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EL CAMINO DE LA MUERTE

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27/08/2020

El dolor de no poder velar a los seres queridos

El dolor de no poder velar a los  seres queridos
El dolor de no poder velar a los seres queridos

Más allá de religiones, cada cual lleva la muerte de un ser querido como puede. Está quien llora sin cesar, pero también el que derrama su dolor hacia dentro, sin que se le vea una lágrima. También, aquel que opta por acompañar el cuerpo hasta que vaya al destino último (tierra, nicho o cremación), como el otro que prefiere no ir al velorio, y despedirse desde la lejanía física.

El asunto es que, en estos tiempos, las decisiones sobre el modo de accionar -en cuanto a reunirse con los íntimos, frente al cajón- son impuestas: en Bariloche, los velatorios están prohibidos. Incluso, hasta hace poco, no se podían realizar visitas al cementerio. “Durante más de cien días, estuvo cerrado”, indicó, justamente, el secretario de Servicios Públicos, Eduardo Garza.

“Sumada a toda la vorágine de cosas que suceden, existía mucha sensibilidad en gente que tiene la costumbre de ir al lugar. Hubo personas que me vinieron a ver para pedirme, por favor, que les diera autorización para visitar a sus familiares. Era algo entendible… Con la apertura, a partir del permiso del Centro de Operaciones de Emergencia (COE), el ánimo de quienes realmente necesitan acercarse, y estar en contacto con los seres queridos que descansan allí, se ha calmado”, comentó.
En la actualidad, el Cementerio Municipal abre de lunes a viernes, de 11 a 17.

En el cementerio sí se puede despedir a los seres queridos.

“Siempre están presentes empleados municipales que sugieren que se mantenga la distancia. Es un espacio abierto, que permite que no exista amontonamiento de gente”, señaló Garza.

“Se solicita que ingresen de a uno. Si son personas mayores, o con dificultades de desplazamiento, se autoriza que entren acompañadas”, especificó.

Los vehículos deben estacionarse fuera del predio, salvo en casos de problemas de movilidad del visitante.
También hubo cambios en la cantidad de personas que pueden estar en el momento en que los restos llegan al cementerio. Antes solo podían ser seis, mientras que ahora se permiten diez.

Garza resaltó que, al inicio de la pandemia, muchas veces ni siquiera se alcanzaba el tope establecido, “todo se hacía rápido, en forma escueta”.

“En ese sentido, se nota un cambio de actitud. Imagino que se ha perdido el temor que existió al principio. Ahora se acercan incluso más familiares que el máximo autorizado, así que hay que pedir que se turnen”, completó.

 

Durante la cuarentena, algo que continuó fue el ingreso de vándalos. “Seamos realistas, en la parte trasera del cementerio hay un sector donde el acceso es fácil, y esporádicamente hubo visitantes maliciosos”, manifestó Garza.

A veces, realizan pintadas o destruyen algo, y, en ocasiones, roban plaquetas de bronce.

 

En cuanto a la problemática del espacio limitado en el predio, el secretario de Servicios Públicos expresó: “Estamos exhumando cuerpos de los que hace más de quince años no tenemos noticias de los familiares… Primero, enviamos comunicados para que se acerquen a regularizar la situación. Pero, si no hay novedades, se sacan los restos y se colocan en bolsas plásticas, con una numeración y toda la información pertinente, y van a una fosa común. En esa forma, ganamos lugar. De todas maneras, también están los nichos: con la obra del plan Castello, se construyeron alrededor de ciento veinticinco, pero la gente es reticente a su utilización; en general, opta por la cremación en la zona del cementerio parque

Valle del Descanso, o, cuando elige el municipal, se inclina por una sepultura”.

Que hayan permitido que participen los familiares del entierro descomprimió mucho la situación con la gente”, aseguró Eduardo Garza.

