Una muestra en la sala Frey pretende “mostrar lo que no se ve pero se siente”
El chechén es un árbol originario de la península de Yucatán, México, cuya madera es utilizada para construir casas y muebles, pero su savia es tóxica, ya que posee un componente que causa dermatitis. Más allá de eso, el árbol forma parte de una leyenda maya. Pero Cristhian no tuvo tanto en cuenta el factor mítico a la hora de escoger como seudónimo aquella denominación, sino su sonoridad, que le remitía a un eco patagónico, pensando también en pueblos indígenas, pero de esta parte del mundo. Chechén es un artista plástico oriundo de San Antonio Oeste, aunque ha hecho del camino su vida, ya que, más allá de momentos de residencia en Buenos Aires y La Plata, recorrió varios senderos de Latinoamérica, plasmando obras en diversos sitios, pintando tanto lienzos como murales. Hace apenas unos meses, retornó de una de esas experiencias vivenciales, en este caso, de Panamá. “La ruta del arte te lleva por distintos caminos”, señala Chechén en la sala Frey, ubicada en el Centro Cívico, donde está exponiendo la muestra Rituales del alma, obras incompletas, con curaduría de Enry Queiz.
El artista cuenta que, más allá de la pintura, le gusta construir diversos elementos en cerámica: “Desde muy chico trabajé mucho la tierra, por lo que estoy muy conectado con ese oficio, ligado al barro”, explica Chechén, que tiene treinta y cuatro años y siendo aún pequeño comenzó a transitar la senda del arte.
Junto a algunos de sus cuadros.
La exposición en la sala Frey abarca desde dibujos de escasas dimensiones a cuadros de gran tamaño. De algún modo, su obra presenta una transformación continua. Incluso, el material que se ve colgado en las paredes muta en la producción de grabados en artículos textiles, por ejemplo. De esa forma, en ese espacio del Centro Cívico, tras atravesar las pinturas se llega a un rincón con carteras y diversas prendas que reproducen su arte. La venta de esos productos, junto a la comercialización de las pinturas, le permite avanzar a través de la autogestión.
Productos con su impronta artística.
Quienes visiten la sala Frey quizá lo encuentren pintando. “Cuando llego a un lugar me pongo a producir; es parte del oficio”, expresa.
“Siento que tengo ‘pilas’ para seguir viajando y tratar de encontrar mi lugar en el mundo, siempre en conexión con el mar o el lago”, dice, resaltando su relación con el agua: “Bariloche es uno de los pocos lugares en el mundo donde aún se la encuentra en un estado de pureza”, remarca al respecto.
Un arte en continua mutación.
A la hora de evocar algún momento trascendente de su experiencia como artista viajero, menciona un paso por Michoacán, México, que coincidió con el Día de los muertos, con todo lo que eso significa en aquella tierra. Justamente, la muerte como factor vinculado al arte aparece también desde una foto pegada en una de las paredes de la sala Frey, ya que en la imagen se ve un mural que el nacido en San Antonio Oeste realizó en un cementerio de La Paz, Bolivia.
Checén afirma que, a través de sus creaciones, pretende “mostrar lo que no se ve pero se siente, la energía, la parte espiritual”.
El artista desea volver a viajar pronto por Latinoamérica.
“Su obra no representa identidades cerradas, sino estados de transformación, fuerzas protectoras y formas de relación entre lo humano, lo animal y lo natural”, opina Enry Queiz, curador de la muestra, que también reflexiona: “Las imágenes de Chechén surgen de un ejercicio constante de observación y conexión con aquello que permanece vivo en la memoria cultural y cosmovisión de los territorios que atraviesa”.
Fotos que muestran algunos de los murales en que Chechén intervino.
“Ninguna pieza concluye en sí misma. Cada una funciona como fragmento de una investigación visual más amplia que continúa en otras obras, otros muros, otros viajes y otras experiencias compartidas. Lo incompleto aparece entonces no como falta, sino como potencia. Devela la posibilidad latente de seguir creando, desplazando sentidos y construyendo nuevas conexiones”, aprecia el curador.
La sala Frey, por estos días, muestra el universo creativo de Chechén.
La muestra podrá visitarse hasta el domingo 21 de junio.