2026-05-03

ENTRE 1927 Y 1933 SE VIVIÓ UNA CRISIS DESCOMUNAL

No siempre la historia de Bariloche dio para descorchar y soplar velitas

La combinación ciertamente letal entre Convertibilidad y hanta virus no se puede comparar. Tampoco la que originó la erupción volcánica.

Cada 3 de mayo se celebra a Bariloche con espíritu festivo y está bien que así sea, pero quizá no haya que perder de vista que, durante sus 124 años de vida institucional, no siempre hubo razones para descorchar y soplar velitas. La crisis más importante tal vez se viviera casi un siglo atrás, cuando una serie de carencias tornaron la vida a orillas del Nahuel Huapi muy pero muy difícil, aun para los estándares de la época.

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Aquel piso ni siquiera se tocó cuando la paridad cambiaria desfavorable para el turismo y el hantavirus provocaron la memorable crisis económica que medió entre 1996 y 1997. Tampoco durante los ochos meses que se extendieron entre la erupción del cordón Caulle-Puyehue y el retorno de la aviación comercial. Durante la pandemia de 2020 se vivieron circunstancias angustiantes, pero no tan precarias en el aspecto económico y social.

Tuvieron su complejidad, pero los tres capítulos de la historia que mencionamos difícilmente puedan compararse con la situación que se atravesó en Bariloche entre 1927 y 1933, aproximadamente: la ciudad se quedó sin energía eléctrica, el hospital cerró sus puertas y la pobreza impedía que 200 familias pudieran alimentarse sin depender del municipio, que, dicho sea de paso, carecía de recursos significativos.

En efecto, en el último de aquellos años se desató un incendio forestal significativo hacia el este del lago Nahuel Huapi, “siniestro que adquirió enormes proporciones debido al escasísimo personal disponible para combatirlo. El comisario movilizó entonces a los presos detenidos en las comisarías, los que trabajaron juntamente con el personal de Mensuras y Tierras y con pobladores bajo a vigilancia de un agente para apagar el fuego”.

Véase qué considerable la indefensión, que hasta hubo que vaciar calabozos con el afán de contener las llamas. Además, los trabajadores del área de Tierras tampoco eran especialistas en combatir incendios. Algunas descripciones sobre la crisis que afectó al pueblo durante el período pueden leerse en “Estado, frontera y turismo. Historia de San Carlos de Bariloche” (Prometeo Libros-2010), el libro que aportó Laura Méndez al conocimiento del pasado local.

En la isla Victoria se cazaban chivos para alimentar la "olla podrida". Foto: Pablo Mange (H) hacia 1930. Colección Mange en Archivo Visual Patagónico.

Situación impensable vista desde hoy, para 1933 hacía seis años que en Bariloche no había luz. “Desde 1927 se vivía sin energía eléctrica y a oscuras, ya que se había incendiado la única usina del pueblo y las gestiones ante la gobernación para reinstalar el sistema no tenían respuesta”. Tampoco era posible contar con salud pública, pero no por cuestiones gremiales o por el desfinanciamiento del sector. “El hospital, que se sostenía gracias al aporte de la empresa de ferrocarriles, de la que a diario recibía operarios accidentados a causa del trabajo con dinamita, cerró sus puertas en 1928 al paralizarse las obras del ramal”.

La era del “fraude patriótico”

A escala nacional, la coyuntura coincidió con la descomposición del segundo gobierno de Hipólito Yrigoyen (Unión Cívica Radical), el golpe de Estado de 1930, la dictadura de José Félix Uriburu y el mandato fraudulento de Agustín Justo. Entre otros factores, tantas turbulencias hicieron mella en el esquema que, a grandes rasgos, basaba su economía Bariloche desde fines del siglo XIX, es decir, agrícola, ganadero y mercantil. El impulso que trajo Parques Nacionales recién se activó a partir de 1934.

El expirar la década de 1920, “la situación sanitaria era tan crítica, que la Comisión subvencionaba a un médico para que atendiera en forma gratuita a los pobres de solemnidad, entre quienes hacía estragos la tuberculosis y la escarlatina. Esta situación se mantuvo hasta la mitad de la década de 1930”, aportó la investigadora. Cabe recordar que la Municipalidad se gobernaba a través de una comisión, que contaba con un comisionado que desempeñaba el Poder Ejecutivo.

Después del golpe de Estado del 4 de septiembre de 1930, ofició en ese puesto el teniente primero Ramón Ubieto, que estaba de casualidad en el pueblo para trabajar en un tendido de la línea telefónica hacia Puerto Blest. Entre 1930 y 1932 se sucedieron en el cargo cuatro funcionarios, hasta que en mayo del segundo año fue designado Primo Capraro, quien falleció cuatro meses después al suicidarse. Institucionalmente, las cosas recién se normalizaron en 1933, con la asunción en el Concejo Municipal de Camilo Garza y Felipe Domínguez, adherentes al Partido Socialista Independiente, uno de los desprendimientos del viejo Partido Socialista que era dialoguista con el régimen conservador.

Primo Capraro fue efímero comisionado, es decir, intendente. Colección Capraro en Archivo Visual Patagónico.

Mientras tenían lugar esos avatares políticos, la gente sufría hambre. “La falta de alimentos era un problema para gran parte de la población. Por tal motivo, en coordinación con la Oficina de Tierras, la Municipalidad encaró la instalación de una olla popular, que funcionó entre 1930 y 1931 y a la que los vecinos aludían como olla podrida. La olla brindó alimento a alrededor de 200 familias”, afirma la investigación de Méndez.

En 2026 llamará la atención el origen de los ingredientes. “La carne provenía de las excursiones de caza a la isla Victoria, donde existía una gran cantidad de hacienda sin dueño, principalmente cabras. Varios pobladores fueron seleccionados para realizar la cacería de estos animales, que periódicamente eran remitidos ya faenados a las instalaciones de la olla, ubicada en el corazón de la ciudad”, es decir, el mismo lugar donde 95 años después, se acostumbra a servir chocolate caliente.

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