EL PUENTE SOBRE EL LIMAY NO SIEMPRE ESTUVO ALLÍ

| 04/02/2024

¿Cuándo empezó a funcionar la línea de automóviles Bariloche-Neuquén?

¿Cuándo empezó a funcionar la línea de automóviles Bariloche-Neuquén?
Inauguración del puente sobre el Limay, del lado neuquino. Foto Enrique Lunde (1936) en Archivo Visual Patagónico.
Inauguración del puente sobre el Limay, del lado neuquino. Foto Enrique Lunde (1936) en Archivo Visual Patagónico.

Aunque hoy sea objeto de prédica despectiva, fue el Estado el que decidió la llegada de transporte carretero a orillas del Nahuel Huapi. ¡Cuatro frecuencias mensuales!

A pesar del desprestigio que tiende sobre el funcionamiento del sector público el actual Gobierno nacional, fue decisión estatal vincular mediante un servicio regular de automotores San Carlos de Bariloche con Neuquén allá por 1913. Antes de esa fecha, llegar a la creciente población tenía que ver bastante con la aventura y solo era posible para sectores muy pudientes. Dos años después, la iniciativa privada siguió el rumbo abierto por el Estado.

En efecto, “en 1913 se inauguró el camino para automóviles a San Carlos de Bariloche y se inició un servicio oficial de transportes promovido por el gobernador del Territorio de Neuquén, Eduardo Elordi. Los vehículos transportaban hasta cinco pasajeros y 30 kilos de carga cada uno. Además, llevaban latas de nafta y aceite para el recorrido y el correo. El servicio se cumplía cuatro veces por mes durante el verano y tres en invierno”.

La descripción puede leerse en “Estado, frontera y turismo. Historia de San Carlos de Bariloche” (Prometeo Libros-2010), de la historiadora barilochense Laura Méndez. Si cruzamos su información con la que brindó en 1916 Ada María Elflein, el recorrido no seguía la traza actual de la Ruta Nacional 237, sino la 23 del presente hasta Comallo y desde allí hacia el norte por la Provincial 67 de nuestros días. El cruce del Limay se practicaba a la altura de Plottier.

Como decíamos, el sector privado demoró dos años en establecer otro servicio. “A partir de 1915 pasaba por Pilcaniyeu el auto de La Veloz, primera línea de transporte automotor particular entre Bariloche y Neuquén. El tránsito intenso -de hasta diez vehículos por vez- hizo que se gestionara ante la Dirección de Territorios el establecimiento de un depósito de latas de nafta en 1917”, añade la investigación de Méndez. Por entonces, nada de estaciones de servicio.

Además de regentear su estancia, por entonces el estadounidense Jarred Jones impulsaba el Almacén Nahuel Huapi en las nacientes del río Limay, auténtico centro neurálgico de la región antes de que cobrara mayor importancia la población que dio origen a Bariloche. La cuestión es que el texano “compró en 1918 dos camiones marca Fiat, que destinó al negocio de fletes y transportes”, señala el texto.

Por su parte, Villa La Angostura tuvo que esperar bastante para conectarse a la naciente red vial de la zona. “En octubre de 1934 la gobernación del Neuquén licitó la construcción del camino que se trazó sobre la huella de Nahuel Huapi al Correntoso”. Poco tiempo después, “en enero del 35 el ingeniero Alexis Christensen, de Parques Nacionales, inició la apertura del camino que va desde Traful al Hotel Correntoso y enseguida el camino que llega a San Martín de los Andes por paso Córdoba”, apuntó Méndez. Otra vez el Estado.

Hoy es difícil pensar en el ingreso a Dina Huapi sin el viaducto, pero no siempre estuvo allí. “En 1938 se inauguró el puente para automóviles en la naciente del Limay”. El crecimiento de la infraestructura aceleró los cambios que Parques Nacionales imprimía en toda la zona y esas modificaciones tuvieron ganadores y perdedores: “Con tan agiles vías de comunicación y el movimiento turístico, el viejo boliche del Nahuel Huapi fue quedando en el olvido; solo continuaron siendo clientes los antiguos pobladores de las inmediaciones”.

La frutilla amarga del postre fue “la llegada del ferrocarril a Bariloche en 1934, que evitó el paso obligatorio de los productos vía el Limay desde Pilcaniyeu a punta de rieles, así como el hecho de que a mediados de la década del 30 el arreo de ganado y venta de hacienda a Chile entrara en su ciclo final de disolución, producto de los cada vez más estrictos controles aduaneros a ambos lados de la cordillera y de las nuevas posibilidades de comunicación dentro del país”. No fueron obra del mercado, precisamente.

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