HASTA MULAS PODÍAN TRANSITAR POR EL CAMINO DE LOS VURILOCHES

| 21/01/2024

Fueron encendidas las polémicas sobre su existencia y trazado

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El viejo sendero ahora es atractivo turístico.
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Un marino chileno aseveró que el Paso Bariloche no existía y que coincidía con el Pérez Rosales. En 1885, el coronel Rohde del Ejército Argentino, respondió airado. Y estuvo seguro de redescubrirlo.

Al polemizar con un colega trasandino, el coronel del Ejército Argentino Jorge Rohde proclamó “absolutamente imposible que el paso Bariloche sea idéntico con el boquete Pérez Rosales”. El alemán que integró las tropas de Conrado Villegas se enfrascó en una discusión sobre la temática alrededor de 1885, que recogieron el diario La Prensa primero y el Boletín del Instituto Geográfico después.

Para sustentar su afirmación, el militar recurrió a la historia de los jesuitas que operaron en la región. Consignó entonces que, para fines de 1703, “el padre Lagunas (sic) recorrió el siguiente camino: entró por la ensenada de Reloncavi, siguió el valle en que se encuentra el lago de Cayutué, llegó al lago de Todos los Santos -lago de Esmeralda-, atravesó este lago, orilló el río Peulla que nace del Tronador, pasó el boquete que está al pie de dicho volcán y que se llama hoy en día el boquete Pérez Rosales y bajó por el valle del río Frío que desemboca en el lago Nahuel-Huapi”.

Si bien también conoció ese recorrido, “buscaba Guillermos (se refiere al sacerdote Juan José Guillelmo) desde el año 1711 un camino por las Cordilleras, que según los indios existía y que ellos llamaron Bariloche”. Observó Rohde que “los Puelches se oponían con suma tenacidad a la exploración de los Andes y buscaron por todos los medios posibles impedir el descubrimiento de aquel paso, pues temían que por este camino los españoles pudieran invadir su país y conquistarlo y devastarlo”.

No obstante, “por fin un araucano dio datos positivos a Guillermos respecto del paso diciéndole, que el boquete salía del punto denominado Los baños, así llamado por una terma que se encuentra allí distante unas 15 leguas en dirección al sur sudoeste de la misión. Esta última se encontraba cerca del punto donde desagua el Limay del Nahuel-Huapi”, aventuró el coronel.

Al respecto, precisó que “unos los dan en una distancia de 12 km. Yo personalmente he visto en la falda de un cerro a 2 km al Sud del Nahuel Huapi restos de edificios, marcos de puertas medio quemados que indudablemente no tienen origen indígena. Sin embargo, creo, que provienen de las últimas misiones, fundadas el año 1792, que no tuvieron sino una existencia muy pasajera”. Aludía a los viajes de Francisco Menéndez, que, si bien alcanzaron el lago en inmediaciones en dos ocasiones, no edificaron misión alguna.

A fin de cuentas, según el racconto de Rohde, el jesuita Guillelmo “emprendió de nuevo la expedición y efectivamente el año 1715 descubrió el paso de Bariloche”. Para sostener su argumentación, aportó en su polémica por escrito párrafos que legó el cronista religioso Miguel de Olivares, para quien “una vez en los Baños era fácil de seguir los rastros, que habían dejado los indios, así que era fácil de vencer los obstáculos que impedían el paso”.

En efecto, “el camino era tal, que podía ser transitado por las mulas sin dificultad hasta Rahumi, donde se embarcaron a Chiloé”. Sigue Rohde: “con esta exposición de datos y documentos queda, pues, probado, que los boquetes de Pérez Rosales y de Bariloche no pueden ser idénticos y que el comandante Valverde se ha equivocado, asegurando tal cosa”, subrayó el militar.

Con ánimo de prolongar la disputa, trajo a colación afirmaciones del marino chileno. “Dice el Sr. Valverde en otra parte de su informe lo siguiente: «En la parte de zona comprendida entre el paralelo, que pasa del 41° 16’ de latitud Sud, o sea la parte austral del monte Tronador, en donde nace el río Blanco, y el paralelo 41° 30’ de latitud Sud, en donde desemboca el rio Cochamó, prolongados ambos paralelos de Poniente a Oriente, no existe paso humanamente posible para poner en comunicación el lago de Nahuel Huapi con Reloncaví; puesto que los únicos ligeros faldeos, que facilitan las riberas del río Blanco y las del rio Concha, han sido recorridos detenidamente con toda clase de sacrificios”.

“Pero por favor, ¿quién ha dicho al Sr. Valverde, que el paso se debía encontrar en la latitud que él indica? Todo lo contrario, el paso se encuentra más al Sur, como era de suponer, conociendo los documentos”, bramó Rohde. “¿Y en qué se basa el Sr. Valverde, no habiendo explorado los territorios más al Sud del rio Cochamó, para lanzar la afirmación que no existe ni puede existir más abajo del Tronador el paso de Bariloche?”

Para el alemán al servicio de la Argentina, fue un “proceder incomprensible, tanto más, porque la misma autoridad que invoca el señor Valverde en prueba de la imposibilidad de un paso al Sur del Tronador, es decir, el mismo Padre Menéndez demuestra todo lo contrario”. En cuanto a sus propias exploraciones, estaba seguro de ser el redescubridor del paso y en una nota al pie de su extenso escrito, arriesgó una hipótesis sobre el origen de su nombre.

Apuntó Rohde que “es de suponer, que los indios llamaron este paso Furiloche (Furi afuera, loo médano, che gente.) La palabra Bari no existe en la lengua araucana ni pampa, como me lo hace saber el profundo conocedor de los idiomas indígenas, el señor teniente coronel Barbará. Sin embargo, conservamos la palabra tal cual se encuentra en los documentos, por pertenecer el nombre ya a la historia”, se disculpó.

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