Cultura
11/06/2019

Veinte años es un montón

Veinte años es un montón
Publicaciones de la EMB Juan Ojeda
Por: Adrián Moyano

Dos décadas atrás, el autor de la crónica reingresaba a El Cordillerano, donde antes había escrito entre 1994 y 1995. La efeméride personal se convirtió en excusa para echar una ojeada retrospectiva sobre el acontecer del quehacer artístico.

A mediados de 1999, la Argentina transitaba por la recesión económica a la que había entrado el año anterior. Sobrevivía la paridad 1 a 1 con el dólar, relación ficticia que entre otras cosas, hacía que a Bariloche no vinieran ni nuestros parientes a visitarnos. Se aproximaban tiempos electorales y llegaba a su fin la década menemista. Como siempre, los y las barilochenses clamaban por la llegada de la nieve, que hizo su arribo “en tiempo y forma”. En ese contexto, el 12 de junio, el que firma volvió a escribir para El Cordillerano.

Hoy se cumplen 20 años del reingreso, pero la intención no es aburrir a las y los lectores con nostalgias por los diskettes, el D.O.S o las corridas hacia los laboratorios fotográficos. El vigésimo aniversario puede servir para echar una ojeada rápida y sintética por la evolución de las artes, la cultura y los espectáculos en esta ciudad. Es que después de un breve paso por Catedral y por la búsqueda de historias de vida, este cronista retornó a la sección que ya había conocido en este mismo diario entre 1994 y 1995 y antes aún, en Diario Bariloche.

¿Qué 20 años no es nada? Para algunas facetas del quehacer artístico pareciera que sí pero para otras, resultará una eternidad, de tantos y trascendentes cambios. Como se verá, existían por entonces algunas deficiencias estructurales que vaya calamidad, todavía hoy están presentes. Pero como contrapartida, ciertas actividades protagonizaron una suerte de explosión cuyas ondas todavía se perciben y ojalá, no se extingan nunca. Organicemos el relato.

El boom del teatro

Dos década atrás estaba el Grupo Trampolín, con los ya legendarios Julio Benítez, Adrián Beato y Alicia Tealdi como pilares. No es que no hubiera más teatreros, claro que sí. Pero fuera de escena IVAD, la “institución” era Trampolín. En 2007, se fundó formalmente la Universidad Nacional de Río Negro, cuyas carreras comenzaron a funcionar un par de años después. La apertura de la Licenciatura y Profesorado en Arte Dramático en esta ciudad hizo que paulatinamente, la actividad desbordara sus anteriores cauces.

En los últimos años se multiplicaron los elencos y puede observarse un cruce generacional interesantísimo. No hace mucho avisábamos que “Salomé de chacra”, obra que se estrenó en 2018, participará de los XXX Temporales Internacionales de Teatro en Puerto Montt. Su elenco se integra precisamente, con gente de la vieja guardia y otra muy joven, que tiene o tuvo relación con la carrera universitaria.

En cuanto a estructura, la situación es relativamente peor a la de 20 años atrás: si crecieron exponencialmente los grupos, las obras y las funciones pero las salas son las mismas o inclusive menos, el deterioro es indisimulable.

Más allá del proyecto frustrado de aprovechar las instalaciones también frustradas del centro de congresos y convenciones, uno siempre se pregunta por qué ciudades más pequeñas que San Carlos de Bariloche albergan elegantes teatros y aquí, el lamento se hace eterno.

El FAB

Después de unos ensayos anteriores que pasaron por otras localidades de la provincia, a partir de 2013 se instituyó el Festival Audiovisual Bariloche (FAB), con la asunción definitiva de esa identidad. Su irrupción y continuidad cumplió un doble cometido: tomar nota del intenso movimiento que tiene la realización audiovisual en la región y al mismo tiempo, alimentarla con sus concursos anuales.

Gracias al FAB, supimos del trabajo de una legión de realizadores de Bariloche, que hacen largometrajes, cortometrajes, serie y videoclips, entre otros formatos. Durante las seis primeras ediciones, fueron varios los vecinas y vecinos que resultaron galardonados, entre ellos, Federico Palma, Fernando Molina (actualmente en Buenos Aires), Mariano Benito, María Manzanares, Jean Studler y la lista continúa.

Más allá de la crisis que se abatió sobre el conjunto del sector audiovisual desde 2016 en adelante, la dinámica local resiste, aunque enfrenta las mismas o más dificultades que en el caso del teatro: no hay salas para exhibir.

