Publicidad
 

EL ACTUAL GOBIERNO NO INVENTÓ NADA

|
02/08/2026

En el Nahuel Huapi, la extranjerización de la tierra lleva más de un siglo

Hacia 1910, un viajero que anduvo por aquí y escribió un libro consignó propietarios o concesionarios de múltiples orígenes, menos argentinos
El vapor "Cóndor" en el muelle del hotel Correntoso, 17 años después de pasear a Tusso. Archivo Visual Patagónico.
El vapor "Cóndor" en el muelle del hotel Correntoso, 17 años después de pasear a Tusso. Archivo Visual Patagónico.

Si bien es cierto que la reforma que impulsa el gobierno nacional del presente facilitará el avance de intereses extranjeros sobre jurisdicción argentina, el fenómeno está muy lejos de ser novedoso para el área del Nahuel Huapi y, de hecho, está íntimamente ligado a los orígenes de Bariloche. Tal vez con alguna sorpresa, constató la considerable presencia extranjera en la zona el viajero y escritor Santiago Tusso, quien estuvo de recorrida por aquí en 1910 y dos años después publicó un libro, al que tituló “Viajes por mi tierra”, con un capítulo exclusivo para el gran lago.

Lee también: El proyecto de centro de esquí en el cerro López que nunca prosperó

Transcurría el tercer mes del año. “Sabedor de que al día siguiente el vapor emprendería viaje al puerto Manzano y al de la Rinconada que se hallan al final casi del brazo Nordeste del Nahuel Huapí, pude obtener por medio del obsequioso amigo señor Boos, que me presentara al ingeniero señor Rodolfo Rodríguez, secretario del ingeniero jefe de la comisión de estudio del ferrocarril a Valdivia, el señor Bailey Willis, que se hallaba en el último puesto, y en su busca se fletaba el vapor”.

¿Se entiende? Trabajaba por entonces en el área el célebre geólogo estadounidense, hombre en el terreno del ministro Ezequiel Ramos Mexía. Rodríguez conformaba su equipo, mientras que Carlos Boos, era uno de los ejecutivos de la no menos famosa Compañía de Tierras Chile Argentina, de capital alemanes. “Debo con gusto y agradecimiento manifestar que mi pedido fue acogido con la mejor voluntad y que por tan señalado favor he obtenido el inmenso bien de conocer primero, a estos cumplidos caballeros, que me dispensaron el honor de su amistad y luego el de conocer ese trayecto encantador, que tal vez sólo conocen sus pocos moradores y los prácticos que navegan el lago como las comisiones de límites y de estudio, puesto que no hay línea establecida. El contento mío y la gratitud sólo puedo demostrarlos en estas débiles líneas que trazo con gusto”, retribuyó al viajero.

La isla Victoria vista desde el cerro López. Archivo Visual Patagónico.

Tusso se valió de una embarcación que quedó en la historia. “El viernes 8 de marzo, a las dos p. m., se desprendía del muelle el vapor Cóndor y en tan franca como amable compañía del señor Rodríguez, los más hermosos cuadros se iban a desarrollar ante nuestra vista durante los dos días que duró la excursión y que nunca pensé fuera posible para mí”. Es verdad que disfrutó de un considerable privilegio.

Modus operandi de potencias foráneas

“Con recomendación del capitán (¿alguna de los Márquez?) de seguir a la ida por la derecha del brazo Nordeste y a la vuelta por el de la izquierda, pude así conocer de cerca las costas de las islas y montañas, pasando las primeras islas que son: La Gallina y la Huemul y más adelante La Victoria, luego el Tronador que todo nevado se presenta detrás de la península de San Pedro, oculto en gran parte por las nubes”, describió el viajero.

Nótese su apreciación y la vigencia que tendría en la actualidad. “La isla Victoria, la más grande que hay en el lago, está arrendada por el señor Anchorena por el sencillo plazo de 99 años, como hacen las naciones extranjeras con los territorios que quieren anexarse. Tiene muelle y aserradero importante que trabaja y abastece de maderas y podrá hacerlo también a toda la costa del Atlántico cuando llegue el ferrocarril de San Antonio o de Deseado”.

No muy lejos “se enfrentan las islas Tres Hermanas, cubiertas de árboles en el canal torrentoso y aparece el Peñón a la entrada de otro canal llamado Machete, cuya vista es admirable en todo concepto. Siguiendo el canal se pasa por la península de la Angostura para entrar al hermosísimo puerto Manzano, que es una bahía muy resguardada por los bosques y los vientos, como de regular extensión. Su feliz propietario de 20 años, don Cristian Bock, quien habita ahí desde esa fecha con su familia, tiene una casa con todas las comodidades apetecibles y además un muelle de importancia por el que se embarcan sus productos agrícolas, siendo el principal colono alemán, enriquecido con el fruto de su trabajo perseverante”.

El geólogo estadounidense.

Al parecer, allí pernoctó el excursionista. “A la siguiente mañana se sale de esta hermosa bahía para el puerto Rincón por el mismo brazo, pasando por la hermosa isla Roble y por otras a cuál más pintoresca, ya sea por su verdura como por sus formas. La bahía de la Rinconada o como algunos la designan también por la de Todos los Santos, es pequeña pero muy interesante, dividida en dos porciones su media luna, por un elevado peñón, triste por lo desnudo y algunos árboles secos, mientras los extremos laterales son tupidos y frondosos”.

Observó Tusso que “su playa Norte es tan suave que deleita contemplarla por la sombra que proyecta el bosque lateral. No tiene muelle, por cuanto el pobre colono que la habitó fue desalojado por el afortunado comprador que no la conoce, quien tampoco tiene título y se cree que entrará en el perímetro del parque nacional, por cuanto encierra otra belleza que es una laguna en el interior a 200 metros de la playa y 50 de altura. En esta bahía acampó el jefe de la comisión señor Willis, con su esposa e hija”.

Estadounidenses y franceses

Adviértase la temprana historia de desalojos. Y cabe recordar que el Parque Nacional Nahuel Huapi recién se pondría en funcionamiento 24 años más tarde. “Vueltos por el Noroeste se entra al Huemul, teniendo al frente la península Zorrilla, hoy vendida a varios señores norteamericanos, la que tiene aproximadamente 15 kilómetros de superficie”. Más extranjerización. “Al frente de ésta se halla otra que pertenece a un caballero residente en París, que, si no encierra mayor riqueza forestal, en cambio es infinitamente más pintoresca por sus hermosísimas playas, de sinuosas líneas y poca altura”. Y todavía más.

Desde la orilla de enfrente, avistó Tusso al “cerro grandioso, (el) Catedral, con sus pirámides o torres y cuya altura de 2,350 metros lo destaca de los demás montes”. Este “permite su contemplación, que justifica el nombre que con toda verdad se le ha dado, y de regreso, terminadas mis excursiones posibles, pero admirablemente interesantes por el lago Nahuel Huapí”, el viajero se propuso visitarlo a caballo. Respecto del espejo de agua que bendice a Bariloche, aspiró el visitante a “comprobar o reformar el juicio de su superioridad (en relación con) el de Ginebra y de los Cuatro Cantones, que no sólo hace el sabio doctor (Francisco Pascasio) Moreno, sino también el señor (Clemente) Onelli, director del Jardín Zoológico de Buenos Aires”. Evidentemente, el escritor no conocía Suiza. Contabilice el lector/a que se interese, cuántos propietarios extranjeros advirtió el escritor en su vuelta por el lago…

¿Que opinión tenés sobre esta nota?