El funcionario explicó que se analiza encontrar otro lugar para el funcionamiento del cementerio. “Creo que es momento de buscar un espacio nuevo”, dijo al respecto. De esa manera, el actual predio podría visitarse para ver las sepulturas, y se utilizaría como servicio solo en lo referido a los nichos, ya que hay gran disponibilidad, e incluso existe la proyección de construir más, que, además de su uso natural, servirían como cierre del perímetro del área. Los nuevos entierros, en tanto, se llevarían a cabo en el sitio que se determine.

Más allá del área que le compete, cuando se le consultó su opinión sobre la posibilidad de que vuelvan a realizarse velorios, Garza sostuvo: “Considero que sí, con el respeto de ciertos cuidados, pueden entrar seis personas a un local a almorzar, o a compartir una cerveza, con los mismos criterios, se podría hacer una apertura de los velatorios”.

“Hay mucha gente que tiene por costumbre esas despedidas, y, si son una necesidad, hay que tenerlas en cuenta”, concluyó.

La necesidad de
una despedida

Acerca de la imposibilidad de realizar despedidas en funerarias, el gerente de Sepelios Bariloche, Alfredo Madero, sostuvo: “Nosotros contratamos a un técnico en Seguridad e Higiene para que nos oriente y realizamos un protocolo que presentamos en la Municipalidad en dos ocasiones, pero no tuvimos eco; nunca nos respondieron”.

“Existe una soberbia de omisión, respecto a analizar el tema. Otras actividades se realizan de acuerdo a un protocolo, y nosotros estamos ajenos a la contemplación del municipio”, apuntó.

Alfredo Madero dijo que a pesar de presentar los protocolos, no autorizan los velatorios.

“Pedimos que, en la sala, se deje entrar a una cantidad reducida de personas, pueden ser cinco, ocho… las más cercanas al fallecido; sentadas, ubicadas a dos metros una de otra, con barbijo, durante el tiempo que se establezca”, continuó.

Acerca de la normativa vigente, aseveró: “En los lugares cerrados no se pueden realizar velatorios abiertos a la gente en general; está prohibido a nivel nacional por Salud Pública. Pero hay una cláusula que indica que las localidades pueden ejercer un protocolo especial”.

Aclaró que esto sería para las muertes que no se hayan producido por COVID-19, y destacó que, más que un velatorio, se trataría “de una pequeña despedida, como ya se hace en varias ciudades”.

“Acá hay un dolor detrás; no presentamos un protocolo para un esparcimiento, sino para la contención de las personas”, afirmó.

Por el momento, las cocherías retiran los cuerpos, los llevan a los depósitos de las empresas, donde son preparados en forma adecuada, se realizan los trámites correspondientes, y se coordina con el cementerio para llevarlos.

En el caso de los fallecidos por coronavirus, directamente se los traslada, del nosocomio a la necrópolis; son colocados dentro de féretros provistos de cámaras metálicas, que se sueldan y quedan cerrados en forma hermética. Los operarios municipales del cementerio, que son advertidos en forma previa sobre la llegada de alguien que murió a causa de COVID-19, se colocan, para realizar el trabajo de tapar la sepultura, un equipamiento especial que luego se desecha, ya que es descartable.

Más allá de
lo monetario

“Esto no se trata de una cuestión económica, ya que el servicio velatorio es una variable, pero no significativa; no es que peligre la subsistencia de las empresas fúnebres, ni nada de eso”, aseguró Madero, que desarrolla la actividad desde hace cuarenta años.

 

“La gente piensa que somos nosotros quienes la privamos de despedirse de sus seres queridos”, comentó, para luego mencionar que, hace unos días, un hombre, ante la imposibilidad de ver el cuerpo de su padre, pateó y rajó un vidrio del frente del local. El empresario consideró que, si bien la violencia nunca es justificable, ese acto había sido reflejo de la impotencia que la persona sentía por no brindar el adiós final a su papá.
“El intendente, que tuvo la fuerza conductiva de permitir la apertura de confiterías y tiendas, que también vea este tema con seriedad, que no deslinde responsabilidad”, sostuvo.

 

 

Texto: Christian Masello Fotos: Facundo Pardo

El dolor de no poder velar a los  seres queridos
El dolor de no poder velar a los  seres queridos