2026-09-13

¿Quién fue la mujer que homenajea el complejo del cerro Catedral con su plaza?

En un ambiente que parecía para el disfrute de los sectores más acomodados, consagró una escuela de esquí a jóvenes de “menores recursos económicos”. Algunos de sus alumnos brillaron internacionalmente.

Casi al mismo tiempo que el centro de deportes invernales ideado por Parques Nacionales, comenzó a funcionar en el cerro Catedral una escuela de esquí que no tuvo como finalidad central el lucro. Aunque su mentora provenía de sectores muy acomodados, puso especial énfasis en apoyar a “las familias de menores recursos económicos”. A tal punto que ante determinados cambios que tuvieron lugar algo más de una década más tarde, lamentó que la “nueva comisión designada para administrar la escuela” le interesara “más el estatus social que el deporte”.

Lee también: Una cancha histórica de Bariloche está sepultada por toneladas de cemento

La historia tiene más de 80 años. “La escuela apadrinada y financiada por Catalina, una adinerada hacendada de Buenos Aires, soltera y sin hijos, comenzó a funcionar en julio de 1943, bajo la dirección de Antonio De Pellegrín, con 12 alumnos”, rescató Toncek Arko en un libro que, en realidad, tiene como finalidad puntualizar los 60 años del Ski Club Bariloche, que precisamente, se conmemoran en 2026.

Para que pudiera cumplir con su cometido, “Reynal compró esquís y fijaciones, botas, bastones e indumentaria de abrigo. Asimismo, logró que Parques Nacionales le ceda en préstamo durante los inviernos uno de los galpones que la empresa Nielsen, encargada de emplazar el Cable Carril, utilizaba para el alojamiento del personal”, señala la reconstrucción del especialista en historia de la montaña.

En declaraciones que recoge la publicación, Catalina sostuvo que “Antonio De Pellegrín se consustanció plenamente con la causa y también recibí apoyo del arquitecto Exequiel Bustillo y del coronel Napoleón Irusta”, personajes centrales para la historia de Bariloche en las décadas de 1930 y 1940. “En los inviernos de 1945, 1946 y 1947, logramos reunir y alojar a más de 30 muchachos al pie mismo del Catedral, de modo que pudieran hacer una práctica intensiva del deporte”, celebró.

Flanqueada por Gino de Pellegrin y Aristeo Benavides en la década de 1940. Gentileza Toncek Arko.

Si bien su iniciativa competía en los hechos con la escuela del Club Andino Bariloche (CAB), la obra de la filántropa recibió el apoyo de su presidente de entonces, Emilio Frey, y también de Carlos Oertle, “primer poblador del cerro Catedral”, puntualiza el rescate de Arko. Sucede que “el esquí siempre fue un deporte costoso, lo que motivó que se requiera apoyo para practicarlo, en especial desde las familias de menores recursos económicos”.

Del aprendizaje a los logros

En consecuencia, “la obra de Catalina logró un gran consenso en Bariloche y decenas de chicos aprendieron a esquiar por intermedio de ella, quien los proveyó de equipos y pagó sus instructores de esquí en invierno”, señala la averiguación. “La actividad se consolidó hasta el año 1953, cuando Catalina proyectó construir un inmueble donde albergar su escuela. En este interín, varios de sus alumnos se convirtieron en destacados deportistas y participaron en numerosas competencias locales e internacionales. De hecho, cuatro integrantes del primer equipo olímpico argentino, Pablo Rosenkjer, Gino de Pellegrin, Aristeo Benavides y Otto Jung, fueron alumnos de su escuela”.

Lee también: La Orquesta Infantil Argentina y Alba Carmona pondrán en marcha el FIMBA

Finalmente, logró “comprar un terreno en Catedral” y según el proyecto de refugio, “iba a tener una gran sala de estudios, además de confortables dormitorios y una manga como las de los bomberos, para deslizarse en caso de incendio, ya que sería construido integralmente de madera”. Si bien “debía edificarse en el término de dos años”, la filántropa “tenía sus dudas ante los avatares políticos que imperaban en Argentina”.

Todavía estaba el peronismo en el poder y “por aquel entonces, 1954, no estaban bien vistas las obras de beneficencia privadas”. En consecuencia, “temía por una expropiación de su escuela. Pidió una prórroga de un año para la obra, que le fue denegada. Asimismo, se le propuso que la escuela debía continuar operando por intermedio de la Fundación Evita. Catalina se excusó y en uno de sus viajes a Catedral procedió a regalar a cada alumno su equipo completo. La escuela dejó de operar como tal y solamente se contrataban el director e instructores”.

La última vez que vino a Bariloche, con los matrimonios De Pellegrin y Bustos. Gentileza Toncek Arko.

Esos avatares y otros que tuvieron que ver con situaciones más bien barilochenses, hicieron mella en el ánimo de Catalina Reynal. “El apoyo económico hacia la escuela mermó mucho y tampoco había una organización acorde para su funcionamiento.  Esto motivó que instructores y padres de chicos que esquiaban en la escuela inicien gestiones para mejorarla y lograr una mejor coordinación”.

“Al retirarse Antonio de Pellegrín fue reemplazado por Enrico Ovrum, campeón universitario de esquí en Noruega. Según Catalina, “fue muy buen profesor y muy querido por los alumnos. No obstante, sólo pudo trabajar dos años, ya que tenía que revalidar su título”. También detalló la mentora que en 1954 “el Estado intentó copiar su modelo de escuela y equipó en forma gratuita a un grupo de chicos de Bariloche”, menciona Arko.

“Los vistieron con ropa magnífica y los filmaron. Pero no pudieron lucirse mucho: para la temporada siguiente había caído el gobierno”, recordó la fundadora. Intentó rearmar su escuela, pero “los precios de los equipos de esquí se fueron a las nubes”, lamentó. Tampoco ayudó una cuestión doméstica: a la “nueva comisión designada para administrar la escuela le interesó más el estatus social que el deporte. Tampoco me brindaron un trato correcto”, afirmó.

Grato recuerdo

“A partir de 1969 Catalina dejó de concurrir a Catedral” y recién retornó a Bariloche muchos años después, “cuando su escuela solamente era un buen recuerdo. No obstante, siempre recibió el agradecimiento sincero de sus alumnos, muchos de los cuales, como Osvaldo Ancinas, Rubén Macaya, Pedro Klempa, Gustavo Ezquerra o Sabine Naumann fueron campeones argentinos de esquí”.

Más o menos por esa época compartió en la prensa que estaba “plenamente satisfecha, moral y espiritualmente”, respecto de la concreción de su escuela. “He tenido tropiezos y he recogido sinsabores, pero ello no cuenta ni queda en mi espíritu. El paisaje nevado y el espectáculo del esquí son suficientemente compensadores y hacen olvidar lo otro. Los resultados positivos son por demás conocidos: en la escuela se han formado muchos deportistas que llegaron a constituirse en campeones y hasta obtener consagración internacional”, valoró.

“El 18 de diciembre de 1993, al cumplirse 50 años de la creación de la escuela, se inauguró oficialmente la plaza principal del centro invernal y se la bautizó Plaza Catalina Reynal”. Por entonces, la homenajeada “residía en Buenos Aires” y sus alumnos todavía “la recordaban con cariño”, subraya el rescate de Arko. Falleció el 10 de junio de 1999. Estaría bueno que los miles de visitantes que pasan por el complejo cada año supieran el porqué del reconocimiento.

El libro de Arko sobre el Ski Club Bariloche puede leerse en:

Ski Club Bariloche 60 años

 

Te puede interesar