El centro barilochense antes del partido con Inglaterra: vidrieras que “hablan” y el sentimiento a flor de piel
En el centro de Bariloche, durante los momentos previos al partido con Inglaterra, los signos de que algo importante está por suceder son inequívocos.
Es verdad, es sólo fútbol. También es cierto que, en este caso, los sentimientos no saben de razones y traicionan la formalidad. Incluso, la corrección.
Entonces, si un nene les pregunta a los papás qué es lo que sucede, por qué tanto revuelo, una opción sería tomar algún libro de historia (o, en los tiempos que corren, cuando todo parece estar a un click de distancia, buscar en Google). Pero incluso así sería difícil de explicar.
Los colores sobre la piel... y los vidrios de diversos comercios.
Para los que tienen —tenemos— cierta edad, el asunto es claro, aún en la confusión de pretender ser racional y querer pensar que es un partido más. Es decir, a pesar de buscar una coherencia razonal, el pensamiento lleva a afirmar que, precisamente, no es un partido más.
Todo tiene un matiz especial.
Así, en la calle Mitre barilochense, mientras una chica ataviada con un gorro albiceleste fala (porque lo dice en portugués) con turistas brasileños, ofreciéndoles trocar dólares o reales por pesos argentinos, detrás se ve una bandera con un insulto a Inglaterra. Obviamente, el tema no pasa por ahí. Pero, como se advirtió en estas líneas, la cuestión va más allá de la sensatez. Es un asunto que toca las vísceras.
Un asunto que llama a expresiones desmedidas.
Pasan algunos turistas que compraron paraguas con los colores de Argentina y los comercios están prontos a cerrar (varios de ellos lo anuncian con cartelitos en sus puertas). Los restaurantes y cafés que cuentan con televisores son la excepción, porque permanecerán abiertos y dos horas antes del partido ya están repletos. En algunos de los establecimientos gastronómicos tomaron el resguardo de pedir un monto mínimo de consumición.
Algunos comerciantes, en los restaurantes que transmiten el partido, optaron por fijar una consumición mínima.
Y luego están las vidrieras, que terminan de complementar un panorama mundialista. No es que fueron adornadas para el encuentro contra Inglaterra, sino que acompañaron el trajinar del plantel en el Mundial con referencias diversas, y ahora, ante la cercanía del partido, el marco parece tornarse particularmente especial.
De esa forma, en los locales abundan las banderas, pero son las imágenes pintadas en algunos de los vidrios las que llaman más la atención. Varios Maradona y Messi, camisetas, la copa y demás…
Messi y Maradona.
Y, a todo esto, quizá, para explicarles a los chicos la razón por la que este no es un partido más, una opción sería simplemente dejarlos sentir el pulso que se vive en las calles y contarles, mientras tanto, algo de lo que sucedió no hace tanto, con las vidas que cayeron en Malvinas (ya habrá tiempo para hablar de los más de quinientos años de historia que nos vinculan con unas islas tan cercanas en su lejanía). Y ellos, en algún tiempo, cuando tengan que transmitirles a sus propios hijos de qué se trata la cuestión, tal vez, recurran al recuerdo de este día.
Un sentimiento que trasciende.