SILVINA SANTA CRUZ
Aprender a reconocer y manejar las emociones mejora la calidad de vida
En nuestra sociedad la violencia psicológica y física se ha ido naturalizando y eso cada día desmejora la calidad de vida de los habitantes, y afecta a todas las edades. Silvina Santa Cruz dio un taller en el barrio 29 de Septiembre, acompañando el Proyecto Ser Mujer.
Ella es profesora de matemáticas, física y cosmografía, licenciada en Ciencias Aplicadas, instructora de ritmos urbanos y recientemente se recibió en la Universidad Nacional de Córdoba de coach ontológico profesional.
“Trabajando como docente me di cuenta que en las escuelas hay una falta total de comunicación en las relaciones, falta de toma de conciencia de las emociones, la violencia está generalizada” dijo.
Ella siempre que ha podido elegir escuelas, ha preferido las que tienen muchas carencias económicas y sociales, “me interesa estar comprometida con esa parte de la sociedad, pero la violencia está en todas las clases sociales”.
No se puede trasmitir algo que no se ha comprobado entonces en primer lugar comenzó a ver qué le pasaba a ella con la violencia, “me crié en una época muy represiva, donde no había comunicación con nuestros padres, no porque no nos amaran, sino simplemente, porque no tenían las herramientas necesarias para llegar a nosotros”. La violencia en muchas ocasiones era aplicada como límite y se naturalizaba.
El taller
El coaching trabaja mucho la gestión emocional, se acercaba el Día de la Mujer entonces Silvina sintió la necesidad de aportar algo y qué mejor regalo que un taller para que cada una de las asistentes, aprendiera a reconocer sus propias emociones.
“Me contacté con las hermanas misioneras que acompañan al merendero Manitos de Amor del Proyecto Ser Mujer que tienen un área llamado No te rindas”. El taller se denominó De inteligencia emocional y violencia. Así le aceptaron la idea de realizarlo en el Centro Comunitario de ese barrio, cada sábado del mes de marzo.
“Fui para compartir mis vivencias desde lo que yo experimenté con la violencia, porque mi intención no fue ir a dar cátedra de nada, algo vivencial en donde lo que se trabajó primero fue detectar las emociones y reacciones en el entorno violento en el que uno puede estar viviendo sin darse cuenta” detalló.
“Dentro de esas emociones enfocamos en el miedo y el enojo, ambas no son ni buenas ni malas, solo reacciones biológicas, pero hay que aprender qué hacer con ellas cuando se presentan”. Muchas veces en lo cotidiano nos encontramos con el enojo ante una injusticia, “o lo callamos provocando un grado alto de estrés o lo sacamos de manera violenta porque no sabemos manejarlo”.
Agregó “el miedo nos bloquea y paraliza o nos hace huir, también trabajamos la tristeza y la alegría, todas las emociones básicas y cómo las detectamos en nuestro lenguaje corporal, porque el problema es que a veces nosotros negamos una emoción pero nuestro cuerpo no puede ocultarla”. Es allí cuando comenzamos a tener dolor de cabeza, de estómago, llega el insomnio y el llanto fácil y quizás no sabemos bien el por qué.
“En realidad aprendimos a conocer qué emoción nos está invadiendo, en el taller la primera semana trabajamos en detectar emociones en nosotros y en nuestras familias”. Además se fueron sumando mujeres que llegaban al merendero con donaciones, interesadas en algo tan simple, como aprender a conocerse.
El ejercicio inicial fue una tarea para el hogar, descubrir emociones en la gente, porque si uno no pone en palabras lo que siente, el cuerpo sí lo hace, leer el lenguaje corporal puede sumar muchas herramientas para detectar con anticipación, una situación violenta.
“Las devoluciones fueron muy interesantes, aprendimos que las emociones duran aproximadamente 90 segundos en nuestro organismo entonces hay que pasar ese tiempo para luego ver cómo se resuelve lo que nos sucede”.
Esto Silvina lo grafica con colores, como los de un volcán cuando entra en erupción, “primero está en alerta verde, después amarillo, naranja y finalmente rojo”. En las emociones es totalmente a la inversa, “cuando empieza la emoción ya es rojo, porque me tengo que dar cuenta de eso, qué me lo detonó, un auto que estacionó mal, alguien que se nos adelantó en una fila, un hijo que nos contesta de mala manera o miles de posibilidades más”.
La alerta naranja es ver qué pensamientos me vienen, “El enojo es una emoción primitiva, te aumenta la fuerza pero te quita la capacidad cognitiva, entonces actuás sin pensar, querés insultar, pegar o gritar”.
