Bariloche esquina Bolivia: fe y danza, desde el país andino a la Patagonia
Días atrás, en Bariloche, los colores y los bailes se adueñaron de las calles Onelli, Fagnano, Elordi y 25 de Mayo, a partir de una peregrinación vinculada con una celebración religiosa muy popular en Bolivia. Incluso, se desarrolló una misa en la capilla Santo Cristo, porque la cuestión se relaciona con una festividad católica centrada en la Virgen de Urkupiña, patrona de la integración boliviana.
En territorio andino, su fiesta es una explosión de brillo, música y una armonía particular entre el catolicismo y las tradiciones de aquella región. Y un pedacito de todo eso se trasladó, recientemente, a suelo barilochense.
Trajes típicos.
La Virgen de Urkupiña es venerada en Quillacollo, a unos pocos kilómetros de la ciudad de Cochabamba, en Bolivia. “Danos salud para seguir adelante, paz para nuestros hogares, trabajo digno para cada día y unión en nuestras familias”, dice en una de sus partes una oración dedicada a ella. También cuenta con un himno que suele cantarse a viva voz cuando se la evoca: “Somos peregrinos de lejanas tierras, llegamos cargado de hondas penas…”.
La fecha en su honor es el 15 de agosto, aunque en Bariloche, este año, el festejo principal se realizó el sábado 22, y, como es costumbre, fue acompañado por caporales, tal la denominación de una danza folklórica característica del Altiplano andino.
La celebración incluye una misa.
“Los caporales representan al mulato, una mezcla de raza negra y blanca, preferido del patrón”, explica Pablo Olaizola, referente en El Bolsón de la agrupación los Auténticos caporales de Quilmes, detallando que la danza refleja simbólicamente tiempos de virreintato, a través “del baile ágil de los varones y la hermosura graciosa de las mujeres”.
Pablo señala que el baile surgió en La Paz, Bolivia, a finales de los sesenta, de la mano de los hermanos Estrada Pacheco, apasionados del folklore de aquel país, y que la vestimenta incluye blusas coloridas, pantalones anchos y grandes sombreros, como los que se utilizaban “para opacar el sol en la época colonial”. Además, señala que se suman elementos como “el látigo, mientras que las botas llevan cascabeles, para simular el ruido que hacían las cadenas que llevaban los esclavos al caminar”.
La filial patagónica de los Auténticos caporales de Quilmes.
Sobre su arribo con la familia a Bolsón y la presencia de los Auténticos caporales de Quilmes en la región cuenta: “La agrupación se formó en el 2000, en la provincia de Buenos Aires. Diez años después, cuando nos mudamos a la Patagonia, siguiendo con nuestra cultura, ya que somos hijos de padres bolivianos, armamos un pequeño grupo de danza, para mantener vivas nuestras costumbres. Asimismo, el 8 de diciembre de 2010 trajimos a la Virgen de Urkupiña, y desde entonces, cuando llega ese día, celebramos. Llevamos dieciséis años de fiesta en El Bolsón, donde, para ese momento del año, cada vez vienen más peregrinos, en una celebración que se va ampliando”.
Refiriéndose al origen de la devoción de la Virgen de Ukupiña, narra: “Ella apareció por primera vez en un pueblito llamado Quillacollo. Dicen que fue encontrada por una pastorcita que iba con sus ovejas, ante quien se presentó la Virgen entre medio del cerro”.
Hace cuatro años, Olaizola le obsequió a Janneth López, referente en Bariloche de la filial patagónica de los Auténticos caporales de Quilmes, una imagen de la Virgen proveniente de aquel poblado boliviano. Desde entonces, la mujer se transformó en su guardiana, y así como en El Bolsón lo hacen durante diciembre, en esta ciudad también comenzaron a hacerlo, pero en agosto, mes de su veneración.
Imágenes religiosas.
De esa manera, Janneth se encarga de lleva adelante la celebración en Bariloche, que es antecedida por una novena: “Durante nueve días, rezamos el rosario”, apunta, aclarando que a la fiesta se llega a través de una labor colectiva, donde algunas personas se encargan de hacer la comida, otras de adornar el lugar, de preparar la decoración e incluso de disponer un altar para la Virgen.
Porque, tras una misa, se realiza la procesión y luego, en un salón, se come y se baila. La propuesta atrae a mucha gente. Por ejemplo, este año se acercaron cerca de trescientas personas.
Las familias que custodian las imágenes de la Virgen de Urkupiña en El Bolsón y Bariloche.
Por otra parte, en lo referido a la música, Janneth dice que suelen convocar a integrantes de la banda de la Escuela Militar de Montaña, ya que varios están destinados en la ciudad pero provienen de provincias como Jujuy y Salta, por lo que conocen melodías andinas y tocan canciones del folklore boliviano.
La mujer aclara que, en la localidad, hay otras dos imágenes de la Virgen de Urkupiña, por lo que también se hacen otros encuentros para venerarla.
En cuanto a la filial patagónica de los Auténticos caporales de Quilmes, informa que, en la actualidad, cuenta con treinta y cinco miembros, en su mayoría de Bariloche, más allá de los impulsores de Bolsón. Como no tienen una sede, suelen ensayar en la casa de algún integrante durante el invierno; en verano, en tanto, se reúnen en alguna plaza o en el velódromo.
Bailando en las calles barilochenses, en tiempo de carnaval.
Janneth, en la actualidad, se dedica especialmente a la organización, ya no baila, pero sí lo hacen sus tres hijas y su marido.
El matrimonio y dos de las chicas son bolivianas, mientras que la más pequeña nació en Argentina.
La familia vino a Bariloche en 2007, en busca de un destino laboral. Primero arribó Ladislao, el esposo, a probar suerte. A los pocos meses, desembarcaron Janneth y las hijas mayores, Marian y Estefhany. Luego, ya instalados en la localidad, llegó al mundo Alisson.
“Yo ya tenía familia en la ciudad, tíos que nacieron aquí”, indica la mujer, oriunda de Cochabamba.
Estefhany , Marian y Alisson, hijas de Janneth.
“La comunidad boliviana en Bariloche es muy grande”, apunta, recordando que antes, cada 6 de agosto, día patrio boliviano, se realizaba en la localidad una fiesta importante de la comunidad de aquel país, pero que luego la costumbre fue mermando hasta desaparecer.
Janneth volvió varias veces a Bolivia. En 2011, porque falleció el padre; en 2020, antes de la pandemia, fue para visitar a la madre; en 2025, una vez más, se acercó a ver a la mamá. “A pesar de que aquí tengo muchos amigos argentinos, que me han tratado como su igual, porque son muy cariñosos y solidarios con la gente de Bolivia, extraño mucho. Sobre todo, a la familia”, se sincera.
“A mis hijas les enseñé que si les dicen ‘bolivianas’ no es una ofensa. Somos bolivianos y tenemos que estar orgullosos de nuestro país”, concluye.
La Virgen de Urkupiña genera una celebración religiosa que une fe y danza.