CUARTA JORNADA DEL JUICIO POR EL HOMICIDIO DE NINO Y SERGIO
Uno de los testigos dijo que vieron armas de fuego en poder de los civiles
La cuarta jornada del juicio oral y público contra jefes y efectivos policiales por los trágicos hechos del 17 de junio de 2010 dejó algunos testimonios que volvieron a poner en escena lo tumultuoso de la situación, el grado de improvisación con el que actuaron algunos uniformados y la presencia, incontrovertida, de munición de plomo para contrarrestar los piedrazos que lanzaban los manifestantes. La continuidad del juicio será este viernes con más testimonios policiales.
Los jueces Marcelo Barrutia, Emilio Riat y Juan Lagomarsino reabrieron el debate este jueves por la mañana en los tribunales locales, para escuchar el relato de varios testigos convocados por las partes. Todos ellos, pertenecientes a la Policía de Río Negro, cuya cúpula está siendo acusada por la responsabilidad en las muertes de Sergio Cárdenas y Nicolás Carrasco, además de las lesiones de otra decena de personas durante los trágicos episodios ocurridos tras la muerte del adolescente Diego Bonnefoi, en manos del cabo policial Sergio Colombil.
El primero en declarar fue Luis Oses, miembro del BORA, actual COER, quien era granadero y admitió haber lanzado varias granadas de gas lacrimógeno. En su declaración, Oses dijo que recibió la orden de formar y “aguantar” frente a la comisaría 28. “Volaban piedras, botellas y palos”, indicó.
“Nos sacaron las armas 9mm y solo quedamos con equipamiento de infantería, munición antitumultos y gas lacrimógeno”, continuó y refirió que su actuación estuvo concentrada en mantener la formación junto al cuerpo especializado, frente a la comisaría 28, para preservar la Unidad.
De su relato, se desprende la presencia de una persona encapuchada entre los manifestantes, portando un arma de fuego. “Lo vi a unos cincuenta o sesenta metros, no puedo precisar qué tipo de arma tenía, pero sí que efectuó una serie de disparos”, “un compañero vio a otro, por calle Mange”, agregó.
Otro uniformado, Mario Ochoa, trabajaba en la comisaría Segunda y ese día por la mañana le sacaron gran parte del personal a su cargo para enviar apoyo a la 28. “Después me mandaron a llevar munición antitumulto con la orden de no ir más allá de calle Brown. Nos encontramos con un móvil en Ruiz Moreno y Brown. Entregué y volví al centro”, relató y agregó que más tarde recibió una llamada que indicaba que un oficial de servicios sufrió una agresión en el hospital por familiares de la gente fallecida y herida.
Cristian Morón, era el chofer del jefe policial Jorge Villanova. Relató que previo al hecho venían de viaje hacía varios días desde Viedma, con diversas actividades en el Alto Valle y llegaron a Bariloche el 16 por la noche.
Al día siguiente, después de variadas actividades programadas, lo trasladó a El Bolsón y que en la misma comisión viajaba el secretario de Seguridad, Víctor Cufré, el jefe de la Regional Tercera de Policía, Argentino Hermosa, y el ministro de Gobierno, Diego Larregui. Apenas un rato después, “Hermosa me pidió que lo traiga de nuevo a Bariloche urgente porque había problemas”, pero no indagó sobre lo que estaba ocurriendo.
Mientras regresó a Bariloche con Hermosa, el resto de la comitiva se quedó en El Bolsón y el llegó directo a la Regional Tercera y recibió la orden de esperar por un posible nuevo traslado de Hermosa.
También declaró Lucas Asenjo, un policía que trabajaba en el destacamento de Tribunales como notificador. Lo llamaron de urgencia para que regrese al destacamento, luego fue a la comisaría Segunda y finalmente con otros cinco compañeros a la Unidad 28. Recibió orden de aguantar y resguardar la unidad policial. Estuvo poco tiempo porque fue herido en una pierna de un piedrazo y fue trasladado al Sanatorio San Carlos.
COMISARIO BÁEZ: “Gracias a las escopetas creo que no pasó ningún hecho lamentable con nosotros”
El último testigo de la jornada fue el comisario Báez. Trabajaba en operaciones de la comisaría 28. Ese 17 de junio entró a trabajar a las ocho de la mañana y se enteró de la muerte de Diego Bonnefoi. “Todos presentían que iba a haber algunas connotaciones sociales espaciales”, apuntó y reveló que “hubo una charla con los jefes de la Unidad en la que se concluyó que podría haber problemas durante la jornada”.
Después de esa reunión, “Todo se precipitó muy rápido. Empezaron a tirar piedras contra la comisaría. Nos resguardamos. Era cada vez más fuerte”, explicó y agregó “Había mucha gente y empezaron a llegar refuerzos de otras unidades”.
