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POR AHORA DIGITAL, PERO SE LANZARÁ IMPRESO

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09/06/2026

Libro que se editó en Bariloche reúne imágenes de las despedidas al Indio Solari

Al igual que había hecho con Diego Maradona, Jorge Piccini compiló registros de unos 40 fotógrafos, entre ellos, los barilochenses Pablo Candamil y Facundo Pardo.
La participación de Nazareno Russo. Gentileza: Jorge Piccini.
La participación de Nazareno Russo. Gentileza: Jorge Piccini.

Con velocidad supersónica, desde la mañana del lunes está disponible en su versión digital “Indio eterno. Donde hay dolor habrá canciones”, libro de fotografías que compiló desde Bariloche Jorge Piccini, fotógrafo y editor que ya había hecho otro tanto cuando se produjo el fallecimiento de Diego Maradona. Entre muchos otros, integran la publicación los registros de dos barilochenses: Pablo Candamil y Facundo Pardo. El último es nuestro compañero en El Cordillerano. Al recorrer sus páginas, las emociones no hacen más que estirarse y estirarse.

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En efecto, ya “había hecho uno de Maradona, también colectivo”, concedió Piccini en intercambio con este medio. “Siempre parten de mi admiración y son más que nada, un proyecto personal, un homenaje dentro de mis posibilidades”, resaltó. “Para mí el Indio Solari es parte musical de lo que escuché siempre, como Charly, Spinetta y Serú (Girán). Nunca fui ricotero, pero empecé a escucharlos desde Gulp! y Oktubre”, señaló. Se trata de los dos primeros discos de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.

Uno de los registros de Pablo Candamil en el Centro Cívico de Bariloche. Gentileza Jorge Piccini.

Llamativamente, “le di mucha más bola al Indio solista que a Los Redondos”, compartió el editor, pero “cuando pasan estos acontecimientos, que empiezan a inundar de fotos las redes sociales, me comunico con cada autor que estuvo ahí y le pido las fotos. Se las pido personalmente para que me las manden por mail, no es que las descargo sin pedir autorización”, aclaró. “Constantemente van apareciendo más. Si pusiera todas sería un libro de mil páginas”.

Confió el vecino de Bariloche que “si bien estoy lejos, tengo contacto con muchos fotógrafos y van apareciendo otrxs nuevos, que quizá no son fotógrafos, pero estuvieron ahí y con su celular o con lo que sea, hicieron imágenes increíbles”, reconoció. “Entonces, las recopilo y busco textos que me interesan. Lo hice muy rápido, empecé anoche (por la del domingo), estuve hasta las 2 de la mañana y a las 11 ya estaba publicado”.

Fernando de la Orden captó la magnitud de la despedida. Gentileza Jorge Piccini.

El enlace para acceder está al fin de estas palabras, pero “la idea es hacer en algún momento una publicación impresa, como la de Maradona. Por supuesto, a cada autor se le va a informar si quiere participar y si está de acuerdo por los derechos de imagen. Y se hará una preventa, pero por lo pronto ya está la publicación digital como para salir de las redes, tomarse un tiempo, verlas todas juntas con un poco de edición y ver cuáles quedan bien al lado de otras”.

Para Pablo Candamil “fue muy fuerte esa cobertura porque lo primero que sentí, es que era parte de la historia, de un momento trascendental de la historia argentina y de nuestra argentinidad”, valoró. “Creo que mi registro se quedó con lo que pasó, porque había llanto, personas desconsoladas, sobre todo mujeres. Muy angustiadas, pero eso se mezclaba con alegría”, señaló. “Creo que fue algo agridulce que pasó por todos los estados: euforia, el pogo, la tristeza y mucha gente llorando al entender la pérdida del que se había ido”, resumió.

