2026-07-26

TESTIMONIO DE UN VIAJERO DESCONOCIDO

Bariloche en 1910: “aspecto triste” y con “basuras” en la calle

En 1912 se publicó en Barcelona el libro de Santiago Pusso, un "escritor argentino" que navegó por el Nahuel Huapi y desembarcó en el poblado. Destacó bellezas, pero no ahorró críticas.

La portada no es muy marketinera. Aclara que el autor del libro, el ignoto Santiago Pusso, es “escritor argentino”. Su título: “Viajes por mi tierra”, con subtítulos “Al Iguazú”; “Al Nahuel Huapí” y “Por las costas del sur”. Llamativamente, tratándose de un connacional, se publicó a través de una editorial de Barcelona: Casa Maucci. El autor dató el prólogo en 1912, pero sus periplos se extendieron entre 1909 y 1910. Prácticamente desconocida por estas latitudes, su obra contribuye a evocar qué fisonomía presentaba Bariloche cuando apenas contaba con 500 habitantes, según el cálculo del visitante.

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Al igual que el francés Jules Huret poco tiempo después o que Ada María Elflein en 1916, Pusso ingresó al área desde Chile. El visitante encontró particularmente trabajoso el cruce de la cordillera después de abandonar la jurisdicción del país vecino: “Llegado al Lago Frío, que es la quinta etapa, se dejan las cabalgaduras y en un segundo bote, ya que el pequeño vapor que antes lo cruzaba, descansa de sus fatigas, enfermo y moribundo, se traspone en media hora a cuatro remos la corta distancia de 10 kilómetros que hay hasta la curva tercera, llamada Puerto Alegre, por donde derrama el lago sus aguas al puerto Blest, que es el brazo Este del Lago Nahuel-Huapí”. Consecuencia de una desatención o de un error de imprenta, en el libro dice Blast.

El relato del viajero se deshace en elogios hacia las bondades del paisaje y la calidad del aire. Después, consigna la precariedad que por entonces caracterizaba a la infraestructura que sostenía el tráfico comercial. “Llegado a este pequeño embarcadero, nunca me hubiera imaginado que por tan modestísimo (sic) muelle de rudimentarios palos y escasas tablas, pudiera transportarse animales y frutos del país que de la Argentina son llevados a Chile para Alemania, los últimos, y ¿por cuáles medios? menos lo hubiera soñado: dos grandes chatas remolcadas por otros dos botes a cuatro remos cada uno, hasta el muelle mayor de la cabecera del Lago Frío”.

A diferencia de otros testimonios contemporáneos, Tusso reparó en las impiadosas condiciones laborales que padecían los empleados de la empresa que, por entonces, era dueña y señora de estas latitudes, además de reparar en una modalidad de contrabando. “Este prodigio de fuerza humana, inútilmente gastado, es digno de que se censure duramente a la Compañía Chile Argentina por su incuria y abandono del vapor descompuesto que tiene ahí amarrado a la destrucción del tiempo, y también es triste pensar que nuestros productos tengan que ser llevados a los puertos de Chile para expedirse a Europa y con objeto de no pagar derechos hacerlos pasar como productos chilenos, en virtud de las franquicias que tiene la Compañía; todo lo que demuestra la urgente necesidad de terminar la línea de ferrocarril de San Antonio”, opinaba el autor. Cabe recordar que la línea férrea en cuestión recién llegó a Bariloche 24 años más tarde.

Tracción a sangre

No obstante, el viajero también incursionó en el humor al referirse a la curiosa vía que llevaba de Puerto Alegre a las costas del Nahuel Huapi, por cuyos rieles transcurría un aparatoso vehículo que movía un buey, como ya comentó varias veces El Cordillerano. Avancemos con Tusso hasta su desembarco en el área que hoy ocupa Puerto San Carlos. “En puerto Blest, séptima etapa (de su viaje), que se halla a 740 metros sobre el nivel del mar, se toma a las cinco de la tarde del mismo día de salida de Peulla, el vapor Cóndor, de igual fuerza y marcha a los anteriores (los que habían navegado el lago Todos los Santos), y en cinco horas, más o menos, se anda en Bariloche, octava y última etapa, amarrando al muelle más cómodo y original que haya visto, porque tiene además de la plataforma superior, otras dos laterales una por banda, que por túneles a mitad de su altura y con portalones a mitad y extremo del muelle permiten verificarse el movimiento de carga y descarga de mercaderías por una trocha o vía, también de rieles de madera, por cuanto aquí como en Chile abunda la madera, y como tiene el túnel bastante altura, permite pasar la hacienda muy cómodamente hasta las chatas amarradas a su costado, sin que el animal se espante, se lastime ni cueste trabajo el traspaso”. Impronta muy ganadera tenía entonces el mismo sitio que hoy es atractivo turístico.

La portada scaneada del libro desconocido.

A pesar del seguro cansancio o precisamente a raíz de ese estado, Tusso desembarcó con mucho gusto. “Como fuera más fácil descender del vapor y entrar por el túnel, evitando planchadas, así se hizo a las once de la noche, marchando a pie en grata compañía de varios caballeros y del simpático administrador de la compañía don Carlos Boos, que acudieron a la llegada del vapor, lo que siempre es un feliz acontecimiento para los viajeros que llegan a esta apartada población, hoy popular por las quejas de los chilenos y de los bandoleros”.

Al igual que Huret poco tiempo después, el argentino criticó el servicio que decía brindar el hotel “Perito Moreno”, que tenía como gestores a “un matrimonio robusto; el marido gallego y la mujer andaluza”. Tampoco fue del todo benévola la descripción que legó sobre el poblado que hoy habitamos: “Bariloche, hermosa población para trazarse y formarse una villa pintoresca por la colina que desciende en pendientes ya suaves o fuertes. Sus casitas de madera, bonitas algunas, le dan un aspecto agradable y pintoresco, pero no hay concierto en la edificación escasa, a pesar de estar delineadas las calles y solares. Como también se acostumbra a pintar los frentes, si lo estuviesen todos, lucirían mucho, mejorando el aspecto triste y desaseado del exterior; como también si se ordenara no arrojar las basuras a la calle, ordenanza muy sabiamente dictada por la municipalidad de Trelew y que el viajero la celebrará siempre en su honor”, comparó el visitante. Pareciera que no todo tiempo pasado fue mejor.

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