2026-06-10

Desarrollo urbanístico del cerro Catedral: voces a favor y en contra

Se realizó una caminata con la idea de plantear objeciones a la propuesta y el consultor que realizó el informe ambiental afirma que el proyecto es “absolutamente viable”.

El cerro Catedral vivió una jornada particular el domingo, con gran cantidad de personas que llevaron a cabo un recorrido por zonas relacionadas con el Plan Director de Desarrollo Urbano Ambiental, proyecto que prevé distintas construcciones y ha generado opiniones diversas, disparando la preocupación, sobre todo, de ambientalistas que consideran que conforma un peligro para el lugar, en contraposición a lo que se indica desde la empresa concesionaria, Catedral Alta Patagonia SA (Capsa), donde aseguran que el lugar “admite” que las obras se lleven adelante.

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La convocatoria había partido del Foro de juntas por el ambiente, proponiendo “una recorrida en defensa de las tierras públicas” por los sectores que abarca el que calificaron como “polémico Plan de Desarrollo Urbano Ambiental impulsado por Capsa y el Municipio de Bariloche”.

De tal manera, la caminata se realizó con la presencia de diversos expertos que brindaron su opinión. “La verdad es que nos sorprendió la cantidad de gente, no esperábamos que concurrieran tantas personas”, expresa el presidente de la junta vecinal Villa Lago Gutiérrez y referente del Foro de juntas por el ambiente, Nicolás Carini, quien suma: “Eso habla de la inquietud que genera el tema; vemos que existe interés en la ciudadanía barilochense sobre lo que puede suceder en ese espacio”.

“Entendemos que el proyecto ha avanzado de forma bastante irregular”, aprecia el referente barrial, quien también sostiene: “Una cosa es ver todo en un plano y otra muy distinta estar ante las pendientes, observando cómo cambiará la fisonomía del cerro frente a acciones polémicas que encierra el proyecto”.

“La zona elegida para que hagan obras es claramente inestable”, afirma, e incluso dice que está en discusión “el modelo de cerro para los residentes”.

Asimismo, remarca que hay que analizar “la contaminación de los efluentes y la edificación sobre mallines”, considerando, además, que existen “límites difusos en la concesión, con planos que no aclaran nada”.

Cabe destacar que también participaron del recorrido personas relacionadas con Capsa. Refiriéndose, precisamente, a la intervención de los representantes de la empresa, Carini indicó: “Se les permitió expresarse e intentaron matizar o rebatir lo que se decía, creo que con poco éxito, y en algún momento la gente pidió que pararán de hablar para poder continuar”.

El domingo, muchas personas se acercaron al cerro Catedral. 

Carlos Beros es una de las personas vinculadas a la firma concesionaria que fue parte de la caminata. “Soy consultor ambiental. Presto servicios a Capsa a través de mi empresa, Beha Ambiental SRL, y, a la vez, soy responsable técnico ambiental del centro de esquí”, se presenta.

—¿Cuál es su función en el proyecto urbano ambiental?

—Hicimos muchos estudios de base para este trabajo. Quizás el más significativo es el informe de sensibilidad ambiental, que fue un requerimiento de la Municipalidad para esta instancia del proyecto.

—¿Y la conclusión que sacó es que es viable, que no tiene inconvenientes para el ambiente?

—Es viable, absolutamente. Ese sector de desarrollo de montaña, lo que hoy llamamos zona de concesión, fue el lugar que Parques Nacionales escindió de su territorio para este tipo de cosas. A partir de ahí, desde los primeros contratos que estuvieron en cabeza de la provincia, ya aparecía la necesidad de ampliar ordenadamente el desarrollo de la villa, y se habían destinado para eso unas ciento y pico de hectáreas. Después, con el traspaso al Municipio, se ajustaron estas zonas, se hicieron muchos estudios en relación con eso, y se definió, dentro del sector de concesión, que estas setenta y siete hectáreas que forman parte del proyecto eran las mejores.

—Más allá de que ese sector hubiera estado predestinado para eso, al analizarlo en la actualidad, ¿concordó que es adecuado hacerlo ahí?

