ESPECIALISTAS LOCALES SIGUEN CON ATENCIÓN LOS SUCESOS
Los incendios que asolan Europa, ¿pueden reiterarse al norte de la Patagonia?
Incendios de dimensiones descomunales en España, en Bélgica y en Grecia. Fuegos menos espectaculares, pero no menos destructores en Francia e incluso en Alemania. Con buena parte de Europa bajo las llamas, casi que la pregunta que se formula sola: ¿pueden suceder en el norte de la Patagonia el próximo verano? Y otras dos: ¿qué ven los especialistas desde Bariloche y a qué aprendizajes es posible acceder a partir de la traumática experiencia europea en curso?
“Lo primero que vemos es que los incendios ya no pueden analizarse como problema de supresión o de combate”, analizó a invitación de El Cordillerano Javier Grosfeld, reconocido especialista en la temática e investigador del CONICET en el Centro Científico Tecnológico Patagonia Norte. “Todo lo que está alrededor del fuego está cambiando, con períodos excepcionales de calor, déficit de precipitaciones, baja humedad y vientos. Cuando todo coincide, genera condiciones ideales para los incendios se propaguen muy rápidamente y con mucha virulencia. Eso es lo que se está observando no solo en Europa y Patagonia, sino también en otras partes del mundo”, describió el biólogo.
A propósito, “las temporadas de 2025 y 2026 fueron muy ilustrativas en nuestro caso: temperaturas superiores a 30 grados, vientos fuertes, baja humedad y un déficit de precipitaciones que se viene acumulando hace 20 años. Veremos como viene este con el fenómeno de El Niño, que prevé mayores lluvias para la región”, alentó Grosfeld. “A esa combinación se le llama Factor 30, y hace que los fuegos se propaguen rápidamente”.
En el verano europeo “estamos viendo tres cuestiones: primero, cuán seco está el paisaje antes de que empiece la temporada de incendios. Después, cómo se distribuye la vegetación o combustible vegetal a escala del paisaje, porque la estructura de la vegetación puede ofrecer ventanas que permitan acciones para combatir exitosamente algún frente del fuego. Y tercero, lo que sucede con las personas, las viviendas, la infraestructura y toda la interfase con las actividades productivas, también en relación con el combustible vegetal”, describió.
Grosfeld y el célebre alerce milenario de Chubut.
La realidad impulsa “un cambio de enfoque: hace unos cinco años atrás hablábamos solo de combate, pero hoy sabemos que no alcanza con tener buenos combatientes y muchas aeronaves. Hay que trabajar todo el año en prevención, monitoreo, reducción de combustible, manejo del paisaje, alerta temprana, planificación territorial y, sobre todo, en preparación comunitaria”, señaló el investigador.
En común y diferentes
Con Europa hay diferencias y similitudes. “En común tenemos los efectos de la crisis climática y el calentamiento global. Europa está pasando por sucesivas olas de calor cada vez más intensas y Patagonia también. Este verano tuvimos la más intensa que hayamos registrado. Nuestras experiencias de 2021, 2025 y 2026 con grandes incendios, ya demostraron que la misma combinación que se da en Europa, se dio en Patagonia. Sin embargo, hay diferencias”.
A propósito, “en Europa el paisaje no es homogéneo, en Patagonia tampoco, pero sobre todo el Mediterráneo europeo y el Atlántico francés son paisajes que tienen una larga historia de incendios, pero también de mayor uso. Eso hace que la heterogeneidad espacial sea muy importante, cosa que acá no es tan clara. En Patagonia norte, los bosques nativos cubren extensas superficies, además de las estepas y matorrales de topografía muy compleja, con muchas pendientes y exposiciones”, recordó Grosfeld.
Esas características “hacen que el combate sea difícil. Como acá tenemos una menor densidad poblacional, los incendios que se originan en rayos suceden en situaciones muy alejadas y de muy difícil acceso, que dificultan el combate. No deberíamos copiar el modelo europeo, pero sí tratar de aprender: cuando el incendio adquiere ciertas características, la estrategia deja de consistir en apagar solamente el fuego y, sobre todo, pasa por proteger a las personas y la infraestructura”, evaluó.
Un combatiente camina por una zona quemada en la isla de Salamina (Grecia). Foto: Euronews.
Afortunadamente, voces de distintos orígenes pronostican una prolongación de la humedad hasta octubre. “El Servicio Meteorológico Nacional y otros a nivel mundial hablan de que estamos en una fase cálida de El Niño. Se está corroborando y lo que en general trae para la Patagonia son condiciones más húmedas, pero depende de la región, porque no es lo mismo Neuquén o Río Negro que Chubut para sus efectos”, advirtió el especialista.
En consecuencia, “no podemos afirmar que el próximo verano vaya a ser exactamente igual al europeo, pero El Niño por sí solo no permite afirmar que la próxima temporada de incendios va a ser más intensa o no, ya que depende de combinaciones más complejas”, aclaró. “Hay que tener cuidado y no cometer errores, como decir que el próximo verano tendremos seguramente una catástrofe como la de Europa, porque no existe evidencia. Tampoco pensar que como se produce El Niño, no vamos a tener problemas. Eso puede fluctuar”, insistió.
En cambio, sí “se puede decir que deberíamos prepararnos. La experiencia reciente en Patagonia demuestra que ya tuvimos condiciones similares a las que hoy generan estos grandes incendios en Europa. El problema no es solamente que aumente la temperatura media, sino que aumente la frecuencia e intensidad de estas combinaciones: olas de calor, falta de humedad y vientos. El indicador que tenemos que mirar no es solamente cuántos grados va a hacer, sino en cuántos días vamos a tener condiciones meteorológicas que hagan que un incendio, una vez iniciado, se pueda volver imposible de controlar”, subrayó.
Política permanente
A partir de tales certezas, “la prevención tiene que pasar de ser una campaña estacional o de educación ambiental a convertirse en política permanente, sobre todo, de manejo del territorio. En Europa y Estados Unidos se ve que no alcanza con aumentar los medios de combate cuando llega el verano, sino que hay que anticiparse con sistemas de alerta temprana cada vez más sofisticados, información satelital en tiempo real, datos meteorológicos, identificar sectores críticos y trabajar durante otoño, invierno y primavera sobre la reducción del combustible a escala de paisaje”.
Por las dudas de que alguien empuñe la motosierra sin mayores precauciones, aclaró Grosfeld que “no se trata de limpiar el bosque indiscriminadamente, sino de hacerlo en lugares estratégicos y proteger viviendas e infraestructura crítica”, recomendó. “Cuando se dan las condiciones, por ejemplo, las quemas prescriptas pueden sumarse a una estrategia integral”. Nadie en el norte de la Patagonia quiere pasar por la misma situación que Europa en su verano.