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26/08/2020

Carlos Casalla y la convivencia de sus dos pasiones, la música y el buceo

Carlos Casalla y la convivencia de  sus dos pasiones, la música y el buceo
Carlos Casalla y la convivencia de sus dos pasiones, la música y el buceo

El destacado músico contó que su amor por el agua nació desde muy chico y logró bucear en lugares increíbles. Describió cómo vive la pandemia.

Carlos Casalla recibió las primeras instrucciones de natación de su padre, Chingolo. Apenas tenía 5 o 6 años, recuerda, y los ensayos eran en una pileta no muy profunda. El agua alcanzaba su cuello. Atento, el gran Chingolo le daba indicaciones claras y precisas al costado de la pileta. Años después, Carlos supo que su padre no sabía nadar. Pero igual lo acompañó de cerca en el desarrollo de una de sus pasiones, junto a la música.

En 1969 la familia se mudó de Boedo a Bariloche. Y entonces, Chingolo alquiló una vistosa y pintoresca casa en Llao Llao. Los primeros días de calor lo empujaron a Carlos a descubrir la magia del lago Moreno y sin pensarlo mucho, se lanzó convencido. Pero la profundidad provocó la desesperación de su padre que salió corriendo a pedirle que saliera urgente. Con el tiempo entendió el motivo de sus nervios.

Carlos Casalla, en las profundidades.

“Es muy fuerte no poder tocar en vivo. Esto nos sorprendió a todos, pero anímicamente estoy bien. Me cuido”, contó el destacado músico en “Refugio Radio” que conduce Marcela Psonkevich en El Cordillerano Radio (93.7). Reconoció que tuvo que adaptarse a la comunicación virtual para poder dar los talleres de música. Hace tiempo que forma parte de dos programas de Cultura de Provincia. “En su momento se buscó la figura del músico que, además, tuviera la vocación docente”, explicó.

Carlos integra el trío Fantoma con Hernán Lugano y Pablo Méndez, y también se luce en la Gipsy. Por supuesto, es convocado para grabaciones y recitales, aunque ahora hay que esperar un poco para eso. Por ahora, la docencia le permite seguir abrazado a la música. Su primera clase fue a fines de 1981. Luego retomó en 1989 y no paró.

Además de la música, Carlos es un enamorado del buceo, del agua. Primero fue buzo de apnea o buceo libre (freediving) y desde 2003, buzo autónomo. “Tuve la posibilidad de bucear en lugares increíbles”, admitió. Y contó que su primera esposa fue quien lo sorprendió con un “acá tenés el curso, yo te pagué la mitad”. Fue en Bariloche y el segundo lo hizo en 2009 en Utila, una isla de Honduras, “es como la gran universidad del buceo, un lugar increíble”.

Aunque se presenten como experiencias muy alejadas, para Carlos conviven hace mucho tiempo sus dos pasiones, la música y el fascinante universo subacuático. A Chingolo nunca le interesó aprender a nadar. Igual, acompañó siempre a su hijo con literatura referida al tema, los primeros equipos, el snorkel. “Igual no soy fanático, no lo soy de nada”, aclaró, ni siquiera de la música, aunque reconoce que le gusta muchísimo. Piensa y cambia de opinión. “Soy fanático de la alegría, la paz y de que todos tengan para pasarla bien. De eso sí”, definió convencido.

 

 

Por Daniel Pardo