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PELÍCULA MUY “BARILOCHENSE” SE ESTRENA COMERCIALMENTE

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26/04/2023

“Cuentos de la tierra”, cinco búsquedas poéticas hacia un mismo destino

“Cuentos de la tierra”, cinco búsquedas poéticas hacia un mismo destino
“Cuentos de la tierra”, cinco búsquedas poéticas hacia un mismo destino

Pablo Nisenson reside en Buenos Aires, pero es sensible a la cultura mapuche y a los conflictos que pueden enfrentar en la vida real una niña en edad escolar, un comunicador social, un joven músico, una anciana en el campo y un padre con su hijo.

Si es vecino o vecina de esta ciudad, será difícil tomar distancia crítica de “Cuentos de la tierra”, la película de Pablo Nisenson que se estrenará nacionalmente el próximo jueves (27 de abril). El director es capitalino pero la abundancia de locaciones, actores y actrices barilochenses la tornarán entrañable desde el vamos, salvo para quienes compraron irreflexivamente en los últimos años el discurso anti mapuche que se irradia incansablemente desde Buenos Aires.

Todas las mañanas, Piren (Sara Douglas) camina desde un entorno montañoso e invernal para dirigirse a su escuela. No faltará quien se pregunte por qué si vive en el valle del Challhuaco, se anotó en la Escuela Virgen Misionera, pero en el film no se explicitan barrios ni detalles geográficos localistas. Entonces, el cine hace su magia. Una esquemática docente (Carolina Sorín) trata de llamar la atención a la pequeña, cuyo espíritu se escapa a través de la ventana para dialogar con una ancestra suya (Marta Ranquehue), quien le transmite aspectos de la cultura mapuche que no tienen cabida en la institución escolar.

En las frías mañanas de El Frutillar, Huichaqueo (Jorge Palomino) comparte desde el micrófono de una radio comunitaria sus cavilaciones sobre la distancia que existe entre las concepciones del pueblo mapuche y las hegemónicas del capitalismo. Sus columnas editoriales marcan el paso de su propio reencuentro con la identidad de sus mayores, diluida por décadas de silenciamiento y otras maniobras, estatales o mercantiles. El derrotero conduce al encuentro de una anciana (Beatriz Pichi Malén), cuyo espíritu ratifica las percepciones del locutor.

Después de un período de formación fuera de su lugar, un joven músico (Jonatan Llancaqueo) retorna a Bariloche como concertista. El esfuerzo y la construcción al estudio que supuso familiarizarse con su instrumento, pierden sentido al entrar el instrumentista en contradicción. ¿Vivaldi o los antiguos sonidos que llegan desde el Nahuel Huapi encrespado como el mar y la cordillera? Jona -nombre del personaje también en la ficción- sufre el desgarro, al igual que los demás personajes, inmersos en la cotidianeidad y sus respectivas rutinas, por un lado, y la fuerza de sus orígenes por el otro. Idéntico contraste que pueden ofrecer la fachada centroeuropea del Centro Cívico y las costas todavía irreductibles del lago.

La historia de Aurora Manquian (Luisa Calcumil) ya no se vincula con la de Bariloche, pero sí podría hacerlo con la de centenares de familias que tienen a sus abuelas en el campo, solitas, lejos de las seguridades que deberían proveer los sistemas de salud. Aquí el conflicto remite precisamente, a la tentación de migrar y dejar el campo vacío, o bien persistir donde están los viejos rewe que, durante siglos, albergaron las rogativas de cada mañana.

El quinto relato podría tildarse de náutico: un padre y su hijo (Roberto Cayuqueo y Amaro Espinoza) reman y reman con un wampo por ambientes fluviales cordilleranos. El niño asiste maravillado a las enseñanzas que prodiga su progenitor, mientras la dupla busca al dueño o guardián del agua (ngen ko). El viaje culmina antes de tiempo, responsabilidad de una materialización del progreso que nunca tuvo ni tiene en cuenta valores que no sean los dinerarios. Aquí también se tornará familiar la locación, para el y la espectadora barilochense atentos.

“Cuentos de la tierra” está en blanco y negro, decisión que acentúa su búsqueda poética. Por si no quedó claro, no se trata de un documental, sino de una obra de ficción que, en su propuesta, poco tiene que ver con los formatos más convencionales del cine. Tampoco abona los estereotipos que instalaron con éxito quienes poco y nada saben de la realidad mapuche: ningún encapuchado o encapuchada, ningún piedrazo y más bien, ninguna práctica violenta, salvo las que derivan del colonialismo.

En Bariloche, el film de Nisenson se estrenará el próximo jueves en Cine Sunstar (Shopping). Pero también se podrá ver en las salas Cinemark Hoyts de Neuquén y Mendoza. Otro tanto sucederá en el complejo Gaumont (Buenos Aires) y en Cinepolis. Luego, se proyectará en Espacios INCAA del país. Después o mientras tanto, los festivales. No debería llamar la atención si logra más repercusión fuera de la Argentina que dentro de sus límites, donde no haga falta soportar el peso que la agenda política imprime sobre el pueblo mapuche, muy a pesar suyo.

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