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15/09/2026

Fotógrafo de Bariloche presenta sus “poesías visuales” sobre Chiloé

“La tierra del canelo” había salido de imprenta en mayo último. Para Marcelo Nemirovsky llegó el momento de darlo a conocer.
Viejo remate de torre de la capilla Nuestra Señora del Amparo y el de hoy. Matao, julio de 2022
Viejo remate de torre de la capilla Nuestra Señora del Amparo y el de hoy. Matao, julio de 2022

Marcelo Nemirovsky iba de Ancud a Dalcahue cuando El Cordillerano quiso contactarlo para anticipar la inminente presentación de su libro. Es que antes de ponerlo a circular comercialmente e inclusive de avanzar con su distribución, el fotógrafo quiso acercar ejemplares personalmente a los protagonistas de las imágenes que logró: vecinos de Castro, de isla Mechuque, de Chonchi y de otros rincones del archipiélago que se metió en su alma.

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Se trata de “La tierra del canelo. Bitácora desordenada de mis viajes por Chiloé”, casi 130 páginas de fotografías en blanco y negro que el inquieto visitante publicó en mayo último. Puede leerse en su sólida contratapa: “El espíritu de estas fotografías trasciende lo documental; son impresiones íntimas concebidas como poesías visuales que, en lugar de versos, gramática o sintaxis, utilizan la luz, la textura y el silencio como medio comunicador de mi mirada”.

Como desempeñó roles protocolares en la Municipalidad de Bariloche y después en el Instituto Balseiro, el autor es una persona referenciada en esta ciudad, pero más allá de sus desempeños laborales es un experimentado fotógrafo, a tal punto que colaboró en su juventud con publicaciones emblemáticas: Expreso Imaginario o Pan Caliente. Desde que se asentó en Patagonia, su trabajo transitó “desde el fotoperiodismo histórico hasta la investigación visual del territorio”.

En la actualidad, “su búsqueda se centra en la fotografía documental y las nuevas narrativas”. En sus “bitácoras de viaje”, como la que llevó durante décadas al transitar por el archipiélago, Nemirovsky propone precisamente “una poesía visual” en cuyo ámbito, “la luz, la textura y el silencio trascienden el registro documental para captar la esencia de lo invisible”. Hay que admitir que en Chiloé encontró inagotable materia prima.

“Mi primer encuentro con este mundo fue en 1991”, dice el fotógrafo en las breves “Palabras del autor” que funcionan como introducción en el libro. “Desde entonces, cautivado por el embrujo de sus paisajes, su arquitectura pintoresca y la nobleza de su gente, regresé una y otra vez -a menudo varias veces al año-, siempre con mi cámara como fiel testigo”. Tres décadas atrás, la idea de avanzar hacia un libro no estaba en danza.

Los hermanos Milton y Carmencita Vidal en su casa, isla Mechque. Noviembre de 2024.

Sin embargo, “con el correr de los años y la suma de mis viajes, reuní cientos de imágenes que recorren desde los centros urbanos hasta los rincones más remotos y de difícil acceso”. En consecuencia, “este libro es una síntesis de ese extenso cuerpo de obra”. El empujoncito final que ayudó a materializar la publicación corrió por cuenta de Jorge Piccini, también fotógrafo y persistente editor. Fue a través de su sello, Bex Patagonia, que “La tierra del canelo” se hizo elegante volumen.

Vínculo añejo

El lector sabrá disculpar cierta familiaridad, pero Nemirovsky encargó al que firma unas palabras a modo de prólogo y ante la página en blanco, pareció oportuno recordar cierto vínculo que obvió el obstáculo de las grandes montañas durante siglos: “Existe una relación entre Chiloé y el Nahuel Huapi cuyo origen se pierde en los pliegues de la historia. Cuando los primeros soldados españoles se animaron a cruzar la cordillera en dirección al oriente, se aventuraron por senderos que ya estaban trazados por puelches y huilliches”.

Cinco décadas más tarde, “cuando los religiosos hicieron otro tanto en busca de su redención personal y nuevos fieles, se dejaron guiar por recios navegantes que hacían ceremonias para invocar el favor del viento”. Es que “por el esquivo Camino de los Vuriloches o bien por el trabajoso Camino de las Lagunas los dos espacios y las personas que los habitaban se vincularon durante siglos o tal vez milenios. Espontáneamente primero y con intención después, Marcelo Nemirovsky actualizó esa relación”.

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Permítase un párrafo más: “Chiloé seduce como la humedad de sus bosques impregna las fosas nasales y su áspero encanto conmueve sensibilidades. La cultura que se forjó al ritmo de la bajamar sorprende al visitante que proviene de geografías quizá más estables y predecibles, pero también menos mágicas. En las poesías visuales que siguen, Marcelo advirtió qué tan inseparables son las aguas y las maderas, la niebla y las extensiones boscosas que todavía resisten al extractivismo. La melancolía, el tan mentado sincretismo, la arquitectura colonial y el perfume de los alerces”.

“La tierra del canelo. Bitácora desordenada de mis viajes por Chiloé” se presentará el próximo sábado (19 de septiembre) desde las 17 Casa Macacha (Pasaje Gutiérrez 890). Según adelantó el protagonista de la tarde hará las veces de moderador el periodista Marcelo Parra, mientras que el propio Piccini se encargará de proyectar una selección de las fotografías que logró Nemirovsky. Poesías visuales que captan esencias invisibles.

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