos, los chicos podían cantar con su uniforme, arreglarse como para un concierto, tener la partitura enfrente y la carpeta a mano”, consideró.
La directora se preocupó especialmente por emular cierto ritual, “preparativos que dan ánimo a los coreutas cuando actúan frente al público. Como nos iba a mirar todo el mundo, les dije: ‘por favor, pongámonos lindos’… Así empezó nuestro trabajo. Ahora estamos haciendo otro video con otra propuesta”, adelantó Liudkova, para redoblar la apuesta. El trabajo está disponible desde el 5 de julio último y al momento de redactar estas líneas, contabilizaba 74 vistas. Pero la curva es ascendente.
Dar gracias
Como puede advertirse, el Likui no deja de hacer planes pero con los pies sobre la tierra. “Primero, volver a ensayar. Cuando nos den el ok y se puedan hacer reuniones, vamos a empezar de a poquito porque tampoco tenemos gran apuro ni queremos desesperarnos”, trazó Olga Liudkova.
“Vamos a hacer ensayos seguramente parciales por cuerda y después, nos iremos incorporando porque si hacemos todo junto, se reactiva (el virus), pasamos a otra fase y volvemos a estar tristes. Entonces, preferimos ir de a poquito”, remarcó.
En cuanto a actuaciones públicas, “seguramente, el primer concierto lo hagamos en la Iglesia Inmaculada si el padre Jorge y la sociedad nos lo permiten. Es que también queremos agradecer a Dios que estamos sanos y juntos”, puntualizó la directora. “Después, vamos a preparar una obra del compositor (Juan) Astorga para un viaje a Italia, que estaba programado para el año 21 o el 22. Es una obra grande, del Barroco, que vamos a trabajar lento”, informó. Pero sin pausa.
Adrián Moyano