Respecto a las órdenes que emanó el comisario Jorge Carrizo, explicó: “Hubo directivas claras de mantener el orden, resguardar la unidad y contener al personal para que no reaccione ante las agresiones”, órdenes a las que consideró “correctas”.
Báez evaluó la situación como “una euforia social. Un odio muy grande. Había gente joven y mayores. También mujeres”. “Gracias a las escopetas creo que no pasó ningún hecho lamentable con nosotros”, consideró.
La parte sustancial de su relato se dio al final, cuando confió que días después de los hechos “existió una discusión entre Aballay y Alonso porque Aballay habría traído munición de propósitos generales (plomo)”. Además, contó que vio en la comisaría a Argentino Hermosa “a primera hora de la mañana y a la noche trajo guiso para el personal”.
FERNANDO MANQUENAO: “Sería iluso negar que se usaron postas de plomo”
A su turno, Fernando Manquenao, entonces oficial en Dina Huapi, arrancó advirtiendo: “Por más que ellos estén retirados -señalando a los acusados- siguen siendo superiores míos. ¿Quién me garantiza a mí la estabilidad laboral? A mí me pasaron a disponibilidad sin motivo ni explicaciones”, arguyó.
En relación a los hechos manifestó que recibió el pedido de refuerzos, pasó por la comisaría a buscar un móvil, tomaron una escopeta y cartuchos antitumulto y luego se fueron a buscar en el vehículo oficial a los jefes de la Unidad de Dina Huapi, a sus domicilios particulares. Luego, llegó al lugar caminando con un compañero y explicó que recibió expresas directivas de realizar disparos con rebote, como indican los protocolos, en caso de ser necesario. Sin embargo, fue consultado reiteradamente sobre la cuestión y respondió “No recuerdo si disparé”, dijo.
Explicó que “El oficial principal Aníbal Alonso me entregó una bolsa de cartuchos. Había entre esos varios PG (cartuchos de propósitos generales, postas de plomo). Los guardé en el baúl del móvil y los entregamos después en guardia de la comisaría Segunda del Centro Cívico”.
Al preguntarle por el uso de cartuchos con postas de plomo, Manquenao aseguró “Obviamente que sí, salió en todos lados, hasta en los medios nacionales. Sería iluso negar que se usaron cartuchos PG” y agregó “Si hubo disparos, el diablo metió la cola. Habría que buscar al diablo”.
Por su experiencia, relató que si un cartucho del tipo antitumulto, con postas de goma, está guardado mucho tiempo o en malas condiciones, queda como si fuera un cartucho monoposta, pues las gomas se pegan y enfatizó que no es habitual la compra de ese tipo de munición por parte de la fuerza, debido al poco uso que se le da. “Más de una vez, hicimos prácticas de tiro antes de que se venzan los cartuchos. Es más, hay casos en que pueden ser peligrosos para el propio personal, le pasó a personal de la comisaría 27, que se dañaron las escopetas”.
Advirtió además que fue amenazado y que pese a realizar denuncias directamente en la fiscalía, nunca fue citado siquiera para confirmar o ampliar la denuncia.
Contó también que la mañana de los hechos tuvo que acompañar al entonces juez de Instrucción Martín Lozada hasta el domicilio de la familia Bonnefoi, para protegerlo. El intento de negociación duró apenas segundos: “Lo sacaron como gato quemado”, graficó.
Una empleada sin funciones, ayudó en lo que pudo
Mariela Bazán, una empleada policial de la comisaría Segunda, contó que ese día terminó su servicio por la mañana, cumplió algunas horas de adicionales en un banco céntrico y luego regresó a su domicilio, ubicado a pocas cuadras de la comisaría 28. Recibió el llamado de su hermana que estaba encerrada en un cyber de la zona y decidió ir a buscarla, todavía con su uniforme puesto.
Relató que fue encerrada por un grupo de manifestantes que intentó agredirla y que pudo escapar corriendo, para posteriormente quedarse en el lugar, prestando todo tipo de colaboración. “Ayudé en lo que pude”, dijo. Al ser indagada respecto a cuáles fueron las acciones que desplegó, informó que proveyó cartuchos antitumulto entre sus compañeros, les acercó agua y asistió a algunos compañeros heridos.
Además, explicó que observó a una chica menor de edad que estaba lesionada y la ayudó a subir a un móvil policial en el que la trasladaron hasta el hospital zonal. “La chica pedía perdón, no sabía ni por qué había ido a tirar piedras y se lamentaba que sea la policía la que la ayudaba”.
La mujer explicó que no recibió ningún tipo de instrucción, recordó que estaba de franco de servicios y que entre otras acciones que desarrolló, fue junto a otros compañeros en un móvil policial hasta la caminera de la policía de Neuquén, junto al puente carretero del río Limay, a buscar municiones.