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EN COSTAS DEL NAHUEL HUAPI SE HICIERON NOTABLES HALLAZGOS ARQUEOLÓGICOS

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01/12/2024

Cuando playa Bonita albergaba antiguas canoas antes que despreocupados bañistas

El gran wampo que está en el museo de Villa La Angostura.
El gran wampo que está en el museo de Villa La Angostura.

Hace milenios, surcaban las aguas del lago embarcaciones de “un solo palo” o monóxilas, hecho que confirma el carácter navegante de los antiguos moradores de estas latitudes.

A juzgar por los pronósticos del clima para los próximos días, todavía falta para que playa Bonita se llene de gente en búsqueda de solearse o de un breve chapuzón en las siempre frescas aguas del lago, pero cuando llegue el momento, propóngase un ejercicio: imagínese en la orilla decenas de antiquísimas canoas de madera a la espera de sus navegantes y tal vez, otras tantas en plena navegación, en dirección a costas cercanas. Habrá un considerable sustento histórico detrás del ejercicio de la imaginación.

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Transcurría el siglo XVII cuando Diego de Rosales incluyó en su “Historia general del Reyno de Chile” varios párrafos sobre el pasado remoto de la región que desde 1902 cobija a San Carlos de Bariloche. El jesuita escribió que “la famosa laguna” del Nahuel Huapi contenía “en su ámbito muchas islas habitadas de indios rebeldes”. Se refería a los que llamados puelches, cuyo carácter isleño debía significar que, necesariamente, eran navegantes.

En forma contemporánea, investigaciones arqueológicas detectan actividad humana en la isla Victoria a la que dataron en dos mil años antes del presente, a través de fechados con radiocarbono. Quiere decir que las aguas del lago ya se dejaban navegar cuando el imperio romano todavía no podía conquistar a la provincia que luego llamó Hispania. Coincidentemente, desde 1978 hasta 2000 se encontraron varias canoas monóxilas o de “un palo” en las playas hoy barilochenses.

Hallazgos similares se producen también en los lagos Verde (Chubut) y Lácar (Neuquén). Aquí, un equipo que encabezaron un arqueólogo y un buzo rescató un wampo en el área de playa Bonita, a unos 7 kilómetros del centro. Según el investigador Jorge Fernández, su hallazgo fue objeto de varias críticas por parte de “los especialistas, ya que por la época a que nos referimos no existían evidencias de que en la región lacustre del Noroeste de la Patagonia hubieran habitado pueblos prehistóricos o protohistóricos navegantes” .

Indirectamente, la aseveración demuestra los límites que hasta no hace mucho cercaban el conocimiento sobre los puelches del Nahuel Huapi y su indubitable relación con las parcialidades mapuches del occidente cordillerano. El wampo de Playa Bonita se construyó a partir de un coihue, con algo menos de 5 metros de eslora. Uno mayor se ubicó en el lago Correntoso gracias al trabajo del mismo investigador, con una longitud de 6,5 metros.

Canoas de membrillo

Fernández continuó con sus investigaciones hasta 2000 y por entonces contabilizaba los hallazgos de 15 embarcaciones antiguas, aunque tenía noticias de otras cinco. “Tanto cuantitativa como cualitativamente el tamaño y calidad de la muestra parecen suficientes como para convencernos de que no enfrentamos una circunstancia casual, sino que nos hallamos ante la comprobación -a través de sus restos arqueológicos- de un arte de navegar aborigen, indudablemente primitivo y antiguo”, concluye Fernández.

Los wampo que están en el museo de sitio de isla Victoria.

Para el investigador, la construcción de “canoas de palo” recién se debió abandonar cuando se instalaron los primeros establecimientos madereros en las costas del Nahuel Huapi hacia 1890. Más recientemente, las antropólogas Romina Braicovich (Villa La Angostura) y Soledad Caracotche (Bariloche) afirmaron que, entre los registros arqueológicos indirectos, las crónicas que dejaron los españoles desde 1620 en adelante y los hallazgos de canoas de palo, se puede dar por probar la condición navegante de los puelches y sus antepasados.

Las investigadoras suponen que deben existir más wampo semienterrados en las orillas de los lagos o bien al abrigo de las espesuras boscosas. En sus especulaciones, les llama la atención que los testimonios de los jesuitas que quisieron misionar en estas latitudes se refirieron más a las dalcas ya las canoas de corteza que a las de palo, cuando el registro arqueológico marcha en sentido contrario.

Esa discordancia puede deberse a que los wampo no se utilizaran ampliamente en los momentos en que se producen las visitas religiosas o bien, a que los sacerdotes no concedieran importancia a describir los medios de navegación. Hay que recordar que la presencia de los jesuitas en el Nahuel Huapi fue discontinua y que se estiró por un lapso de apenas 50 años desde 1670.

Contemporáneas

“Podemos pensar, por ejemplo, que si la dalca permitía ser desarmada y ser porteada en los caminos de tierra, es presumible creer que sería la embarcación elegida para realizar viajes más largos, antes que una canoa monóxila. Esto se puede plantear si se cree que dalca y canoa monóxila ​​existieron en la misma época”, conjeturan Braicovich y Caracotche. El aporte de Rosales refuerza esa hipótesis.

El sacerdote llamó piragua a una de las embarcaciones de las que se valieron los habitantes ancestrales del lago. Era la de uso corriente en el área de Chiloé y según su minuciosa descripción, se confeccionaba con tres tablas que se cosían después de cortar tres tablones de largo variable. La proa y la popa se lograban a través de la utilización del fuego y unas estacas, al igual que la quilla.

Después de ese trabajoso proceso, aquellos navegantes lograron “un barco largo y angosto”, al que inclusive se calafateaba con materias primas que brindaba el bosque. Podían transportar hasta 200 quintales de carga (9.200 kilos) con un timonel y entre ocho y diez remeros e inclusive, valerse de una vela cuando la tripulación advertía viento favorable. Textualmente, Rosales escribió: “De estas piraguas usan también los indios pegüenches, que habitan junto a la famosa laguna de Naguelguapi y otros que confinan con Chiloé”. En esas playas hoy más bien balnearias o de atractivos paisajísticos, hay mucha, pero muchísima historia.

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