2018-08-26

Según OMS: Hay altos niveles de resistencia a los antibióticos en todo el mundo

SALUD

Los primeros datos publicados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre la vigilancia de la resistencia a los antibióticos indican que los niveles de resistencia a algunas infecciones bacterianas graves son elevados tanto en los países de ingresos altos como en los de ingresos bajos.

El nuevo Sistema Mundial de Vigilancia de la Resistencia a los Antimicrobianos de la Organización, denominado GLASS por sus siglas en inglés, ha revelado la presencia generalizada de resistencia a los antibióticos en muestras de 500.000 personas de 22 países en las que se sospechaban infecciones bacterianas.

Las bacterias resistentes más frecuentes eran Escherichia coli, Klebsiella pneumoniae, Staphylococcus aureus y Streptococcus pneumoniae, seguidas de Salmonella spp. El Sistema no incluye datos sobre las resistencias de Mycobacterium tuberculosis (el bacilo que causa la tuberculosis), del que la OMS hace un seguimiento desde 1994 y del que publica actualizaciones anuales en su Informe Mundial sobre la Tuberculosis.

En los pacientes en los que se sospechó una infección sanguínea se observó una amplia variación entre países en la proporción de los que presentaban resistencias bacterianas al menos a uno de los antibióticos más utilizados, desde un 0% hasta un 82% la resistencia a la penicilina, el fármaco utilizado durante décadas en todo el mundo para tratar la neumonía, osciló entre un 0% y un 51% en los países estudiados. Además, entre un 8% y un 65% de las muestras de E. coli, una bacteria que causa infecciones de las vías urinarias, presentaba resistencia al ciprofloxacino, un antibiótico utilizado habitualmente para tratar estas infecciones.

El doctor Marc Sprenger, director de la secretaría para la resistencia a los antimicrobianos de la OMS, señala que “el informe confirma la grave situación que representa la resistencia a los antibióticos en todo el mundo”.

El doctor Sprenger explica que “estamos comprobando que algunas de las infecciones más frecuentes y peligrosas son farmaco-resistentes. Lo que resulta más preocupante es que estos patógenos no respetan las fronteras nacionales. Por esta razón, la OMS anima a todos los países a establecer buenos sistemas de vigilancia para detectar la farmaco-resistencia, que pueden proporcionar datos al sistema mundial”.

El Sistema Mundial de Vigilancia de la Resistencia a los Antimicrobianos de la OMS incluye actualmente a 52 países (25 de ingresos altos, 20 de ingresos medianos y siete de ingresos bajos). Para este primer informe, 40 países proporcionaron información sobre sus sistemas nacionales de vigilancia y 22 países facilitaron también datos sobre sus niveles de resistencia a los antibióticos.

La doctora Carmem Pessoa-Silva, coordinadora de este nuevo sistema en la OMS, explica que “el informe es un primer paso fundamental para mejorar nuestro conocimiento del alcance de la resistencia a los antibióticos. Esta vigilancia está todavía en ciernes, pero es indispensable desarrollarla si queremos anticiparnos y atajar una de las mayores amenazas para la salud pública mundial”.

Los datos presentados en este primer informe GLASS varían mucho tanto en calidad como en integralidad. Algunos países encuentran problemas importantes para establecer su sistema nacional de vigilancia, entre ellos la falta de personal, presupuestos e infraestructuras.

Sin embargo, la OMS está ayudando a muchos países a poner en marcha sus sistemas nacionales de vigilancia de la resistencia a los antimicrobianos con el fin de obtener datos útiles y fiables. El Sistema GLASS está colaborando a armonizar la recolección de datos en todos los países con el fin de trazar un panorama más completo sobre los patrones y las tendencias de la resistencia a los antimicrobianos.

Durante muchos años, los sólidos programas de vigilancia de la resistencia a los antimicrobianos para la tuberculosis, la infección por el VIH y el paludismo han ayudado a estimar la morbimortalidad por estas enfermedades, planificar los servicios de diagnóstico y tratamiento, conocer la eficacia de las intervenciones efectuadas y determinar pautas eficaces de tratamiento para frenar las resistencias y evitar que aparezcan en el futuro. Se espera que el sistema GLASS funcione de modo similar para la vigilancia de las bacterias patógenas más habituales.

Establecer un sistema de vigilancia

La necesidad de establecer un sistema mundial de vigilancia se puso de manifiesto en el informe mundial de la OMS sobre la vigilancia de la resistencia a los antimicrobianos de 2014. En octubre de 2015, la OMS puso en marcha el Sistema Mundial de Vigilancia de la Resistencia a los Antimicrobianos, denominado GLASS por sus siglas en inglés.

Para ello, trabajó estrechamente con sus centros colaboradores y con las redes existentes de vigilancia de esta resistencia, y se basó en su propia experiencia con otros programas de vigilancia. Ejemplos de ellos son el sistema de vigilancia de la farmaco-resistencia a los medicamentos antituberculosos, que se viene aplicando en 188 países durante los últimos 24 años, y el sistema de vigilancia de las resistencias a los fármacos utilizados para tratar la infección por el VIH, que se puso en marcha en 2005. En 2017, este sistema había recibido datos sobre pretratamiento y resistencias adquiridas de más de 50 países, utilizando métodos de encuesta normalizados.

Cualquier país puede integrarse en el sistema GLASS, con independencia del grado de desarrollo de su sistema nacional de vigilancia de la resistencia a los antimicrobianos. En cualquier caso, se recomienda a los países que empleen los indicadores y normas de vigilancia gradualmente, teniendo en cuenta los recursos de que disponen y las prioridades nacionales.

Más adelante, se añadirá al sistema GLASS información de otros sistemas de vigilancia relacionados con la resistencia a los antimicrobianos en el ser humano, como los de la cadena alimentaria, el control del consumo de antimicrobianos y los proyectos de vigilancia específica, entre otros. El objetivo es impulsar y reforzar el enfoque multisectorial de “Una salud” para luchar contra la resistencia a los antimicrobianos en el ser humano, los animales, los alimentos y el medio ambiente.

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