2026-06-04

Investigadores de Bariloche descubren evidencias de erupciones volcánicas no registradas

Un estudio presentado en Bariloche identificó rastros de erupciones desconocidas en lagos de la Patagonia Norte.

Las erupciones volcánicas que modelaron el paisaje de la Patagonia podrían haber sido mucho más numerosas de lo que se creía hasta ahora. Así lo revela una investigación presentada durante el XXX Congreso Argentino de la Ciencia del Suelo, realizado recientemente en Bariloche, que aporta nuevas evidencias sobre la historia eruptiva de los Andes del sur.

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El trabajo fue expuesto por la investigadora Romina Daga, del Laboratorio de Análisis por Activación Neutrónica del Centro Atómico Bariloche y del CONICET Patagonia Norte, y se enfoca en el estudio de las tefras, los materiales volcánicos expulsados durante las erupciones y posteriormente depositados sobre distintos ambientes naturales.

La investigación adquiere además un significado especial para la región. Este 4 de junio se cumplieron 15 años de la erupción del Complejo Volcánico Puyehue-Cordón Caulle, ocurrida en 2011, un fenómeno que marcó un antes y un después para Bariloche. Durante semanas, la ciudad convivió con una intensa caída de cenizas que afectó la actividad turística, el transporte aéreo, el comercio y la vida cotidiana de miles de vecinos.

Según explicó la especialista, estos materiales pueden viajar cientos de kilómetros impulsados por el viento y quedar almacenados en lagos, bosques, glaciares e incluso en el fondo oceánico, donde constituyen una especie de archivo natural capaz de reconstruir la actividad volcánica ocurrida a lo largo de miles de años.

Un registro oculto bajo los lagos patagónicos

Uno de los hallazgos más relevantes del estudio surgió a partir del análisis de secuencias sedimentarias extraídas de lagos de la Patagonia Norte.

Los investigadores identificaron niveles de ceniza volcánica que no habían sido observados en superficie y que tampoco aparecen en los registros históricos conocidos. Esto significa que algunas erupciones dejaron huellas en los ambientes lacustres, pero no habían sido detectadas previamente por los estudios geológicos tradicionales.

"En estudios tefrocronológicos realizados en secuencias lacustres de Patagonia Norte se han identificado niveles volcánicos no observados en superficie y correspondientes a erupciones volcánicas no registradas históricamente", señala el trabajo presentado en el congreso.

A partir de estos registros, los científicos concluyen que la frecuencia eruptiva de la denominada Zona Volcánica Sur de los Andes habría sido superior a la estimada hasta el momento.

La costa del Nahuel Huapi después de las cenizas

Cómo se reconstruye la historia de una erupción

La clave de estas investigaciones está en la caracterización de las tefras. Cada erupción genera una combinación particular de minerales, fragmentos de vidrio volcánico y componentes químicos que funcionan como una "huella digital".

A través de estudios sedimentológicos, mineralógicos y geoquímicos, los investigadores pueden determinar de qué volcán provino el material y estimar cuándo ocurrió la erupción.

Este tipo de análisis permite construir cronologías cada vez más precisas y comprender mejor cómo evolucionó el paisaje patagónico bajo la influencia de la actividad volcánica.

Más allá del interés científico, los resultados tienen implicancias prácticas para las comunidades de la región.

Conocer con mayor precisión la frecuencia de las erupciones permite mejorar los modelos de peligrosidad volcánica y comprender el impacto que estos fenómenos tienen sobre los ecosistemas, los recursos hídricos y los suelos.

"La caída de material piroclástico es un proceso principal en la formación del paisaje", concluye el trabajo, que remarca la importancia de los volcanes como uno de los factores naturales que más influyeron en la construcción de la Patagonia actual.

 

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