La alerta amarilla ya es ver cómo nuestro cuerpo reaccionó a esa emoción, “me puse tensa, subí mis hombros, fruncí el ceño, respiro agitada”. Finalmente el alerta verde es qué decido hacer con todo eso. “Ese es el trabajo más difícil porque nos dejamos llevar por la emoción y hacemos lo que se nos ocurre o decimos cosas que después nos arrepentimos”.
De eso se trató todo el taller, “comenzamos por la alerta verde, qué podemos hacer de diferente con lo que veníamos haciendo hasta ahora, para que las situaciones no nos dominen y así poder evitarlas en el futuro”.
Entonces el enojo y el miedo, al ser emociones biológicas, no se las puede evitar, pero sí se puede aprender a hacer algo con ellas cuando se presentan. “Ahí empezamos a trabajar la violencia de género, porque vimos que esto nos pasa a todos los seres humanos, pero cuando detecto una persona violenta, tiene características muy diferentes al resto”.
“Las personas violentas crónicas son conscientes de lo que hacen, es algo voluntario y premeditado pero no se sabe qué la detona, uno puede entender que hay situaciones naturales que nos enojan a todos, pero estos casos no”.
Citó ejemplos, “se violentan por cosas que a la mayoría no nos detonarían, la comida fría, una camisa mal planchada, un plato que se rompe”. Ahí se trabaja entonces cada uno de los ciclos, “la acumulación de tensión, la explosión violenta y luego la luna de miel donde la persona se arrepiente, pide perdón y vuelve a comenzar”.
“Si somos conscientes de este proceso, no tenemos que esperar a que llegue la explosión, por eso hay que trabajar en el proceso de la acumulación de tensión, la mayoría de las mujeres que vivimos situaciones de violencia, lo hemos naturalizado, entonces no detectamos ese ciclo”.
Uno no puede modificar la reacción del violento pero sí, tomar recaudos a nivel personal, “somos responsables de nosotros mismos y del cuidado de nuestros hijos, si se está atenta, antes de esa explosión, por ejemplo nos vamos a la casa de otro familiar o de algún vecino”.
Otro de los puntos fundamentales es trabajar la culpa, porque es lo que lleva a justificar las acciones violentas, “es algo que nos han impuesto desde muchos ámbitos, religiosos o sociales, nuestros padres nos han criado así, ‘yo fui la que cociné con mucha sal’, ‘yo fui la que se puso el vestido que no le gusta’, por ejemplo”. De allí la importancia de saber qué hacer con esas culpas cuando llegan.
También es aplicable a los hijos, “hay que ponerles límites sanos porque cuando en un hogar hay violencia, se multiplica, entonces les gritamos y nos volvemos cómplices del ser violento sin darnos cuenta”.
El violento no cambia
Esta fue una afirmación contundente en el diálogo con Silvina Santa Cruz, “salvo que reciba ayuda profesional y a sabiendas que no se va a encontrar avalado por nadie, las personas violentas no se detectan fácilmente porque en la calle son de una manera y en la intimidad de otra”.
La manipulación también es un arma de la violencia, “’sos fea, quién te va a querer como yo, sin mí no sos nadie’, o frases contrarias como ‘sos la persona más hermosa que he conocido’” son algunas de las miles de palabras engañosas que manejan la mente del otro.
Autoestima herida
A muchas mujeres no nos enseñaron a valorarnos y querernos como tal, es difícil vernos como en un espejo, reconocernos y sentirnos valiosas. “Esto es muy grave, en el grupo hubo incluso chicas con intentos de suicidio por la violencia vivida, te vas quedando sin autoestima” dijo.
Silvina les hizo la analogía con un león y su presa, “el león no va a cazar a la cebra que corre rápido, va a tomarse su tiempo para identificar a la que está herida y es más débil y es a esa a la que va a cazar”. Muy fuerte la comparación con respecto a quienes se ven atraídos o atraídas por un violento crónico. “No va a buscar a alguien con autoestima herida, con valores fuertes y bien parada en la vida, simplemente, porque sabe que no podría manipularla ni someterla”. “Primero comienza la violencia psicológica y luego la física”, agregó.
“Cuando vamos aprendiendo a conocernos recién nos damos cuenta cuán herida estaba nuestra autoestima y sentimos que somos capaces de elegir cómo queremos vivir de aquí en adelante” afirmó. Si uno tuviera que decirle a otra persona lo que piensa de sí misma seguramente, sería más piadoso al momento de juzgar.
Ya finalizado el taller continúan en contacto por medio de un grupo de WhatsApp “seguimos juntas trabajando, nos hacemos preguntas y nos acompañamos en este hermoso camino del vivir”.
Susana Alegría