—Sí, son los mejores lugares dentro de la zona de concesión, y admiten este desarrollo, sin lugar a duda, teniendo en cuenta todo lo que corresponde a este tipo de variables. Hablamos de una zona que tiene una altitud superior al promedio de Bariloche, y que posee algunas peculiaridades. Entonces, atendiéndolas a todas desde el punto de vista de las normas y las reglas del arte, no hay ninguna dificultad en llevar adelante el proyecto.

—¿Por qué cree que el proyecto causa tanto rechazo entre muchos vecinos, incluidos ambientalistas y geólogos?

—Es cierto que hay una parte de la población que no ve bien este desarrollo. Gente de la propia villa y demás. Yo participé de la caminata que hicieron y escuché atentamente las objeciones. No puedo hacer un resumen del pensamiento de otras personas, pero creo que, si tuviese que sintetizar, existe una especie de dificultad para creer que las cosas van a hacerse bien. Me parece que el tema pasa por ahí.

—¿Con qué sensación quedó tras el recorrido del domingo?

—Estuve desde el principio al fin, y fue una experiencia muy rica, porque pude escuchar de primera mano, y viendo en el terreno, cada una de las objeciones. Me ayudó a entender algunos aspectos que, desde lo comunicativo, no podía comprender. Confirmé y ratifico que el proyecto es absolutamente viable.

—Es decir, durante la caminata usted se quedó con la sensación de que están bien encaminados, más allá del descontento por parte de la gente…

—Tal cual. Vi los cinco puntos críticos que me conciernen, y son atendibles. Tienen que ver con una mirada sobre un documento que realizó el Segemar (Servicio Geológico Minero Argentino), que, para mí, es claramente preventivo, no restrictivo. Se relaciona también con la mención de ciertos eventos que se dan en zonas de alta montaña, como avalanchas, pero los lugares elegidos se encuentran fuera del camino de estos peligros geológicos; estamos en las mismas condiciones de otros lugares, porque riesgo cero no hay. Todos los puntos fuertes de las objeciones se pueden responder y atender con solvencia. Este no es un proyecto terminado, sino una partida inicial, una propuesta que se hace para que el Concejo y la Municipalidad definan indicadores, usos y el formato final, inclusive la escala.

—¿Podría ahondar en los cinco puntos que cuestionan los vecinos?

—Uno es el tema de riesgo geológico, con puntos indicados en el mapa del Segemar. Deben ser tomados en cuenta, y eso se ha hecho, de modo que es un tema resuelto. Estamos en una zona con una altitud promedio un poquito mayor que la de la ciudad, en la ladera de una montaña —como son los casos del Cerro Otto, la Barda del Ñireco y la calle Salta—. Eso se toma en cuenta. También que es zona sísmica 2 (riesgo moderado) y se hace la geotecnia adecuada, se realizan los cálculos estructurales que corresponden y allí no debería haber problema. Además, los terrenos son holgados, de modo que permiten ubicar cada una de las estructuras en el mejor lugar dentro de cada uno de los espacios. 

El segundo punto es el tema hidrológico, y las áreas quedaron fuera de la zona de riesgo, que es el sector de flujo principal, el arroyo Cascada. Esa parte tiene un riesgo hídrico que queda comprendido dentro de una franja de influencia en el entorno del cauce, pero las AOC (áreas de ocupación concertadas), si se miran con cuidado, dejan a esta zona libre de riesgo hidrológico. También los pequeños cursos están considerados. El estudio de sensibilidad los muestra con toda claridad y hace la recomendación de dejar los espacios entre el curso y la intervención que es habitual para estos casos. Así que ese tema también está claramente verificado. 

