2026-09-04

CONFLICTOS DEL PRESENTE TIENEN ORIGEN EN AQUELLOS TIEMPOS

Dos familias estadounidenses anduvieron a balazos en el Bariloche de los comienzos

Aunque las dos provenían del mismo país, no fue extraño que sacaran a relucir los respectivos Winchester.

No solo en la actualidad hay conflictos entre vecinos en Bariloche y zonas aledañas por la ubicación de determinado alambrado, por la propiedad del ganado o por la titularidad de campos. A comienzos del siglo XX fueron un clásico las encendidas diferencias entre dos familias de origen estadounidense que quedaron en las narraciones históricas como pioneras. Una de ellas tenía una historia de auténticos cowboys, de manera que las armas siempre estaban a mano.

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A una de las protagonistas del relato la recuerda una calle en la zona del Ñireco. “Sabía carnear y rastrear animales, hacer jabón y velas”, además de “manejar un Winchester como un hombre”. La familia de su marido cuestionó que no tuviera problemas con “dormir en el suelo o criar a sus hijos en una toldería”. Hacía tiempo que residía por estos pagos, pero para Fanny Taylor de Newbery la vida se tornó más ardua a partir de 1935, cuando murió su esposo George.

La pareja había llegado a la zona al seguir el camino de Ralph, célebre dentista del presidente Roca que, al considerar su consejo, se hizo de vastas extensiones de tierras después de la Campaña al Desierto. Según los recuerdos familiares, fue en verdad Fanny quien mejor se desempeñó en el ámbito rural porque tenía origen granjero en la lejana Ohio, medio oeste de Estados Unidos.

Aquella muerte significó una previsible crisis. “La vida se hizo entonces bastante dura, pero Fanny no era mujer de aflojar, y se mató tratando de conservar la estancia”, cuyos dominios se extendían desde el Nahuel Huapi hacia la zona de Traful. “Se vivía modestamente. Los ocasionales huéspedes pescaban truchas y salmones y las manzanas eran deliciosas”, según aportó en su oportunidad un recuerdo familiar.

Rehízo ese fragmento de su historia Adela Parker Newbery, sobrina nieta de la estadounidense que se aquerenció en cercanías del legendario lago. Un escrito de su autoría ofició de fuente para el diario capitalino La Nación, que 26 años atrás, publicó un extenso artículo que, en verdad, tenía como personaje principal a Jorge Newbery, el hijo de Ralph que alcanzó notoria celebridad como pionero de la aviación, deportista e impulsor de la actividad petrolera en la Argentina.

Fanny en su ancianidad. Colección Vallmitjana en Archivos del Sur.

Poco menos de 100 años atrás, “el régimen era muy severo: no se podía visitar a ningún vecino sin permiso de Fanny”, reconstruyó su descendiente. “Mamá siempre se acordaba de los cowboys que acamparon en el fondo de la quinta con carpas y se quedaron meses, hasta que salían a sus destinos. Ella y sus hermanos les enseñaban a tomar mate y algunas palabras en español. Todo fracasó. Los arreos de miles de animales jamás llegaban a destino”, lamenta el testimonio.

Odio en los campos

“En una estancia cercana vivía el odiado Jarred Jones, el texano, con su familia. Fanny vivía pleiteando con él por alambrados, por desaparición de animales, por cualquier cosa y Jones le tenía bastante miedo”, según Adela. Curiosamente, Jones había llegado a Nahuel Huapi como consecuencia de un contrato que había celebrado décadas atrás con el mismísimo Ralph Newbery.

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Cuando se produjo el deceso, la viuda ya contaba con alrededor de 60, pero “los años no le quitaron nada de su energía y decisión. En invierno se quedaba sola: a nadie se le hubiera ocurrido entonces hacer deportes invernales. En el cerro Catedral hacían esquí algunos extranjeros, pero la industria de la nieve surgió muchos años después”, recordó Parker Newbery. En realidad, por entonces el lugar para el esquí en Bariloche era todavía el cerro Otto.

Bastante más cerca en el tiempo, para 1960, “Fanny era la norteamericana más anciana de la Argentina. Había pasado los 80 años cuando Eisenhower hizo una visita al país. En su programa estaba incluido conocer Bariloche y a Fanny. El encuentro no pudo concretarse, sino tiempo después, y en la mismísima Casa Blanca”, aportó su sobrina nieta. El presidente estadounidense visitó el país cuando era presidido por Arturo Frondizi y, en efecto, estuvo en esta ciudad. Permaneció durante casi tres jornadas.

Para la viuda de Newbery, “los años habían pasado, los precios de la lana ya no eran lo que habían sido y la estancia grande fue vendida”, continúa el relato de Adela. No obstante, Fanny y sus hijos retuvieron “un lugar de belleza impresionante, llamado Paso Coihue”, precisamente escenario de conflictos territoriales hoy mismo. La mujer que supo valerse del Winchester años atrás “se instaló en la casita de madera con un viejo peón, Curiqueo”.

Aunque con menos velocidad que en el presente, la población tendía a crecer y entonces, “ya no estaba tan aislada. Había ranchos y familias cada tantos kilómetros (sic). Con un tiro al aire podía solicitar auxilio en alguna emergencia y las tuvo”. La expresión no es una ocurrente metáfora, porque efectivamente, así sucedió: “se incendió la casa y aparecieron los Jones, que siempre estaban presentes cuando necesitaba ayuda”, aclara el testimonio.

Es que, a pesar de las diferencias y la rivalidad, “nunca le fallaron”. Según su pariente, la irascible Fanny “podía estar peleada con el viejo y amenazarlo de muerte. Eso no importaba. Creo que hasta les divertía. Pero, como buenos vecinos, ahí estaban para dar una mano. Apagaron el fuego, lo cargaron a Curiqueo desvanecido en el auto y lo llevaron a Bariloche”, completa el relato de Parker Newbery. El texano vivió hasta los 93 años, mientras que la nacida en Ohio falleció en Buenos Aires en 1966. Aquellos sí que resultaron buenos vecinos.

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