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SE VALÍAN DEL GUANACO PARA CONFECCIONAR PRENDAS O BOLSAS

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22/02/2025

Cinco siglos atrás vivían en isla Victoria consumados artesanos del cuero

Algunas de las técnicas de costura se utilizan todavía en la actualidad.
Costuras tan firmes que sobrevivieron 500 años. Gentileza Maximiliano Lezcano.
Costuras tan firmes que sobrevivieron 500 años. Gentileza Maximiliano Lezcano.

Excepcionales condiciones de conservación permitieron que arqueólogos avanzaran en la investigación a partir de fragmentos. 

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Aproximadamente 500 años atrás, vivían en la isla que hoy llamamos Victoria un conjunto de consumados artesanos que trabajaron con maestría sobre cueros de guanaco. Las excepcionales condiciones de conservación del sitio que estudiaron los arqueólogos permiten analizar pequeños fragmentos de prendas que sorprenden por la calidad de sus costuras, entre otras características que llaman la atención.

Si bien el lugar fue descubierto hace 40 años, los trabajos sobre los restos que allí se encontraron son más recientes. “Es uno de los sitios que excavó Adam Hajduk en la década del 80, esos materiales fueron analizados en el IIDyPCa (CONICET) y en dependencias del Centro Atómico Bariloche. Ahora se encuentran en las reservas técnicas del Museo de la Patagonia”, le dijo a El Cordillerano Maximiliano Lezcano, historiador y coautor de un texto que da cuenta de avances en la investigación.

Nuestro interlocutor tiene experiencia en arqueología y se desempeña precisamente en el Instituto de Investigaciones en Diversidad Cultural y Procesos de Cambio (IIDyPCa). “Armamos un equipo de trabajo para hacer un análisis preliminar de sus materiales y el texto se publicó en 2023”, amplió. Se titula “Procesos de manufactura e identificación taxonómica de pieles en Norpatagonia argentina (Parque Nacional Nahuel Huapi)”. Data su terminología más bien técnica, el que firma prefirió intercambiar algunas palabras con el especialista. Del análisis también participaron Emmanuel Vargas (por entonces en IIDyPCa), el propio Hajduk, Simón Claramonte (Centro Atómico) y Federico Scartascini (IIDyPCa)

“En este caso nos dedicamos a los fragmentos de pieles de animales procesadas por las personas en forma de curtido, con pintura y cosidas”, describió Lezcano. “Es un tipo de material muy escaso. Este sitio es especialmente propicio porque es muy seco pese a estar en el bosque. Pudimos llevar estos materiales al Laboratorio de Microscopía Electrónica del Centro Atómico y analizarlos, cosa que fue muy importante”, resaltó.

El isleño “es uno de los sitios importantes de Bariloche. El cuero es uno de los materiales más perecibles, con sus pelos y tejidos. Tienen mucha menos visibilidad en los sitios arqueológicos que materiales como el hueso, la piedra o la talla lítica y la cerámica”, estableció Lezcano. “En toda Patagonia hay muy pocos sitios que tengan esta conservación excepcional y permite el estudio de una dimensión material de los pueblos de Patagonia que es casi desconocida”, destacó.

Investigadores en plena faena. Gentileza Maximiliano Lezcano.

Concretamente, “se trata de restos de pieles con pelo y eso es importante porque a partir del pelo se puede identificar la especie animal, entonces llevamos muestras con un protocolo de extracción y en el Centro Atómico con el microscopio electrónico pudimos ver las partes externas, porque cada especie tiene su propio diseño de escamas, como si fuera una huella digital… En otro laboratorio pudimos trabajar con un microscopio óptico con el cual pudimos ver el interior de estos pelos, entonces, pudimos identificar guanaco y también un mustélido, familia a la cual pertenecen los zorrinos o los hurones”, detalló el investigador.

Vestimentas o bolsas

A continuación, “hacemos un trabajo de análisis de la parte de manufactura, que es lo más interesante y prueban que estas piezas fueron parte de algún tipo de vestimenta, de prenda o de bolsa”, destacó. “Las personas que habitaron el sitio los dejaron ahí como deshecho o restos. Son fragmentos pequeños: hablamos de 3 a 10 centímetros y en un caso, hay uno más grande de unos 20 centímetros”.