El tercer punto es el de la isla de calor, es decir, una mirada referida a una densificación urbana, con un aumento de la temperatura media en torno al desarrollo, así como la contradicción de fabricar nieve y, a la vez, generar calor. Se pudo ver con claridad cuál es el efecto, comprendido en los primeros metros del entorno de los desarrollos, variable según el tipo de estructura con la aislación y la eficiencia energética que se esté logrando dentro de cada una. Todo este proyecto del masterplan viene a ampliar la capacidad esquiable, a mejorar las condiciones y enfrentar el cambio climático. Son herramientas que hay que tener en cuenta. Enfrentar el cambio climático con la innivación —la fabricación de nieve— se puede hacer a partir del desarrollo integral del proyecto. Esto puede traducirse en cuánto cuesta contrarrestar el valor de la isla de calor, que es un valor que está calculado, y quedaría como el tercer gran tema resuelto. En un proyecto de este tipo, con la distribución de unidades, la baja densidad y demás, el efecto, en realidad, no es el propio de una isla de calor, pero, como en todo emisor, hay que responder porque se produce un cambio en el entorno. Se evaluó cuál es la incidencia y resulta aceptable, como ocurre en otros centros de esquí.

El cuarto punto tiene que ver con el desarrollo y la escala, si debe dejarse todo como está y que la villa siga creciendo como lo está haciendo, de manera desordenada, con una sobredensificación, o hay que ganarle al tiempo y proponer un plan para el desarrollo. Durante la caminata percibí que se piensa que la totalidad del desarrollo en Catedral va a aparecer de golpe, cuando, en realidad, esto va a llevar tiempo, se va a dar en el transcurso de décadas, será un proceso ordenado que llegará al final del proyecto con una villa reconstruida, con infraestructura.

El quinto punto tiene que ver con el tema del entorno natural. Las AOC están sobre unidades naturales, en varios casos con baja intervención, y en otros con altísima intervención. Se buscó que las áreas estén en zonas donde la accesibilidad es buena, con las mejores condiciones de pendiente, donde no hay riesgo o el riesgo es aceptable. Pero no deja de haber un sistema natural como sustrato, y esto es agua, suelo y vegetación. Entonces, la atención de todo esto en el desarrollo tiene que ver con el cuidado de corredores, de dejar las unidades más sensibles escindidas de las intervenciones. Ese es el paso que viene. 

—Comentó que el proyecto, en caso de concretarse, para que esté completo, tardaría décadas. Si se aprobara y comenzará a trabajarse, por ejemplo, el año próximo, ¿cuándo cree que empezarían a verse las instalaciones en el cerro y cuándo cree que las obras culminarían?

—La prognosis es difícil, y hay que recurrir un poco a los ejemplos que tenemos en la zona, acerca de cómo se fueron desarrollando las distintas urbanizaciones. El proceso de urbanización es lento, lleva tiempo. Uno de los valores agregados que trae este proyecto, y creo que una de las cosas que más justifica su realización, tiene que ver con la llegada de infraestructura que está faltando en el sector, de agua, electricidad, cloacas y vialidad. Esto tiene que ser el primer paso para atender al desarrollo que viene. En ese sentido, me parece que el escenario 1, que sería el del desarrollo integral de todo esto, de plantear la infraestructura, al menos los elementos principales de la estructura para la totalidad, es el más apropiado. Porque así eso queda definido y todo lo demás se va desarrollando, no como sucede en muchos otros casos, que quedan falencias en la infraestructura. Ese es mi punto de vista.

—Pensando en ese primer escenario del que habla, ¿qué tiempo podría involucrar?

—Los tiempos dependen tremendamente de lo que va a suceder en el Concejo Deliberante, con los indicadores y usos. Eso va a definir todo, porque pensemos que el cálculo de la cantidad de agua que se va a necesitar, de la energía que se va a precisar, todo eso ahora está en una especie de prefactibilidad. De acuerdo con lo que suceda, surgirá el proyecto definitivo. Después, el desarrollo de infraestructura puede tardar entre un año y dos, no más.

—Para que se comience con esa base…

—El proyecto matriz tiene en cuenta el proyecto final. De modo que cuando se van desarrollando las etapas va quedando consolidado el futuro. O sea, en el futuro no habrá que volver a proyectar, al menos hasta el final de la vida útil del proyecto, que serán entre treinta y cincuenta años. Ese es un valor enorme.

—Es decir que entre treinta y cincuenta años el desarrollo urbano estaría completo…

—Entiendo que sí. Ese sería un escenario posible.

El domingo, durante el trayecto, se hicieron varias paradas, donde distintos expertos brindaron su opinión.

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