La tristeza que superó diferencias

En su caso personal, “el Indio me atravesó más desde su pensamiento, desde lo político, desde lo social y su compromiso, que con su música en sí. Si me voy a los 80, yo estaba en el otro bando, en los que éramos de Soda, porque estaba esa rivalidad estúpida de Soda Stéreo y Los Redondos”, recordó. “En lo musical, nunca me sentí atraído por el rock barrial ni me identifiqué musicalmente, porque no era un sonido que me atravesara, aunque era inevitable. La fibra yo la sentía en otras tonalidades musicales”. De hecho, Pablo también es músico.

Aporte de Victoria Gesualdi. Gentileza Jorge Piccini.

Aun con todas esas diferencias, “estaba triste. Fue un día triste para mí porque se iba otro icono, otro grande. Me puso triste no tener al Indio. Cuento una anécdota: cuando sacó su última canción la postee en redes y fue una alegría volver a escucharlo. Me puse feliz por sus fans, porque era lo que hubiera deseado en su momento: escuchar la canción nueva de (Gustavo) Cerati. Cosas que pasan cuando desaparece, entre comillas, una persona tan relevante como el Indio. Fue un acontecimiento social grandísimo que nadie se esperaba”.

El viernes último en el Centro Cívico “puse el foco en todos los lugares del sentimiento: además de la alegría, la tristeza y la euforia, las generaciones. Soy de River, pero una de las fotos que me emociona es la de un pibe, que (con su bandera) decía: Bostero y ricotero como mi papá… Todo lo contrario de lo que me pasó a mí. Yo soy de River, digamos que de Soda Stéreo y mi viejo de San Lorenzo, que escuchaba Los Chalchaleros. Pero me emocionó mucho, me pareció muy lindo encontrarme con esa situación”, resaltó.

Otro momento del Centro Cívico, según Facundo Pardo. 

Nuestro compañero Facundo también atravesó varios estados de ánimo. “Cuando me enteré, primero pasé por la sorpresa y después, tristeza. Me preguntaba cómo podía estar triste por alguien que no conocía, pero pasó algo muy loco. Vino mi madrina a casa y me dice: ¡qué hermosas canciones que tenía el Indio Solari! No lo había escuchado nunca. En la radio de (Carlos) Calvo pasaron toda la mañana sus temas. Era un músico espectacular… Imaginate: mi madrina tiene 80 años y el tipo, después de trascender se hizo de una nueva seguidora. Eso explica un poco lo que logró con su música. Después, salí al patio y en la casa de los vecinos sonaban Los Redondos. La gente lo quería homenajear”, compartió el fotógrafo de El Cordillerano.

Algo muy loco

“Cuando salió la convocatoria de homenajearlo en las plazas del país a determinada hora para cantar sus temas, poguear y compartir la tristeza, no dudé en hacerme presente y a la vez, salió que había que cubrir para el diario”, compartió. “Fui y pasó algo muy loco, porque no fui un ricotero de la primera hora, de adolescente estuve más en el lado del punk rock y otras cosas. Recién de grande pude conocer su música, pero al estar en la plaza con toda la gente, nos juntamos con varios colegas fotógrafos y parecía que todos compartíamos algo sin saberlo”, ilustró.

Qué duda cabe... Aporte de Indira Nieva. Gentileza Jorge Piccini.

Sucedió que “más o menos todos teníamos el mismo sentimiento: se había ido una persona muy querida, alguien que había marcado la adolescencia de muchos. Cada uno de mis compañeros tenía un recuerdo, aunque la mayoría no lo había visto en vivo. Se dio algo muy loco, porque había un sentimiento de tristeza, pero también de alegría al cantar los temas. Bajábamos y subíamos en los sentimientos”.

Después, “pasamos a ser parte de lo que pasaba en la plaza y dejamos de pensar en cubrir. Cuando se va alguien que quiere el pueblo, que llegó al corazón de un pibe de barrio con una palabra, ya está, listo. Ahí te das cuenta cómo era él como artista y como músico. Logró el amor del pueblo, que es recontra jodido de conseguir. Pasó con muy pocos en el país”, reconoció Facundo. Ninguno tuvo tan rápido un libro que alimenta el mito recién nacido: “Indio eterno”.

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