Villa La Angostura: pioneros hablan de un “relato” que altera “la identidad histórica” de la ciudad
El 15 de mayo de 1932 se firmó el acta de fundación de Villa La Angostura. Noventa y cuatro años después, en 2026, durante el aniversario, en esa ciudad que es vista por muchos como un pequeño Edén patagónico, se vivieron sentimientos encontrados. Hubo un gran festejo y diversas actividades especiales para la ocasión, pero, a la vez, se produjo una expresión pública de descontento por parte de un grupo de pobladores, autodefinidos como “familias pioneras y vecinos” de la localidad, entre ellos, Pablo Antriao, enfrentado desde hace años con una comunidad denominada Paicil (o Paichil, ya que su escritura varía) Antriao, sobre cuyos miembros ha dicho que le “usurparon el apellido”.
La situación puesta sobre relieve, motivo del descontento de esos habitantes, tiene que ver con los asentamientos que se han esparcido por la ciudad en este siglo, con la citada lof como ojo del huracán.
De esa forma, estas “familias pioneras y vecinos de Villa La Angostura” realizaron un manifiesto titulado “Identidad en disputa: ¿memoria real o relato instalado?”.
“En el nonagésimo cuarto aniversario de Villa La Angostura, sentimos la necesidad de expresar públicamente la profunda tristeza, preocupación y desamparo que atravesamos muchas familias pioneras y vecinos frente a una situación que, desde hace años, viene alterando la paz social, la seguridad jurídica y, sobre todo, la identidad histórica de nuestro pueblo”, comienza el texto, que sigue: “Quienes nacimos y crecimos aquí sabemos que nunca existió en Villa La Angostura una comunidad mapuche preexistente organizada bajo el nombre ‘Paichil Antriao’. Sin embargo, con el paso del tiempo y al amparo del contexto generado por la Ley 26.160, se fue instalando un relato que consideramos ajeno a la verdadera historia de nuestra localidad, consolidándose a fuerza de repetición en parte de la opinión pública y avanzando sobre bosques nativos y propiedades privadas legítimas”.
“Uno de los ejemplos más visibles de esta situación puede observarse en el acceso a la Cascada del Belvedere. Quienes crecimos en Villa La Angostura recordamos un bosque nativo abierto y natural, patrimonio de todos los vecinos. Hoy ese lugar se encuentra ocupado por construcciones levantadas sobre terrenos usurpados, con actividades comerciales e incluso cobro de acceso en sectores que históricamente jamás pertenecieron a una comunidad ancestral, afectando además a lotes linderos de familias con escrituras perfectamente legítimas”, se lee.
En esa especie de carta pública que dieron a conocer esos pobladores, se resalta: “Vemos con profunda preocupación cómo personas foráneas, e incluso vecinos con quienes hemos compartido cotidianeidad en escuelas, barrios y espacios comunes durante décadas, hoy sostengan supuestos derechos ancestrales escudándose en apellidos históricos y reconocidos de Villa La Angostura para adjudicarse tierras y una ancestralidad que no representan”.
“Incluso integrantes de la propia familia Antriao han manifestado públicamente su rechazo a esta utilización indebida de su apellido”, indica el texto, haciendo referencia a la mencionada afirmación de Pablo Antriao: “Me usurparon el apellido”.
“Las familias pioneras perjudicadas conocemos el enorme sacrificio realizado por los primeros pobladores para levantar esta aldea de montaña en condiciones climáticas extremas. Fueron ellos quienes abrieron caminos, criaron a sus familias y construyeron comunidad con esfuerzo, respeto y verdadero arraigo”, señala el manifiesto, en el que se detalla: “Desde 2003, año en el que se comenzó a instalar este relato, hemos sufrido amenazas, incendios, daños sobre nuestras propiedades, ocupaciones e intimidaciones constantes, mientras sentimos la ausencia de un Estado que garantice la convivencia pacífica y el respeto por la ley”.
“Muchas de nuestras familias poseen estas tierras desde hace más de cincuenta años, con títulos legítimos, escrituras públicas y certificados de dominio plenamente reconocidos”, apunta este grupo de vecinos.
Igualmente, quienes escribieron el manifiesto, en el texto, destacan: “Queremos dejar en claro que respetamos profundamente a los pueblos originarios y sus derechos legítimos, y creemos que no puede seguir consolidándose un relato ficticio que distorsiona la verdadera historia de nuestro pueblo y genera división y enfrentamiento entre vecinos”.
“Sentimos que se intenta borrar la memoria de quienes hicieron grande este lugar con trabajo y sacrificio. Por eso pedimos a las autoridades municipales, provinciales y nacionales que actúen con responsabilidad, hagan cumplir la ley y garanticen la protección de la propiedad privada, la seguridad jurídica y la paz social que durante tantos años caracterizó a nuestra comunidad”, finaliza el escrito.