2018-09-28

18 años de prisión para Néstor Omar Quintero por el asesinato de Carlos Castillo

El segundo juicio contra Néstor Omar Quintero terminó como muchos especulaban: una dura condena para el sujeto que en primera instancia había sido absuelto por falta de pruebas.

Durante la jornada de este viernes fue condenado Néstor Omar Quintero a la pena de 18 años de prisión, en el segundo juicio por el homicidio de Carlos Javier Castillo, empleado judicial, por el hecho ocurrido en las inmediaciones de la despensa "Carlitos" ubicada en la calle Pudú Pudú del barrio El Milagro, Dina Huapi.

El segundo juicio contra Néstor Omar Quintero, terminó como muchos especulaban: una dura condena para el sujeto que en primera instancia había sido absuelto por falta de pruebas. Sin embargo los jueces Juan Lagomarsino, Marina Venerandi y Alejandra Paolino no tuvieron dudas. Por unanimidad, impusieron dieciocho años de prisión al acusado, quien se negó a firmar el acta de la audiencia y se retiró contrariado mientras aseguraba que el autor del crimen fue un policía y le pedía tranquilidad a sus familiares diciendo que apelaría el fallo.

Mientras tanto, los brazos se multiplicaban para abrazar a Nilda Paletta, la madre del joven fallecido e inicial víctima de lo que pareció ser un asalto en su despensa familiar de Dina Huapi.

La resolución de los jueces, resultó ajustada a lo planteado por los fiscales jefes Martín Lozada y Eduardo Fernández y el querellante Raúl Ochoa, quienes en sus alegatos solicitaron se imponga al imputado la pena de 18 años de prisión efectiva como autor penalmente responsable de homicidio agravado.

Cabe recordar que se juzgó por segunda vez el hecho que ocurriera el 5 de Junio de 2010 en el barrio "El Milagro" Dina Huapi, a las 21:30. En esa oportunidad Castillo persiguió a un hombre que había ingresado a la despensa de su madre y había intentado asaltarla. Castillo falleció, días después, a raíz del impacto de bala que recibiera en la cabeza.

Para los jueces el hecho “Se encuentra probado con el grado de certeza requerido para la etapa cada uno de los extremos apuntados con los elementos de prueba colectados en la presente causa, los reproducidos en la audiencia de debate como así también los incorporados por su lectura”.

A partir de los testimonios de varias personas, los jueces lograron establecer que Quintero abordó el colectivo 71 de la empresa Codao aproximadamente a las 20,30 del día del hecho, en la parada próxima a la estación de servicio Aspro, bajándose en Avenida Limay a unos metros de la calle Avutarda, lugar en el que caminó unos metros y se quedó en una esquina fumando un cigarrillo.

En el mismo lapso horario, Quintero fue observado por otra mujer que pensó en pedirle fuego para encender un cigarrillo, aunque finalmente no lo hizo y poco después por otra mujer que dejaba la despensa y se cruzaba a su vivienda ubicada frente al comercio. Apenas unos segundos después, esa mujer escuchó el disparo.

Los jueces argumentaron que preguntado Quintero sobre estos hechos, se negó a declarar en varias oportunidades y que “En la oportunidad que tuvo de ejercer su defensa material Quintero no ofreció prueba y cuando se le recibiera declaración indagatoria en la audiencia de debate -realizada por este Tribunal- tampoco procedió a referirse a las circunstancias señaladas, ni a manifestar que ese día y a esa hora estuviese en otra parte, sin perjuicio de alegarse inocente y sostener que lo persiguen pero sin dar explicación de cuál podría ser el motivo para ello”.

En ese mismo sentido descartaron los dichos de sus allegados en el sentido de que no estaba en el lugar del hecho a la hora del mismo, restándoles valides.

Además, remarcaron “adolece de relevancia cualquier sutil falta de concordancia en la vestimenta o en la altura, porque es sabido que los testigos no tienen, ni en sus ojos, ni en su cerebro, cámaras de filmar; que los recuerdos son necesariamente imprecisos y ambiguos, siempre que no afecten lo sustancial del hecho respecto del cual declaran”.

Y resaltaron que “ninguno de los testigos hace referencia de que hubiera otra persona yendo o viniendo en la misma o contraria dirección por esa calle, a esa hora, poco antes o poco después. Nada que pudiese hacer dudar de que no fuese la misma persona que va en el colectivo, se baja, camina detrás de la testigo, se queda en la esquina y después se cruza con otra mujer”.

Resumieron que “la prueba colectada para el cargo resulta consistente, concordante, independiente, imparcial, concatenada y contundente. En virtud de todo lo precedentemente expuesto, me expido entendiendo que el imputado Néstor Omar Quintero resulta ser el autor penalmente responsable del delito de homicidio”.

Al momento de evaluar la pena, los jueces compartieron “la pena propuesta por la fiscalía, y ratificada por la querella, teniendo en cuenta que Castillo tenía apenas 30 años, dejando a su madre desprotegida, por ser viuda y él único hijo, porque el homicidio era totalmente innecesario, exagerado, cometido irrazonablemente, sólo para evitar ser perseguido por lo que siquiera hubiera alcanzado a consistir en una tentativa de hurto en el peor de los casos”.

Las reacciones

Mientras el juez Juan Lagomarsino avanzaba en la lectura del fallo que él mismo elaboró con su voto rector al que adhirieron Venerandi y Paolino, Quintero meneaba la cabeza en señal de rechazo. Apenas acabó la lectura, se puso de pie y repitió una y otra vez: “una vergüenza, son una vergüenza, jueces laborales, una vergüenza.”

“Digan la verdad, señora a su hijo lo mató un policía porque le había robado la novia. Todo el mundo lo sabe, digan la verdad, son una vergüenza” repetía, al tiempo que abandonaba la sala y se negaba a firmar el acta de la lectura.

Mientras eso ocurría integrantes de su grupo familiar rompían en llanto. Ya fuera de la sala, la pareja de Quintero vociferaba: “y ahora como le explico a mi hijo, cómo le explico”.

En el interior, Nilda Paletta recibía abrazo tras abrazo y ante los medios presentes manifestó “hay justicia, tiene que haber justicia, no podemos vivir así matando gente por la calle porque si y que nadie haga nada. Agradezco infinitamente a mi abogado el doctor Fernández, las compañeras de Carlitos y principalmente a mi familia, mis hermanos y sobrinos que siempre están”.

Finalmente, con una voz quebrada por la angustia, señaló que “calculo que me siento más aliviada pensando en que si se hizo justicia, que era lo que esperábamos todos. Es muy reciente esto que pasó hoy. Yo tengo atrás a mi familia que sufrió como yo”.

 

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