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25/01/2026

¿Cómo tratar médicamente a un adolescente?

Altamente reconocida en Bariloche por su labor dedicada a esa etapa de la vida, Mercedes García Garegnani repasa diversos temas.
Una médica que pone el alma en lo que hace (fotos: Facundo Pardo).
Una médica que pone el alma en lo que hace (fotos: Facundo Pardo).

“Soy la doctora Mercedes García Garegnani, médica de la UBA (Universidad de Buenos Aires), de donde egresé el 23 de diciembre de 1983”, se presenta.

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La profesional es especialista en tratar adolescentes.

A la hora de buscar un porqué acerca de la elección de esa especialización, bucea en su mente y da con un episodio que la marcó particularmente.

Cuando era estudiante avanzada de Medicina, Mercedes, oriunda de Ramos Mejía, hacía prácticas en un hospital de la provincia de Buenos Aires, y un domingo, durante una guardia, acompañando a un médico, vio ingresar a un chico de unos quince años, de gran tamaño, que llegaba porque le dolía la panza. “Tenía apendicitis, y fue a quirófano. Se trataba de algo sencillo, porque era un muchacho que estaba bien, pero ese día había un anestesista nuevo, joven, y no supo medir la proporción de anestesia para el muchacho”, rememora.

“Lo observó grande, pero era inmaduro, y casi se ‘quedó’ durante la operación por exceso de anestesia”, relata, y los ojos se le humedecen ante la evocación.

“El cirujano, que sabía de anestesia, lo sacó a flote… Pero fue algo terrible. Ahí vi que un adolescente no es un chiquito grande pero tampoco alguien ya grande”, dice, y reconoce: “Al recordarlo, me late el corazón con angustia”.

Luego, durante la residencia, conoció a médicas especialistas en adolescentes del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez, y así definió cuál sería su camino en el sendero de la medicina.

En cualquier caso, aclara que dedicarse a la adolescencia es, también, tener en cuenta un todo que abarca la familia del joven, el entorno, la escuela, las actividades… “Hay que contar con una mirada amplia”, apunta.

Mercedes, dedicada enteramente a la adolescencia.

ETAPAS

“La adolescencia la dividimos en tres etapas”, explica Mercedes.

Así, menciona en primer lugar a “la adolescencia temprana, desde los once a los quince, donde varones y mujeres tienen muchos cambios”.

“Luego está la media, a partir de los quince a los dieciocho o diecinueve, donde suelen venir por temas relacionados con la alimentación, el deporte y la escuela, por los certificados”, indica, añadiendo: “En esa etapa etaria, también tratamos el tema de la anticoncepción”.

“Después de los diecinueve, puede ser incluso hasta los veinticinco, porque se encariñan y siguen viniendo, surgen otros temas. Es decir, se vuelve a lo de la anticoncepción y está lo de la alimentación, pero puede aparecer la cuestión de la violencia, ya sea en los noviazgos, en lo laboral o en el ámbito del estudio”, expresa.

En tal sentido, aclara que, mayormente, los jóvenes no manifiestan el tema de manera explícita. “Vienen, por ejemplo, con un dolor de cabeza, de panza, en una articulación… Hay que investigar cuándo apareció y la razón, y a veces aparecen situaciones que llegan por la tensión, la violencia”, advierte, añadiendo: “Entonces, no es un analgésico lo que hay que dar, sino brindar oídos”.

De tal manera, sintetiza: “Los diagnósticos, muchas veces, se relacionan con angustias y tensiones que manifiestan a través de un dolor”.

En cuanto a ese estiramiento de la adolescencia —más allá de consideraciones que apuntan a su fin a los diecinueve o los veintiún años—, con opiniones que hablan de que se extiende hasta alrededor de los veinticinco, explica que se vincula, sobre todo, a consideraciones de psicólogos y psiquiatras, teniendo en cuenta especialmente la cuestión de la moderación psicológica y psiquiátrica (concepto que refiere al equilibrio y la regulación de comportamientos, emociones y pensamientos), en concordancia con el hecho de que, por ejemplo, un uso de sustancias nocivas, a esa edad, puede producir alteraciones en un cerebro que sigue madurando.

 

HABLAR CON ADOLESCENTES

—¿Es difícil hablar con adolescentes?

