Editorial
08/06/2019

Aunque vivamos en la montaña, dependemos de los océanos

Ayer (8 de junio) se celebró el Día Mundial de los Océanos para recordarle a la opinión pública global el gran papel que los océanos juegan en la vida de la humanidad. En realidad, en todas las formas de vida... Son los pulmones del planeta porque generan la mayoría del oxígeno que se respira. La conmemoración debió servir para concientizar sobre las consecuencias que depara la actividad humana en los océanos y para poner en marcha un movimiento mundial ciudadano en su favor.

La intención fue movilizar y unir a la población mundial alrededor de un objetivo: la gestión sostenible de los océanos. Éstos son una fuente importante de alimentos y medicinas y una parte esencial de la biosfera. En definitiva, la celebración se erigió en una buena excusa para detenerse en la belleza, la riqueza y el potencial de los océanos. Además, la ONU innovó en la versión 2019 del acontecimiento, ya que quiso vincularlos con la cuestión de género.

¿De qué se trata? La intención consistió en fomentar una mayor concientización sobre los océanos y las cuestiones de género. Por ejemplo, en descubrir las posibles formas de promover la igualdad de género en actividades que se relacionan con los océanos: la investigación científica marina, la pesca, el trabajo en el mar, la migración que se realiza por mar y la trata de personas, así como la formulación de políticas y gestión.

Al parecer, se reconoce cada vez más la importancia que tiene la igualdad de género en relación con la conservación efectiva y el uso sostenible de los océanos, mares y recursos marinos. Sin embargo, existen muy pocos datos e investigaciones sobre el tema. Una acción concertada hacia la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres y las niñas es necesaria en todos los sectores que se relacionan con el océano para alcanzar el Objetivo de Desarrollo Sostenible número 5: precisamente, la igualdad de género.

La ONU organizó una conferencia para celebrar el Día Mundial de los Océanos, que se concretó el viernes. En su transcurso, ponentes procedentes de buena parte del mundo se unieron para compartir sus perspectivas y desarrollar un mayor conocimiento sobre la relación océano-género. También intentaron descubrir posibles formas de promover la igualdad de género en las actividades que se relacionan con los océanos.

En forma coincidente, en 2019 se alzó la voz para expresar una demanda que es urgente: acabar con la contaminación por plásticos. La presidenta de la Asamblea General de la ONU, María Fernanda Espinosa, lanzó una campaña mundial a la que llamó “Play it out” (Juégalo), con la intención de terminar con la contaminación por plásticos. Como ya sabemos, décadas de uso excesivo y el aumento del consumo de plásticos de un solo uso llevó a una catástrofe ambiental mundial.

En la actualidad, 13 millones de toneladas de plástico se filtran en los océanos cada año, hecho que provoca, entre otros daños, la muerte de 100 mil seres marinos por año. Si bien se cree que la mayoría de los plásticos quedan intactos durante décadas o siglos después de su uso, los que se deterioran acaban convirtiéndose en micro-plásticos y los peces y otros animales marinos los consumen. De esa manera, se incorporan a la cadena alimentaria mundial.

Frente a esa perspectiva, todos y todas deberíamos esforzarnos por terminar con el uso del plástico, desde evitar las bombillas y las bolsas de plástico. En ese sentido, un año atrás se llevó a cabo la Conferencia de los Océanos, la primera conferencia de las Naciones Unidas sobre la temática. El acontecimiento representó una oportunidad única e inestimable para que el mundo pensara en revertir el deterioro de la salud de los océanos y los mares con soluciones concretas.

Además, el cónclave sirvió para fomentar la consecución del objetivo 14, que es parte de la Agenda 2030 que adoptaron los Estados parte de la ONU en 2015. El objetivo es conservar y utilizar en forma sostenible los océanos, los mares y los recursos marinos para el desarrollo sostenible. Por las dudas, recordemos que a través de su temperatura, su composición química, sus corrientes y en definitiva, con su vida, los océanos del mundo mueven sistemas que hacen que la Tierra sea habitable para la humanidad.

Las precipitaciones, el agua potable, el clima, el tiempo, las costas, gran parte de los alimentos e incluso el oxígeno del aire que respiramos provienen, en última instancia del mar y son regulados por este. Por otro lado, históricamente, los océanos y los mares fueron cauces vitales del comercio y el transporte. Hoy sucede otro tanto. La gestión prudente de los océanos en cuanto a recursos esenciales, es una característica clave del futuro sostenible.

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