¿EN SERIO CABRAL DIJO QUE MORÍA CONTENTO?

| 03/02/2024

Los granaderos no estuvieron solos en el combate de San Lorenzo

Los granaderos no estuvieron solos en el combate de San Lorenzo
El combate, en la mirada de Ángel Della Valle. La obra está en el Museo Histórico Nacional.
El combate, en la mirada de Ángel Della Valle. La obra está en el Museo Histórico Nacional.

Las versiones más difundidas sobre el histórico hecho de armas soslayaron presencias importantes y adornaron un tanto el relato, vaya a saberse con qué objetivos.

Tanto para la historiografía liberal como la revisionista, el combate de San Lorenzo es un hecho de armas muy destacable, a tal punto que más allá de los historiadores, tiene su propia marcha. Llama la atención porque sobre batallas que en verdad fueron decisivas para la libertad de las Provincias Unidas del Sud como Maipú o Ayacucho, nunca nadie cantó nada. Al menos, por aquí.

Las narraciones que se contaban en las escuelas en la década de 1970 sostenían hasta el cansancio que el triunfo que se obtuvo el 3 de febrero de 1813 fue tan contundente que jamás los realistas volvieron a poner el pie sobre los pueblos ribereños de la Argentina actual. La aseveración es una burda mentira, porque “la acción de San Lorenzo no fue suficiente para impedir nuevas incursiones”, según admite la Academia Nacional de la Historia.

Historiadores de mirada regional demostraron que el 18 de agosto de 1813 los soldados que obedecían a la corona protagonizaron una nueva incursión sobre la costa de Tigre (provincia de Buenos Aires) y que el 22 de agosto hicieron otro tanto sobre San Fernando, en el norte del conurbano bonaerense. Los sucesos que realmente acontecieron no se parecen demasiado a la versión que se atesora como verdadera.

Una de las tergiversaciones importantes tiene que ver con la integración del contingente patriota. Se supone mayoritariamente que los hacedores exclusivos del triunfo de San Lorenzo fueron los famosos 120 granaderos. Pero también tomaron parte del enfrentamiento milicianos santafesinos a las órdenes de Celedonio Escalada, columna que se integraba con aproximadamente 100 hombres.

Si bien San Martín no dijo nada en su primer parte sobre la actuación de sus compañeros, en uno posterior se refirió a “la actividad y celo de los jefes milicianos”. Es más, algunos estudios afirman que, en realidad, las hostilidades se iniciaron cuando los santafesinos cañonearon a los invasores y luego simularon un repliegue para propiciar el avance realista y así, favorecer la carga de los granaderos. Además, la participación de la milicia consta en los partes de los oficiales enemigos.

En su monumental biografía del correntino, el historiador Norberto Galasso se tomó el trabajo de consultar la documentación oficial del adversario y en su libro aporta nuevas luces sobre acontecimientos un tanto dogmatizados. En su reconstrucción, el proceso que por entonces tenía como protagonistas a las Provincias Unidas del Sud no perseguía todavía la independencia de España. Más bien, se trataba de la contienda entre un ideario monárquico y absolutista contra otro democrático y republicano.

Desde esa perspectiva, no puede catalogarse al de San Lorenzo como un triunfo “argentino”. Ninguno de los granaderos o milicianos se lanzó al combate al grito de “¡Viva la Argentina!” Justamente, un efectivo realista que cayó prisionero de los santafesinos escribió: “El comandante Escalada, con sus milicianos, ocupó el centro de las fuerzas mandadas por San Martín. Al grito de 'Viva el rey' dado por el jefe de las fuerzas realistas, contestó con 'Viva la Revolución', produciéndose inmediatamente el encuentro”.

Si de aportar justeza se trata, también hay que poner en duda la letra de otra marcha que los más veteranos y veteranas cantaron infinidad de veces durante su paso por las aulas, aquella que dice: “Aquí está la bandera que un día / en la batalla tremoló triunfal / y llena de orgullo y bizarría / a San Lorenzo se dirigió inmortal”. Falso: ni los granaderos ni los milicianos santafesinos pudieron llevarla porque a esa altura de 1813, las autoridades todavía no se decidían a adoptar enseña propia.

Apunta Vicente Fidel López, que “en el ejército de la capital no se habían usado, hasta fines de 1814, más bandera que las españolas (...) con las cuales habían sitiado Montevideo, bajo el mando de Rondeau, las mismas banderas con que Brown había batido y destruido a la escuadra española, con que Alvear había tomado la plaza de Montevideo”. Otro historiador, José Luis de Imaz, aporta que “salvo la batalla de Salta ninguna de las batallas por nuestra independencia, libradas en el actual territorio argentino, se hizo enarbolando nuestra bandera”. Al parecer, los granaderos concurrieron a su bautismo de fuego sin bandera.

Una última sorpresa depara una crónica puntillosa sobre el combate de San Lorenzo. Se enseñó que, al entregar su vida, Juan Bautista Cabral murmuró: “Muero contento, hemos batido al enemigo”. Hay que pensar que, según las descripciones, al salvarle la vida a su jefe, el granadero ya estaba herido de bala y que, al recibir la estocada del enemigo, es más probable que hubiera mandado al infierno a su agresor, acordándose de su madre y toda su ascendencia.

Cuando sus camaradas fueron a socorrerlo, dijo Cabral: “Déjenme, compañeros. ¡Qué importa la vida de Cabral! Vayan ustedes a pelear que somos pocos”. Recién dos horas después, en el convento, habría pronunciado la frase célebre. Pero en guaraní, porque ese era su origen. Los granaderos jamás se conformaron con los hijos de la aristocracia de Buenos Aires, sino con expresiones del pueblo de las Provincias Unidas. No hace falta exagerar ni tergiversar para encontrar espíritu de grandeza en la gente que se ensordeció ante el fragor de las armas 211 años atrás.

¿Que opinión tenés sobre esta nota?


Me gusta 0%
No me gusta 0%
Me da tristeza 0%
Me da alegría 0%
Me da bronca 0%
Te puede interesar
Ultimas noticias