Fue significativo el caso de “El sacrificio de Nehuen Puyelli”, una película de José Campusano que se rodó en Bariloche, con buena parte de staff barilochense. Hubo que hacer malabares para poder exhibirla en la ciudad.

El arte

Hacia 1999, el circuito de la plástica y otras artes era más bien reducido, si se compara con las dimensiones que adquirió el movimiento del presente, cuando el arte contemporáneo de Bariloche ocupa un lugar de trascendencia no solo en el ámbito local, sino también a escala regional y a veces, nacional. Protagonistas del asunto ponen el punto de inflexión 10 años atrás, aproximadamente, cuando comenzó a trabajar en la ciudad el Sparring Tour que orientaba el curador trasandino Jorge Sepúlveda T. Fue precisamente él quien espetó alguna vez: “¿ustedes saben que existe una escena del arte contemporáneo en Bariloche?”

Claro que esa intensidad no nació de un repollo. Todavía lloramos a Ruth Viegener que era, además de enorme artista, incansable gestora de acontecimientos, junto con varias cómplices necesarias. Se vivió un efímero momento de esplendor cuando abrió sus puertas Farrarons Fenoglio Arte Contemporáneo, una galería que pudo cobijar durante su existencia multitud de manifestaciones que inclusive por sus dimensiones, no podían apreciarse en otros espacios.

Para el rubro, la carencia de salas adecuadas es especialmente asfixiante. No solo porque el SCUM, la sala Frey y demás espacios no están en condiciones de albergar exposiciones importantes que tengan como autores a creadores locales, sino porque cuando “bajan” de Buenos Aires muestras de trascendencia, saltan de Villa La Angostura hasta Esquel o viceversa. Bueno, cuando “bajaban”… Una vez más, desde 2016 hasta hoy, los circuitos públicos de circulación de arte se interrumpieron.

Las letras

Dos décadas atrás, en materia de literatura, todos los caminos conducían a Graciela Cros, Luisa Peluffo y Laura Calvo. Las tres persisten, a tal punto que estamos a la espera de la encomienda que traiga a Bariloche “Una posición propia”, nuevo lanzamiento de la primera (Espacio Hudson). Pero el panorama se agrandó notablemente con nuevos nombres de generaciones más recientes. Inclusive, muy recientes.

Para quienes escriben como manera de expresarse artísticamente, se produjeron dos novedades de fuste en el último lustro: la puesta en marcha del Fondo Editorial Rionegrino (FER) y de la Editora Municipal Bariloche (EMB), que desde el año pasado lleva el nombre de Juan Ojeda. Si bien el primer organismo data del retorno de la democracia, su trayecto tuvo más que ver con las penas que con las glorias, salvo el interregno de Juan Raúl Rithner.

Pero en 2015 inició una nueva etapa que permitió que varios barilochenses o vecinos de Dina Huapi llegaran al libro. Otro tanto sucedió aunque a menor escala con la EMB, si bien interrumpió el ritmo de sus convocatorias y por ende, de sus publicaciones. También hay que mencionar el trabajo de la Editorial de la UNRN, cuyas colecciones se abrieron a escritores ajenos al ámbito académico.

En definitiva

Faltaría hablar de la música, que también evidenció un crecimiento notable. Hace rato que las ofertas para el sábado a la noche, dejaron de limitarse a La Zanja, El Gallo Rojo o Mosca Roseta. La proliferación de los formatos digitales facilitaron la llegada al álbum de decenas de bandas o solistas barilochenses y en general, la actividad es efervescente en casi todos los géneros. Desafortunadamente, en algún recodo del camino se perdió la Semana Musical Llao Llao pero con el reciente FIMBA (Festival Internacional de Música Bariloche), se intenta recuperar un tanto del esplendor perdido.

En 2039, el que escribe debería estar plácidamente jubilado, aunque en la Argentina, nunca se sabe. Ojalá que quien tome la posta se canse de escribir sobre la cartelera del teatro municipal de Bariloche y de la sucesión de inauguraciones en la sala municipal de arte. Que no den abasto los y las futuras cronistas y se vean obligados a deambular entre la vigésimo séptima edición de la Fiesta de la Palabra y su par del FAB. Es que cuanto más cultura, más íntegras y felices las sociedades. Y disculpas para las disciplinas que no entraron en esta apretada recapitulación. Nos seguimos viendo.

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