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LITERALIDADES HILARANTES SOBRE FRASES POPULARES CONTEMPORÁNEAS

15/05/2019

Tajo

Es barilochense de tercera generación por parte de madre y su ascendencia paterna lo acercó desde muy joven a la comunicación y la palabra. Estudió Letras en la Universidad Nacional del Comahue. 

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Es cierto, su abnegada carrera había sido transitada durante los impulsos de energía favorable, y sus mejores pasos fueron logrados con desiguales gotas de abnegación y mares de fuerza cósmica. La mayoría del tiempo, su vida transcurría en la danza circular del mareo que el alcohol impone y tras bambalinas, varias de sus compañeras susurraban su burda y cruel etiqueta de borracha. “Borrachas las tortas”, escupía ella frente al espejo en camarines como una forma de canalizar su bronca y, acaso, exorcizar ese pesado epíteto.

Los juicios pueden edificar paredes infranqueables; limitan ladrillo a ladrillo las posibilidades de transformación propia de lo humano; hacen de la vida una hoja milimetrada en la cual las ondulaciones necesarias para la creatividad y la audacia quedan constreñidas al error o la inmoralidad.

“Racha”, como la apodaron en secreto sus compañeras de ballet, había conocido su celda por sutiles indicios. Gestos corporales, muecas, conversaciones que se apagaban sin razón aparente, desencuentros que suponía fruto de la casualidad. Pero su personalidad asentía; había adquirido, un poco por proyección y otro por disciplinamiento, los hábitos propios de quien inunda, sorbo a sorbo, el insondable pozo de su vacío.

A la distancia, siguiendo los hitos de su abrumadora fama desde la redacción de nuestro suplemento cultural, resultaba insólito lo ocurrido en aquella velada. En mi caso particular, esa incongruencia resultaba obscena, pues en la primera entrevista había propiciado su camino hacia el corazón y el caudal de su latido era avasallante. Capaz de derribar todos los diques con la misma fuerza con que la amapola vence al hierro. Había visto en primera persona cómo ese manantial emergía a borbotones en el escenario, encolumnando tras sí la claridad de su técnica, su flexibilidad, su magistral tiempismo, su bellísima asimetría, su arte.

Aquella noche estaba en la cima -su cuello erguido, sus piernas en un perfecto grand jeté horizontales- cuando su semblante cambió de manera casi imperceptible. Su comisura se pudo ver desde el pie del escenario y sus párpados se entrecerraron apenas. Al pisar el suelo, las articulaciones de su pierna izquierda no pudieron resistir y su rodilla derecha dio en el suelo haciendo un profundo tajo en su piel.

Los espectadores del Théâtre national de Chaillot la vieron tendida en el suelo con las banderas revolucionarias puestas en tiras sobre su naciente rótula.

En la boletería, el desconsuelo pedía agua en rebanadas, cortar el aire en pedacitos y pintar a baldazos los molares de la Vía Láctea, porque fue tajante el destino. Pobre Racha.

*Ariel E. García, es barilochense de tercera generación por parte de madre y su ascendencia paterna lo acercó desde muy joven a la comunicación y la palabra. Estudió Letras en la Universidad Nacional del Comahue sin relegar por ello su vocación de escritor.

Sus Literalidades son interpretaciones textuales de frases hechas cuyas metáforas son aceptadas por la cultura, lo cual representa a la vez un juego humorístico heredado y una puesta en cuestión del sentido común que fomenta el espíritu crítico.

Los textos conforman un libro cuya publicación se hace semanalmente en este diario.

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