Publicidad
 

SE EXTRAÑAN SUS DICHOS VEHEMENTES, SUS DIBUJOS, SU ANDAR

|
07/11/2022

Cinco años sin Gabino Tapia

Cinco años sin Gabino Tapia
Cinco años sin Gabino Tapia

Fiel a su costumbre, dio pelea y una vez supo esquivar la cita que a todes nos espera, pero se fue de Bariloche el 7 de noviembre de 2017. Sus obras quedan por doquier.

Ese día, el lápiz negro debió extrañarse porque la mano amiga no lo empuñó y el papel quedó en blanco. Capaz también se asombró la boina negra, tan inseparable que parecía parte de su anatomía. La mesa del bar permaneció vacía y horas después, alumnas y alumnos supieron que las clases ambulantes se habían terminado para siempre. Cinco años atrás, el 7 de noviembre de 2017, la ciudad se dejó ganar por el luto. Como siempre, dio pelea, pero finalmente, Gabino Tapia murió aquella madrugada.

Para 1993 o 1994, el que firma colaboraba con el suplemento Patagonia/12, efímero acompañamiento a la región del diario capitalino Página/12. En una oportunidad, el editor confió que las escasas cuatro páginas se dedicarían a los dibujantes patagónicos y aunque Gabino era oriundo de Baradero (provincia de Buenos Aires), era más barilochense que el chocolate o el Nahuelito.

Por entonces, nada de celulares. Ni siquiera los teléfonos domiciliarios estaban muy difundidos, pero encontrarlo era facilísimo. Su “oficina” quedaba en “Hola Nicolás”, la recordada confitería que funcionó mucho tiempo en Moreno y Urquiza, frente a la YPF y en diagonal a la Intendencia de Parques Nacionales. Un lugar estratégico en donde recalaba todo el mundo. Sin moverse de allí, Gabino sabía qué pasaba y qué no en el pueblo.

Después de una primera aproximación en los 80, Gabino se quedó definitivamente entre nosotros y nosotras a partir de 1991. Poco antes había iniciado el Taller de Plástica en la Biblioteca del Congreso de la Nación. Ahora, las nuevas tecnologías hacen posible que talentos como Pablo Bernasconi vivan a miles de kilómetros de sus posibles empleadores como ilustrador, pero por entonces, uno le preguntaba a Tapia: ¿qué hacés acá?

Era generoso con su arte y coherente con sus convicciones políticas. Cualquier vecino o vecina podía convertirse en uno de sus personajes. Una vez, cuando con otros compañeros y compañeras empezamos a editar un fanzine, le preguntamos si se copaba colaborando. Obviamente, no había un mango. Dibujó un pibe inconfundiblemente del Alto, que cargaba laboriosamente una garrafa. Le puse de epígrafe: “El fuego que calienta es el que viene de abajo".

El valor de las obras que dejó se acrecienta a medida que pasa el tiempo. Poco más de un mes atrás, a la salida de una de las funciones del FAB, el cronista encontró que en la parrilla “El Nuevo Gaucho” hay varios trabajos de Gabino y también de Carlos “Chingolo” Casalla. Por las dudas, aclaro que no media chivo alguno, pero para quienes sentimos algo de amor por este lugar, pasar un rato contemplándolas y recordándolos, puede entibiar el alma.

Cuando la Municipalidad lo declaró “ciudadano ilustre”, fuera de cámara o de micrófono, Gabino andaba a las puteadas. Decía que esa distinción se la daban a los que estaban por morir. Mucho no le erró. Hubo un primer amague de Doña Encarnación que motivó la movilización solidaria de la gente, porque salvo excepciones, para los y las artistas la vejez no es un buen momento, económicamente hablando.

En los últimos años rengueaba y en su mirada, anidaba un hálito doloroso: uno de sus hijos (Sebastián) había quedado en la Tragedia del Ventana, que en 2022 cumplió 20 décadas. Dos años atrás, cuando la pandemia dio un resquicio, la Municipalidad y el artista Horacio Ferrari tuvieron el buen tino de inaugurar dos obras al ladito de la Feria de Artesanos, sobre la calle Moreno. Una recuerda a “Chingolo” y otra a Gabino. ¡Qué vacías estuvieron las cafeterías el último lustro, don Tapia!

¿Que opinión tenés sobre esta nota?