—Depende de varios factores. Si los traen o vienen por su cuenta… Si llegan solos, a veces son directos, pero en otras ocasiones son vuelteros y te dicen que no saben por qué vienen, por ejemplo. Está, también, nuestra habilidad para preguntar, la experiencia. En el último tiempo ha pasado que llegan y, quizá, dicen que tienen determinado síndrome, y cuando pregunto quién les dijo eso, contestan que lo buscaron en internet…

 —¿Se aprecia mucho eso de que se diagnostiquen por páginas web?

—Se vio sobre todo en 2022, después de la pandemia. Como mucha gente no había podido salir a consultar, averiguaba por ese medio.

—A través de los años, ¿tuvo que modificar el modo de hablar con los pacientes? ¿La manera de acercarse por parte de ellos varió? Porque, culturalmente, se produjeron muchos cambios.

—Hay que adaptarse a los momentos… En cada etapa ha habido algo para diferenciar. Particularmente, me llamó la atención el período dark; me quedó un dejo de tristeza.

—¿Les veía una carga de angustia?

—Sí. Al acercarme y revisarlos para, por ejemplo, observar la agudeza visual, en los ojos notaba tristeza, o demasiada tensión.

 

ALIMENTACIÓN

“El problema alimentario se ve en todos los niveles sociales, y las carencias afectivas también”, asegura Mercedes.

“Un chico puede comer más tortas fritas, y otro, comida chatarra; ambos están mal alimentados”, aprecia.

Recuerda, como algo positivo, un trabajo que realizó junto a nutricionistas y docentes, que se implementó en algunas escuelas, como la 71 y la 266, con los denominados kioscos saludables. “Para reunir dinero, se ponía un kiosco, y en lugar de vender chatarra, había cosas saludables. Así, por ejemplo, los chicos consumían fruta”, dice.

Por otra parte, señala que, en cuanto a lo dulce, “es mejor bajar la cantidad de azúcar y no usar edulcorantes, que son químicos; no es bueno poner eso en un intestino que está madurando”.

Mercedes, que llegó a la ciudad a fines del siglo XX, cuenta que, desde su arribo, ha observado cómo aumentó el sobrepeso en los jóvenes. “No es por el nivel socioeconómico, sino por los cambios de hábitos alimentarios”, aclara nuevamente.

Asimismo, remarca que “el sedentarismo aumentó mucho durante la pandemia, junto al uso de pantallas”.

Además, resalta que los adolescentes “comen fuera de horario y de contexto”.

“Una de las cosas importantes de la vida es el encuentro familiar, preparar y servir la mesa, compartir un momento, comer saboreando… En cambio, ahora se come mirando la pantalla”, se lamenta.

 

TATUAJES Y PIERCINGS

“Personalmente, me pone mal ver tantos tatuajes, porque hacen daño a la piel”, señala Mercedes, al referirse al aumento que a lo largo de los años se ha producido en ese tema.

“La piel es nuestro órgano más grande”, explica, para sumar: “Nos protege del interior y del exterior, y además nos facilita adaptarnos a distintas cosas”.

“Por eso yo pido que, por favor, si se los hacen, que sean pocos”, apunta.

“Otro tema parecido es el de los piercings. Se los ponen en lugares que llaman la atención, porque son dolorosos, como la lengua y los genitales”, manifiesta.

“En la vida cotidiana, eso es un cuerpo extraño. Por ejemplo, aprendí que los piercings de lengua producen alteraciones y caries en los dientes de adelante”, indica.

 

A TRAVÉS DEL TIEMPO

Desde que en 1999 llegó a Bariloche en busca de una mejor calidad de vida —dejando atrás la violencia que en Buenos Aires iba en aumento—, y hasta fines de 2022, Mercedes estuvo en el Hospital Zonal "Dr. Ramón Carrillo", donde consiguió, junto a otros profesionales, como la doctora Silvina Pefaure, llevar adelante un consultorio específico para adolescentes.

El sello del Hospital Zonal del lado del corazón.

En la actualidad, se desenvuelve en el ámbito privado.

Una de sus mayores satisfacciones es ver cómo alguien que, de adolescente, acudió a algunos de los talleres que brindó, o bien se atendió con ella, lleva a un hermano o a un hijo para que también lo atienda. “Eso me da alegría; de algún modo, es una forma de medir lo que uno hace”, sonríe Mercedes, quien, al despedirse, recuerda que la especialidad en medicina para adolescentes se denomina hebiatría. Es decir, ella es médica hebiatra… Y ama lo que hace.

La satisfacción de hacer lo que se ama.

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