Violencia y acoso en el trabajo por razones de género

Violencia y acoso en el trabajo por razones de género
Imagen meramente ilustrativa.

La violencia de género en el ámbito laboral es, según la ley 26485, “aquella que discrimina a las mujeres en los ámbitos de trabajo públicos o privados y que obstaculiza su acceso al empleo, contratación, ascenso, estabilidad o permanencia en el mismo, exigiendo requisitos sobre estado civil, maternidad, edad, apariencia física o la realización de un test de embarazo. Constituye también violencia (…) quebrantar el derecho de igual remuneración por igual tarea o función. Asimismo incluye el hostigamiento psicológico en forma sistemática con el fin de lograr su exclusión laboral…”.

Seguramente estarán pensando que la violencia laboral opera para todas las personas trabajadoras sin distinción. Partir de esa premisa, es como creer que los ámbitos laborales son neutrales al género y la realidad, demostrada vastamente con datos estadísticos y experiencias, es que tal neutralidad no existe. Lo que sí existe es ceguera a la perspectiva de género y sobre todo, de los estudios de masculinidades y es por ello que, también dentro del ámbito laboral, se continúan reproduciendo las desigualdades y subalternidades en lo que a subjetividades se refiere: las relaciones de género son relaciones de poder, y el poder y el reconocimiento siempre se han situado en un universal definido por lo masculino; de ahí que las particularidades se planteen como antítesis en esa relación dialéctica: mujeres, diversidad sexual y de identidad genérica nos constituimos en el espacio de lo público (el laboral) con desventajas evidentes y que se traducen en riesgos concretos.

Según la Organización Internacional del Trabajo, “el acoso sexual es una manifestación de relaciones de poder. Las mujeres están más expuestas a ser víctimas del acoso sexual precisamente porque se encuentran en posiciones de menos poder, más vulnerables e inseguras, a veces, tienen más baja autoestima y menor confianza en ellas mismas. Pero también pueden ser objeto de acoso cuando se las percibe como competidoras por el poder. Por tanto, el acoso sexual afecta a mujeres en todos los niveles jerárquicos y tipos de trabajo. “Entre 40 y 50 por ciento de las mujeres en la Unión Europea son víctimas de acoso sexual en su lugar de trabajo; en los países de Asia-Pacífico la incidencia es de entre 30 y 40 por ciento, claramente hay un tema de género” (OIT, 2016).

Estamos en riesgo, también en nuestros empleos (formales o no): la violencia y el acoso por razones de género atentan directamente con nuestro acceso, permanencia y posibilidades de crecimiento y desarrollo laboral y profesional: “Entre 2007 y 2017, fueron atendidas 4500 personas por la Oficina de Asesoramiento sobre Violencia Laboral. Si se consideran las denuncias del último año, la mayoría son mujeres que denuncian violencia psicológica y los señalados como acosadores, hombres de una jerarquía superior”. En el caso particular de las mujeres, el embarazo se posiciona entre las principales razones que disparan la violencia dentro del ámbito laboral. Sí, el embarazo…

Nota: Ante tanto varón descolocado con la visibilidad que han tomado estas problemáticas, es válido aclarar que el trabajo de revisión de prácticas que promueven estas violencias masculinas no lo podemos también hacer nosotras ya que, en este momento, estamos ocupadas tejiendo redes de defensa que nos permitan sostenernos entre nosotras.

“MIRÁ CÓMO NOS PONEMOS”

Belén Scalesa, Politóloga y Mgtr. en Género

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