El lugar en cuestión “es un alero, es decir, algo menos que una cueva. Tiene una profundidad menor, pero protege de las inclemencias del tiempo y, además, está dentro de un bosque de ciprés y coihue. Se conformó una conjunción muy especial porque al sitio entra muy poca humedad, lo que lo convierte en prácticamente único de la zona cordillerana. Se han conservado cosas muy sensibles como hojitas, restos de cestería, fecas humanas y de animales. También hay unos pozos cavados antiguamente llenos de material”, destacó.

Para avanzar con las precisiones, “tomamos en cuenta el aspecto de la piel, que puede ser cruda, dura y reseca o una piel sobada y comparamos con otros sitios de Patagonia. Entonces, cuando analizamos la superficie del cuero detectamos indicios de manejo, procesamiento o alguna forma de sobado que ablandó el cuero. Lo adelgazó, porque hay cueros muy delgados y en otros casos, depilado”, añadió.

En efecto, “se nota que han rasurado el pelo y algo muy interesante es el análogo comparativo que tenemos con las crónicas de los viajeros (del siglo XIX). Esa búsqueda nos permite entender un poco más y pasar a ejemplos actuales de procesamiento del cuero, incluso con el textil, porque hay costura y eso se replica en la actualidad. También está el registro de etnógrafos que hablaron con gente mayor en la década del 40 y 50 y ellos cuentan cosas interesantes”.

Entre los hallazgos “hay cordeles torcidos en S y otros en Z, cuestiones de la costura que pudimos identificar. De hecho, la técnica de las pieles arqueológicas es la que actualmente se conoce como puntada en diagonal, que se usa para la unión de dos paños, dos pieles o refuerzo de bordes. Se llama en soguería costura de borde o de envoltura”, enseñó el investigador. En tanto, en costura propiamente dicha se denomina “sobrehilado”.

Los puelches cosían. Gentileza Maximiliano Lezcano.

Los restos bajo análisis “muestran una dimensión de la cultura material y de los bienes de los pueblos originarios que habitaron en el Nahuel Huapi. Aportan a un conocimiento particular de los habitantes de la isla, porque evidentemente, para acceder hay que hacerlo embarcado”, advirtió Lezcano. “Tenemos registros de unos dos mil años para atrás de que usaban embarcaciones, entonces estamos hablando de habitantes del lago que aparecen en las fuentes desde (Jerónimo) Cabrera hasta (Nicolás) Mascardi o (Francisco) Menéndez como puelches del Nahuel Huapi, diferentes de los poyas. Los primeros, habituados al uso de canoas”.

Sobados manualmente

En definitiva, se trata de “materiales que aportan datos muy valiosos sobre este grupo, tan esquivo y propio de la zona de Bariloche. Al hacer un estudio profundo de la manufactura podemos ver qué tipo de método usaban para coser y qué tipo de preparación de las pieles. Lo más probable es que hayan sido sobados manualmente, ablandados con agua o algún curtiente natural para hacerlos más suaves”, ilustró.

Estamos en presencia de auténticos maestros. “Las costuras están hechas con fibras de tendón y en un caso, con pelo, lo que es muy llamativo. Hay hilos de hasta seis cabos. Hay cosas que están muy detalladas en las crónicas, de (George) Musters, por ejemplo, que ahora las vemos en estos materiales a través del trabajo arqueológico. Fue muy lindo poder asociar el registro escrito con el material”.

A partir de esa y otras fuentes “pudimos identificar el uso del tendón, de pelo y también, nudos y recortes. En la cara externa del cuero, la que lleva el pelo, vamos identificando por tramo cada costura y vemos qué distancia hay entre los orificios, lo que da una dimensión del trabajo fino que han hecho y es maravilloso, muy elaborado”, ponderó. “Hay otras que son más sencillas, como más rápidas, que están sobre fragmentos donde hay roturas, es decir son costuras de reparación, distintas a las de elaboración, que son muy, muy prolijas y apretadas”, insistió Lezcano.

El estudio es bastante más amplio y si se nos permite el juego, queda mucha tela (cuero) para cortar, pero retengamos que estamos frente a “detalles que nos permiten entrar en la intimidad de ese artesano o artesana que cosió estos restos. Es la misma lógica de costura que se utiliza hoy, pero en restos que pueden tener 500 años de antigüedad, lo que nos da una profundidad temporal de la manufactura que se repite muy claramente en las crónicas del siglo XIX. Entonces, puede verse una continuidad que nos habla de las técnicas que tenía esta gente”. Los cada vez más cognoscibles puelches del Nahuel Huapi.

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