2026-05-25

Historia detrás de una foto de los pinos de costanera: un recuerdo de cuando los vecinos se juntaban a hacer

Una vecina de Bariloche compartió el registro de su padre plantando uno de los ejemplares a mediados del siglo pasado junto a sus amigos. Una mirada emotiva en medio de la polémica por el arbolado.

El debate por la permanencia de los pinos en la costanera de San Carlos de Bariloche continúa dividiendo opiniones en la comunidad entre quienes defienden el paisaje tradicional, la ecología urbana y las áreas técnicas que alertan sobre el peligro de colapso. Sin embargo, en medio de la controversia, emergen historias humanas con un profundo valor patrimonial y dignas de ser difundidas.

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Una vecina barilochense, Cristina Soria, compartió recientemente un valioso archivo familiar que conecta de forma directa el pasado fundacional del pueblo con el presente de la ciudad. Se trata de una fotografía capturada a mediados del siglo pasado (estimada entre 1946 y 1948), donde se observa a su padre, Carlos Soria, junto a sus amigos Salamida y Jesús Arroyo, palas en mano, plantando uno de los tantos ejemplares que hoy bordean la avenida 12 de Octubre. En un curioso y melancólico contraste, la familia también encontró una imagen actual que muestra exactamente a ese mismo pino en el momento de ser talado por las cuadrillas municipales.

 

"Con las mejores intenciones y una visión eurocéntrica"

“A mediados del siglo pasado, mi papá (el de la izquierda en la foto) y sus amigos plantaron los pinos de la costanera. Lo hicieron con las mejores intenciones, tratando de frenar el viento y con la visión 'eurocéntrica' que primó en nuestra cultura durante años”, rememoró Cristina Soria al reconstruir el contexto de la época.

La vecina analizó con lucidez el paso del tiempo y las transformaciones del ejido urbano: “Los pinos chiquitos sobre calles de tierra eran lindos y cumplían su función, aunque en casi 80 años crecieron descontrolados. Se transformaron en un peligro; más allá de que no son autóctonos, representan un riesgo por los incendios, sus raíces levantan el pavimento, rompen caños de servicios y sus ramas atentan contra la seguridad de las personas”, reconoció.

Para Soria, el escenario ideal hubiese contemplado una transición planificada: “Lo ideal habría sido reemplazarlos a tiempo o alternarlos con especies autóctonas, aunque el pino acidifica el suelo y es difícil esa convivencia”. Asimismo, aclaró que el objetivo de difundir el documento gráfico no busca interponerse a las tareas de volteo por seguridad vial: “Compartir esto no es en defensa de los pinos. Ya cumplieron su ciclo, pero la foto es un recuerdo de cuando vecinos comunes se juntaban a hacer, porque así creció ese pequeño pueblo que era el Bariloche de antes”.

El ejemplar plantado por los tres amigos, este fin de semana fue cortado. 

 

Un debate que cruza la identidad y la seguridad vial

La administración del arbolado público sobre la franja costera del lago Nahuel Huapi sigue sumando aristas de discusión. Por un lado, un sector de la comunidad y defensores del patrimonio ambiental manifiestan su preocupación ante lo que consideran una pérdida del carácter paisajístico de la ciudad. Argumentan que los gigantescos pinos actúan como barreras naturales contra el viento y cumplen un rol clave en la absorción de dióxido de carbono.

En la vereda opuesta, los informes técnicos del Municipio y de urbanistas fundamentan que los apeos actuales son de carácter urgente e impostergable. Ante la llegada del invierno 2026, el peso de la nieve acumulada y las ráfagas estacionales convierten a los ejemplares debilitados en una amenaza real sobre una de las arterias más transitadas de la localidad. La historia de la familia Soria aporta, en este marco, una cuota de memoria y respeto por el esfuerzo de aquellos pioneros que soñaron la ciudad.

 

 

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