2018-10-22

HISTORIA DE VIDA

Ariel Bistagnino: sus libros “viajeros” le permiten mantenerse

Se subió a un micro de línea, luego de pagar su boleto saludó a los pasajeros, se presentó como un escritor que pretende vivir de sus textos y ofreció sus libros en dos formatos, de bolsillo y los clásicos. Así surgió la inquietud de esta historia de vida, con más o menos detalles.

Se llama Ariel Bistagnino, tiene 42 años, nació en Vicente López, pero se crió en Bella Vista, es técnico de Básquet, técnico Químico y cursó un año de Ingeniería de Alimentos, “siempre me pareció un mundo muy frío y la industria me terminó de convencer, entonces cuando tenía 24 años largué todo y me tomé un avión a México, el regreso lo hice por toda Latinoamérica en colectivo”, comentó.

La primera conexión directa con el arte fue cuando tenía 16 años leyendo El misterio del cuarto amarillo, de Gastón Leroux, “me volví loco al ver todo lo que podía obtener de un libro”. Su padre tenía una peluquería, una tarde tomando unos mates con él, vio en un diario un anuncio muy simple: Concurso literario.

“No entendía de qué se trataba, para mí, los escritores eran Borges o Adolfo Bioy Casares y esto encima era barrial, pensé, o sea que cualquiera podía serlo” fue así como decidido, se sentó a escribir su primer cuento.

“Lo presenté, no pasó absolutamente nada, lo bien que hicieron porque era horrible. Lógico si nunca había escrito, ahora a la distancia veo que es un proceso de trabajo, de oficio, de darle y darle hasta poder lograr la expresión”. Ariel considera que “todo está condensado en la expresión, después ves si lo querés hacer bailando, cantando, dibujando, esculpiendo o escribiendo. Tiene que surgir la necesidad de decir algo y encauzarlo en el mecanismo que se sienta más cómodo”.

Al referirse a su manera de ser comentó “si bien tenía una vida muy social era muy introspectivo, entonces escribir fue lo antisocial que me salvó la vida, yendo hacia adentro al principio para ver el por qué”.

Sobre su experiencia en los dos talleres de literatura a los que concurrió, dijo, “el primero me enseñó lo que yo no quería y el segundo fue el año pasado con Pablo Ramos y me gustó mucho”. De todas formas, a este último ya fue con sus libros bajo el brazo, “ese fue mi error, no fui a sumar herramientas sino a buscar reconocimiento y cuando me di cuenta de eso ya no me daba el bolsillo para seguir asistiendo”.

El primer libro

Ariel tiene impresos cinco libros, “son el resultado de 15 años de escritura editada donde he desarrollado y aplicado todo lo aprendido hasta ahora, también dos novelas donde aprendí cómo mover los personajes y hacerlos hablar, dónde aplicar el humor, etcétera”. A partir del 2012 escribió un libro por año hasta el 2016.

Desde los 13 años dejó de pedirle dinero a su padre, “el último trabajo que tuve fue en gastronomía, hacía las compras para un restaurante muy grande de Puerto Madero, todos los meses destinaba algo del sueldo para editar los libros”.

“Cocaína” se llamó el primer libro y lo vendió a amigos y conocidos, luego descubrió la F.L.I.A. (Feria del Libro Independiente y Alternativo). “Surgió hace muchos años, donde había un conflicto social ellos iban, cortaban la calle y montaban las ferias de ventas y reventa de usados”.

“Es un libro en el que voy a mil, imperiosamente voy a lo mejor y lo peor de mí, tuve el gran honor de conocer a Alberto Laiseca a quien visité durante sus últimos meses de vida, le llevé mis libros y al leer ‘Cocaína’ me dijo que es duro y que le gustaba mucho”.

Admite que al principio era más incisivo, incluso le gustaba molestar con algunos textos, luego fue encontrando su lugar en la vida y eso lo fue bajando al momento de crear, incursionando en la ficción y la comedia.

“Cuando nació mi hijo me encontré con un problema no resuelto con mi papá, que no me permitía desempeñar ese rol a mí, tuve que ir recomponiendo las relaciones familiares a través de la verdad y la escritura fue mi camino”.

En Bariloche

Al ser consultado acerca de por qué ha elegido a Bariloche para vivir respondió “este viaje es para cumplir con un objetivo muy importante, estar cerca de mi hijo que vive acá hace un año y medio y poder vivir de mi escritura”.

En febrero de este año envió el telegrama de renuncia a su trabajo, y desde marzo hasta ahora descubrió la manera de continuar con los libros, venderlos y hacerse cargo de la responsabilidad y del disfrute que significa ser padre.

Cuando comenzó a ofrecer sus libros lo hizo en los parques de Mendoza, no resultó muy bien y eso lo preocupó, “sabía que tenía que generar lo suficiente para comer, dormir y reunir el dinero para enviar mensualmente a mi hijo, para eso era necesario vender por lo menos diez por día”. Fue así que, por sugerencia de unos conocidos, hizo formatos más accesibles, libros de bolsillo y probó suerte en los colectivos.

“Acá la gente está más abierta a las propuestas culturales, me escuchan y se interesan en los pocos minutos que les hablo, compran mucho los libritos por eso estoy muy agradecido”. Todavía no sabe lo que hay más allá del centro, le intriga saber cómo son nuestros barrios barilochenses, porque recorre en micro un par de cuadras y se sube a otro. “Ya tendré tiempo para recorrer y conocer, intento adivinar según los pasajeros de cada línea” dijo, pero eso es un juego que seguramente le sumará temas para un próximo libro.

Tiene la idea de quedarse cerca de su hijo de nueve años todo el tiempo que su trabajo sea rentable, “mientras logre generar lo suficiente para cumplir con mis obligaciones voy a seguir firme, el clima mucho no me acompaña, pero todos me dicen que ya va a mejorar”.

Ariel además de ofrecer sus libros en la calle, los tiene a la venta en Amazon, y se los pueden pedir personalmente a su teléfono, 11 24834825.

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