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EL GOBIERNO DE MILEI INSULTA HISTORIADORES

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15/07/2025

La ofensiva contra Camila Perochena y Gabriel Di Meglio vista desde Bariloche

Walter Delrio es doctor en Historia con desempeño en esta ciudad. “El agravio y la agresión siempre demuestran debilidad”, sostuvo a instancias de El Cordillerano.
Camila Perochena y Gabriel Di Meglio, en el ojo de la tormenta oficialista.
Camila Perochena y Gabriel Di Meglio, en el ojo de la tormenta oficialista.

En la última semana presidente incluido, el gobierno nacional arremetió contra dos historiadores de diversa formación y trayectoria, con descalificaciones que no se condicen con la investidura presidencial. Después de una polémica televisiva en la que la historiadora rebatió exitosamente argumentos de uno de sus funcionarios, Javier Milei tildó de “patética” a Camila Perochena, profesora e investigadora en la Universidad Torcuato Di Tella, donde se desempeña después doctorarse en la Universidad de Buenos Aires.

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La que “tiene la cabeza llena de parásitos” según el mandatario, es habitual fuente de consulta de La Nación, un medio que tiene poco de “nacional y popular”. En forma casi simultánea, el Poder Ejecutivo removió de su cargo en el Museo Histórico Nacional a Gabriel Di Meglio, cuando quedaban pocos días para que finalizara su gestión. Voces de distintas proveniencias ideológicas repudiaron la determinación y elogiaron el desempeño del historiador al frente de la institución, que precisamente, padece un peligroso desfinanciamiento.

Historiadores de Bariloche no son ajenos a tanta hostilidad desmesurada. Para contextualizar los agravios y adentrarse en cuestiones conexas, El Cordillerano consultó a Walter Delrio, doctor en Historia, investigador y actual director del Instituto de Investigaciones en Procesos de Cambio y Diversidad Cultural (IIDyPCa), un espacio que sostienen en conjunto el CONICET y la Universidad Nacional de Río Negro (UNRN) en esta ciudad.

El Cordillerano: en los últimos días, el gobierno nacional presidente inclusive, atacó a dos historiadores, al menos uno de ellos de considerable trascendencia fuera del ámbito académico. ¿A qué te parece que obedece tamaña ofensiva?

Walter Delrio: el tono y la intensidad que dan el presidente y su entorno comunicacional cada vez que intervienen, responden o argumentan sus posiciones son, la mayoría de las veces, desmedidos.  Especialmente insulta, procura ofender y deslegitimar a quienes han opinado distinto, particularmente si se trata de una mujer. El agravio y la agresión siempre demuestran debilidad. Tomando el caso del presidente, es evidente que la opinión que alguien ha dado le ha molestado y sale, no a confrontar y debatir sino a descalificar y ofender, precisamente porque siente que sus argumentos no alcanzan a responder y no tienen la fuerza necesaria.

Es también una marca registrada de este estilo de comunicación, que niega el debate y el diálogo democrático, el utilizar la palabra FIN, generalmente en mayúsculas, para, supuestamente dar por terminada la discusión. ¿En serio creen que así se cierra un debate? Es lo más parecido al “a mí me rebota y a vos te explota”, “corto mano corto fierro que te vayas al infierno”, que usaba mi generación en la infancia. Bueno, quizá sea lo que proponen en su libre interpretación de las fuerzas del cielo, porque obviamente no hay debate en el cielo y lo que no viene de allí, viene obviamente del infierno.

Todo esto no es menor, estamos hablando del estilo de comunicación de la Presidencia, de sus voceros, que no dudan en insultar a una historiadora, a su propia vicepresidenta, a encarcelar como terroristas a quienes se manifiestan públicamente y a cualquiera que asome la cabeza con opiniones diferentes en los medios de comunicación.

Walter Delrio.

EC: periódicamente, Milei y sus funcionarios hacen referencia a la historia para revindicar trayectorias como las de Domingo Sarmiento, Julio Roca, la Argentina del Centenario o la de Menem. Están en su derecho, pero ¿son exactas sus apreciaciones?

Delrio: existen debates históricos sobre personajes como Sarmiento, Rosas, Roca y Alberdi, sobre sus ideas y acciones políticas. Por supuesto, siempre los ha habido y los seguirá habiendo, de eso se trata nuestra disciplina. Pero la Historia es una disciplina científica, se necesitan documentos y pruebas para analizar procesos históricos. No se trabaja sobre la nada o la simpatía que a priori que nos generan las ideas de una persona del pasado. La historia no es un culto que se practica hacia una doctrina o héroe iluminado. Está muy bien y es necesario tener una ideología, el presidente claramente tiene una y la sostiene, pero no puede pretender que todos tengamos la misma y mucho menos que dejemos de escribir y producir científicamente porque llegamos a conclusiones diferentes.

El año pasado hubo un manifiesto de historiadoras e historiadores de todo el país, señalando la agresión permanente que el presidente viene realizando al trabajo científico en Argentina. Sus intervenciones han repetido de forma sistemática datos falsos y errores de interpretación de variables para acomodar el pasado a su ideología en temáticas que incluso ya no representan tema de debate. Brevemente, ningún historiador plantea que la Argentina pueda considerarse una de las potencias mundiales a principios del siglo XX tomando como dato el número de exportaciones agropecuarias. Un ejemplo: la producción de hierro en China superó por mucho a la del Reino Unido hacia fines del siglo XVIII, pero la revolución industrial se daba en ese momento en las islas británicas y menos de un siglo después los británicos obligaron por la fuerza a China a someterse al mercado internacional, que tenía como capital de los negocios a Londres.

EC: ¿de qué manera se puede incidir en el debate desde el noroeste patagónico?

Delrio: Sería muy interesante que un presidente y los dirigentes políticos propusieran debates históricos, porque cuando los hubo y fueron democráticos hemos mejorado como sociedad. Se discutió, en especial aquí en el norte de la Patagonia, el intento de celebración del quinto centenario del viaje de Colón y estos procesos dejan huella. Por más que lo intenten algunos, no se puede volver a la simple celebración de la “raza”. La sociedad cambia y crece con el debate. No es lo mismo que las mujeres se hayan manifestado y ganado las calles, que haya marchas del orgullo o que cada sector social haya logrado visibilizar sus demandas y derechos.

EC: ¿qué sentido tuvo apurar la salida de Di Meglio del MHN, cuando faltaban unos pocos días para que cesara en sus funciones?

Delrio: Di Meglio ha cambiado al MHN, su gestión ha incluido la historia regional a la mirada porteño-céntrica que hasta entonces tenía. Ha popularizado sus actividades, ha convocado a que la sociedad visite el museo y lo sienta más cercano, ya que cuenta una historia con la cual se puede identificar. Convocó a colegas al debate e incorporó ese diálogo democrático entre investigadoras e investigadores que opinan distinto, a las actividades del Museo.

Precisamente eso es lo que molesta a este gobierno que busca imponer sus ideas como las únicas posibles, considerando a todo lo demás como comunismo o terrorismo. Poniéndole a cada intervención sobre el debate democrático la palabra FIN.

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