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TRIPULACIÓN INMORTAL, FIESTAS A BORDO, APARICIÓNES ENIGMÁTICAS

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14/01/2024

¿Leyenda del holandés errante o Caleuche?

¿Leyenda del holandés errante o Caleuche?
¿Leyenda del holandés errante o Caleuche?

Las similitudes entre el mito chilote del navío inmaterial y otros que llegaron a la industria del cine son considerables. El guionista de “Piratas del Caribe” no tuvo que inventar demasiado.

El buque despliega sus velas y de alguno de sus recovecos surge música que encanta. Puede irrumpir de la nada porque en ocasiones, navega invisible. A pesar de provenir de siglos atrás, navega por completo iluminado. En su cubierta reina la fiesta porque sus tripulantes no tienen mejor manera de sobrellevar su inmortalidad. ¿La leyenda del holandés errante? ¿La maldición del “Perla Negra”? No, más bien el mito del Caleuche.

Pueden sorprender las similitudes que existen entre el relato que llegó de Chiloé y otras tradiciones marineras de origen más lejano, que arribaron a la industria cinematográfica de múltiples maneras. El parecido puede explicarse históricamente, aunque no está comprobado. Sin embargo, fue un hecho la presencia de corsarios neerlandeses durante el siglo XVI en las costas hoy chilenas del sur, con naufragios misteriosos incluidos.

Del lado argentino, hasta hubo una película que invocó el relato: “Caleuche. La nave de los locos” (1995), dirigida por Ricardo Wullicher y que inclusive, contó con participación barilochense en el rodaje. No obstante, su trama tiene otras temáticas como centrales. Quizá la síntesis más completa que pueda leerse sobre el navío fantástico es la que proporcionó Renato Cárdenas Álvarez, estudioso de la cultura chilota que desafortunadamente, falleció en 2022.

En 1998 publicó “El libro de la mitología. Historias, leyendas y creencias mágicas obtenidas de la tradición oral” del archipiélago. En sus páginas otras denominaciones para el Caleuche, tales como El Marino, el Buque de Arte, Buque de Fuego o “barcoiche”. Cárdenas lo definió como “buque de características extraordinarias que puede hacerse invisible”, además de “transformarse en objetos animados o inertes.

El Caleuche también tiene el poder de “desplazarse a grandes velocidades”. En efecto, Ted Elliot, el autor de la saga cinematográfico, tuvo mucho material en el que inspirarse. “Su aspecto es el de un buque escuela, completamente iluminado y con música que encanta”, continúa el relato de Cárdenas. Encantadora en el sentido estricto del término, como aquellos cantos que entonaban las célebres sirenas que resistió Odiseo / Ulises.

Su tripulación se integra con “rescatados de naufragios o raptados de la ribera chilota” y definitivamente, no la pasan del todo mal, ya que “alivianan su inmortalidad con fiestas y otras entretenciones humanas que le dispensan sus colaboradores de tierra. Su aparición ocurre preferentemente de noche o cuando hay neblina”. Es más, en Chiloé “hacer Caleuche” significa “navegar en la noche con las luces prendidas”.

El Caleuche tiene sus predilecciones. “Ciertas condiciones, como los días de neblina, hacen posible verlo o sentirlo”, dice el legado del recopilador. “Ruidos de cadenas, de fiestas” y “su magistral figura de buque-escuela lo hacen inconfundible”. Como sus buques colegas del cine “es una visión incorpórea y puede atravesar a otra embarcación. Empero, otros señalan que han estado hasta en fiestas en su interior, aunque prefieren hacerlas en tierra donde haya mujeres”.

Entonces, no serían tan incorpóreos los misterios navegantes, porque “se conciertan con comerciantes que tengan hartas hijas” para dar vida a esas festicholas. “El Caleuche los aprovisiona de mercaderías como retribución. Así los lugareños explican el rápido surgimiento de algunos comerciantes a los que no se les ve comprar nada”, estableció Cárdenas. “Estos protegidos de El Marino generalmente tienen gallinas negras y botes alquitranados con sogas de quilineja”.

Como las fantasmas de la tradición caribeña, el Caleuche “puede desaparecer cuando lo desea” pero a diferencia de los barcos que poblaron la historia pirata, suele “adoptar la forma de una piedra o de un palo y los marinos pueden ser lobos a cahueles (delfines). Otra cualidad es la extraordinaria velocidad que alcanza”, insiste el relato del historiador, que además incluye algunos consejos prácticos.

Así, “para observarlo y no ser visto hay que ponerse una champa en la boca, porque lo primero que ellos sienten es el aliento. También hay algunos árboles tras de los cuales uno se puede ocultar, entre ellos el maqui y el tique. La gente tiene temor a ser llevada por el Buque de Arte, así que nunca esté de más tomar precauciones”, recomienda la síntesis. “Muchos piensan que los marinos de este barco llevan una pierna pegada al espinazo igual que el ivunche”, otro habitante de la mitología chilota.

“Sin embargo, otros los describen como personas muy bien presentadas, con ropas especiales y al saludarlos uno aprieta una mano muy fría”. ¡Qué escalofrío! “En general, son correctos en su trato y con ayuda de sus colaboradores del mar, recogen a los náufragos. Algunos piensan que su puerto es la Ciudad de los Césares, lugar maravilloso enclavado en algún punto de la Cordillera de los Andes y donde sus residentes viven eternamente, al igual que los caleuches”.

Es posible compartir aguas con el barco mágico, entonces, “al navegar hay que hacerlo con respeto, recomiendan los marinos chilotes, no se debe ni cantar, ni silbar, ni armar desorden. Esto enoja al Caleuche y quizás qué resultado puede acarrear”, pregunta la averiguación, con intriga. Jack Sparrow debería despojarse de su desfachatez característica si de la bruma marina surgieran los mástiles iluminados del navío chilote.

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