2016-01-23

“En mis épocas de máxima mediocridad siempre me recluí en los libros”

- WALTER ARNEODO - Walter Arneodo es un vecino de Bariloche que hace muchos años dedicó su vida a la venta de libros, se lo puede ver detrás de un escritorio en Uppsala, donde pacientemente recomienda a los clientes acerca de un nuevo material impreso o guía a quienes andan por allí en busca de un regalo.

El Cordillerano compartió una charla con él, porque no es un simple vendedor de libros, va mucho más allá, tiene una historia muy rica que cuenta yendo y viniendo a través de los años. Es un hombre cargado de anécdotas y convicciones firmes.

El Cordillerano: -¿Cómo nació la idea de abrir un almacén de libros?

Walter Arneodo: -No recuerdo el año, pero en la época del achique de presupuesto de INVAP, un compañero de trabajo y su esposa, quienes tenían la librería, decidieron volverse a Córdoba y con otro amigo tomamos la posta del comercio.

Walter llegó a Bariloche desde Córdoba para continuar sus estudios de física y luego se radicó definitivamente desempeñándose en el Centro Atómico. Ya era un lector empedernido y lo agotaba la tarea de “acarrear” libros constantemente desde Buenos Aires, quizás esa fue la principal razón de comenzar a venderlos él mismo.

E.C.: -¿Cómo fueron tus primeros años de estudiante en Córdoba?

W.A.: -Eran las épocas de Illia, estaba Boris (un editor argentino, primer gerente general de Eudeba, que bajo su gestión se convirtió en una de las editoriales más importantes de América Latina y del mundo), que vendía libros bellísimos por monedas. Había tres plazas en la ciudad por donde pasaba un colectivo recogiendo a los estudiantes que íbamos al comedor universitario, esos micros estaban en muy mal estado entonces los 1500 alumnos hacíamos largas colas esperando el transporte. En cada una de esas plazas había un kiosco de Eudeba, eran revisteros de chapa, y comprábamos libros para leer mientras esperábamos que nos llevaran al comedor.

Arneodo reconoce que por eso ha sido un gran lector de prólogos, porque no alcanzaba a leer más allá del primer o segundo capítulo cuando llegaba el transporte, y al día siguiente compraba otro libro.

E.C.: -Cuando te hiciste cargo de la librería ¿Qué expectativas tenías?

W.A.: -Quería que fuera como las que yo recorría en Buenos Aires, de saldos. De hecho los mejores locales que hemos tenido han sido los del centro donde poníamos mesas de libros a muy bajo precio, donde podías comprar un libro por menos de lo que te sale un atado de cigarrillos. No quiero competir con El Cordillerano, pero por menos de lo que te sale un diario, también.

La gente igual entraba a pedir best sellers, entonces con su socio comenzaron a traer otra clase de literatura. Walter quiso sumar a eso, el servicio de cafetería, una especie de café literario. Tantos cambios “asustaron” al socio y así fue como quedó solo en el comercio de allí en más. Comenta que “lo más complicado de tener una librería, es sostenerla económicamente. Con el pasar de los años, hasta he tenido que vender campos para pagar el alquiler del local y gastos que se van generando. Bariloche tiene un sistema de alquileres totalmente ilógico”.

E.C.: -¿Es verdad que los libros están muy caros?
W.A.: -Es relativo, porque hay editoriales mafiosas como Planeta que han aumentado un cien por ciento en 11 meses, muy por encima de la inflación, pero cuando comparo el libro con otros productos de consumo diario y necesario, la relación indica que han subido más que los libros.

E.C.: -Entrando al tema político ¿qué opinión te ha dejado el gobierno saliente?

W.A.: -No podés poner en duda la Asignación Universal por Hijo, la jubilación para las amas de casa, hay muchísimas cosas positivas, el problema es que el peronismo en su falta de democracia corrompe cualquier causa noble. Las ideas son maravillosas pero el neofeudalismo que han generado acá en el Alto, gente que no es dueña ni de los dos metros cuadrados donde lo van a enterrar, los trampearon con los subsidios, le anularon la voluntad de trabajo. En lugar de crear fuentes laborales, teniendo los medios para hacerlo, lograron lo contrario. Eva Perón cuando regalaba una máquina de coser a una mujer, en realidad le estaba regalando una fábrica, si lo sabía administrar, le mejoraba la calidad de vida.

Resalta que eso ha continuado dentro del peronismo, la falta de democracia, “Si no lamías las botas no te daban nada, eso siguió pasando hasta diciembre, antes por lo menos en épocas de Perón había una ideología, actualmente el partido carece de ella”. Con respecto a Macri dice que “es un tipo que se inclina hacia el imperio”. “Los argentinos salimos de la sartén para caer en el fuego”.

E.C.: -Fuiste concejal electo durante la intendencia de Atilio Feudal ¿lograste hacer algo de lo pensado al aceptar el cargo?

W.A.: -No. Cuando acepté me parecía que se podían plasmar algunas ideas desde el plano municipal, pero no fue así. Cuando asumí, de vez cuando venía alguno y me pedía que le consiguiera un libre estacionamiento, yo no lo tenía, pagaba mi abono para estacionar mi auto. Actitudes de la gente que jamás comprendí, el favoritismo. No le di puesto de trabajo a ningún familiar ni amigo, estuve en puestos en los cuales podía robar y nunca lo hice. Fui un vecino que trató de hacer algo por sus vecinos, pero no lo logré.

Comenta que él es radical desde sus años en Córdoba, provincia que fue radical gracias a Sabattini, fue el primer político que puso escuelas en zonas rurales, que no jodió a los chacareros, entonces todos se hicieron radicales. Los padres de Walter nunca fueron a la escuela, dedicaron su vida al trabajo de campo, pero él logró tener un doctorado en ciencia. Sin embargo, agrega que no eran ignorantes. En esos tiempos llegaban al país extranjeros, los “linyeras”, venían de otras partes del mundo por desencantos amorosos, en busca de otras libertades, o escapando de algún compromiso, todos con estudios y eran ellos los que instruían a la gente de los campos donde llegaban a radicarse por un tiempo. Quizás sea por eso que la madre de Walter hablaba de muchos lugares y costumbres del mundo, sin haber salido jamás del campo. Sabían lo que no habían podido lograr y querían que lo lograran sus hijos.

Para finalizar Arneodo agrega que “está cansado de una parte de la sociedad barilochense -a los que llama ‘los rubios cabeza’-, que protestan cuando les roba la gente del Alto, pero no se quejan jamás cuando grandes empresas telefónicas o supermercadistas les meten la mano en los bolsillos”.

La generosidad es una de las grandes virtudes de Walter, quien no duda en regalar un libro si ve que no pueden pagarlo, sobre todo, los clientes que conoce de años, que vienen de la Línea Sur, porque valora el hecho de que esos padres también quieren para sus hijos lo que ellos no pudieron tener, quizás, como en su propia niñez.

Comparaciones

Hablando del gobierno de Illia comenta que hay que reconocerle varias cosas, mejoró la educación, la medicina, bajó la deuda pública, “sólo le faltó un sistema de propaganda como el que tienen los infames que se fueron y los ladrones que llegaron después”.

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