2018-05-31

Trece años de prisión por intentar matar a su expareja y a una amiga

Los jueces consideraron que el acusado actuó con una violencia inusitada, con ausencia de piedad y un absoluto desprecio a la vida humana y las normas sociales en un ataque carente de toda justificación. Así, evaluaron justo y razonable imponerle la pena de trece años de prisión por un complejo concurso de delitos que incluyó dos tentativas de homicidio agravadas.

Los jueces Marcelo Barrutia, Gregor Joos y Héctor Leguizamón Pondal escucharon los testimonios que las partes citaron para la etapa de cesura y coincidieron con el alegato de los fiscales Tomás Soto y Martín Lozada, al momento de imponerle una pena de trece años de prisión al Daniel Alejandro Morales Marín.

En forma resumida puede narrarse que el acusado intentó asesinar a su expareja y también a una amiga que la acompañaba con el fin de ocultar los delitos que cometía. Aunque en total le atribuyeron los delitos daño simple, lesiones leves calificadas, amenazas calificadas, privación ilegítima de la libertad, por un hecho que fue nombrado como primero y tentativa de homicidio doblemente agravado, por femicidio y por existir una relación de pareja; tentativa de homicidio agravado por la intención de ocultar otro delito, violación de domicilio y desobediencia a una orden judicial, en un hecho que fue nominado como segundo.

Los hechos investigados ocurrieron en noviembre y diciembre del año pasado. En ambas ocasiones el acusado se presentó en el domicilio de su expareja y cometió severos ataques enmarcados en una clara situación de violencia de género.

El primer hecho ocurrió cuando la víctima estaba en soledad. Allí la retuvo en el interior del domicilio, la obligó a acostarse con él, luego de golpearla y amenazarla de muerte. Tras la denuncia correspondiente de la mujer, el Juzgado de Familia N°9 dispuso una prohibición de acercamiento del sujeto a la víctima y proveyó a ésta de un botón antipánico.

En la madrugada del 31 de diciembre de 2017, el sujeto violó esa orden de restricción, ingresó clandestinamente a la vivienda de la mujer y esperó el momento adecuado para atacarla y a una amiga que la acompañaba.

El acusado montó una escena dantesca y tras una salvaje agresión que ocasionó heridas gravedad a ambas mujeres, fue detenido cuando el personal de la comisaría 28 acudió al lugar, logró derribar la puerta de ingreso al hogar y lo detuvo. Fue la activación del botón antipánico lo que milagrosamente salvó la vida de ambas mujeres.

Durante el ataque el acusado golpeó con una botella de vidrio el cráneo de la amiga de su expareja, propinó alrededor de trece machetazos sobre la cabeza de quien fuera su compañera y destrozó a golpes de hacha la puerta de una habitación en la que se había ocultado una de las víctimas.

Cuando las autoridades llegaron al lugar, uno de los uniformados realizó una filmación casera de la escena, que fue exhibida ayer durante el juicio. La magnitud de las imágenes dejó perplejo a más de uno de los presentes. El acusado estaba tendido en el piso, reducido por los agentes policiales, mientras que las víctimas estaban completamente ensangrentadas, bajo un profundo shock psicológico y prácticamente inmóviles.

“Me cagó la vida”, dijo la mujer que mantuvo una relación de pareja de varios años con Morales Marín. Pero lo tumultuoso de la relación terminó siendo ínfimo ante el desenlace del caso. Lo peor comenzó cuando la mujer tomó la determinación de acabar la relación y denunciar sus padecimientos.

“Todo el tiempo tengo miedo. Ya no soy la misma, me arruinó la vida”, repitió la mujer que se presentó a declarar con un gorro negro de lana para tapar las profundas cicatrices que quedarán indelebles en su cabeza. Aún asiste diariamente a una rehabilitación quinesiológica con el objeto de intentar recuperar el movimiento en una de sus manos, porque uno de los machetazos le dañó severamente un tendón. “Ahora pide disculpas porque está acá. No lo perdono, no le creo”, fustigó.

Su amiga, que se había mudado con ella para acompañarla, relató dramáticamente que en un momento de la agresión se resignó y creyó que iba a morir y sentenció “es horrible vivir con miedo”.

Morales Marín ya había sido declarado responsable de los hechos investigados y en el marco de la audiencia para definir el monto de la pena a imponer, el fiscal Lozada evaluó especialmente la naturaleza de la acción desplegada, los medios empleados para concretarla, la extensión de los daños y el peligro causado, apuntando además que había ignorado las advertencias previas por su inconducta.

El defensor oficial Juan Pablo Laurence, por su parte, señaló que debía evaluarse como atenuante la edad del acusado, el reconocimiento del hecho y su pedido de disculpas, además de varias declaraciones testimoniales en las que se lo señaló como un buen vecino y amigo al que nunca habían visto envuelto en una situación violenta. Solicitó en ese sentido el mínimo de la escala penal, es decir diez años de prisión.

Al finalizar la lectura del fallo unánime de parte del tribunal que impuso trece años de prisión a Morales Marín, los abrazos entre las víctimas y un nutrido grupo de amigos y familiares que las acompañaban se hicieron interminables, al tiempo que se acompañó la salida del acusado con un tibio aplauso de conformidad con la sentencia.

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