LA ARGENTINA SE OPUSO A DESIGNIOS ESTADOUNIDENSES
Lindo momento para que naciera Bariloche: casi guerra con Chile y Servicio Militar Obligatorio
El 3 de mayo de 2026 se cumplen 124 años del episodio que se considera fundacional para San Carlos de Bariloche. Como se sabe, hacia 1902 el poblado ya tenía varios años de existencia, pero se asocia su “partida de nacimiento” al famoso decreto que firmaron Julio Roca y Wenceslao Escalante. La norma reservó 400 hectáreas dentro de la Colonia Agrícola Nahuel Huapi y consideró como bases los caseríos que ya existían en San Carlos y Puerto Moreno.
La historia es más o menos conocida por lxs vecinos de esta ciudad. Pero ¿qué pasaba por entonces en la Argentina? En efecto, transcurría el segundo gobierno del tucumano, quien había vuelto al poder después de imponerse en las elecciones de 1898 con Norberto Quirno Costa como compañero de fórmula. Ya por entonces la Unión Cívica Radical (UCR) contaba con gran cantidad de adeptos, pero resolvió abstenerse ante la vigencia de amañadas prácticas electorales.
En su discurso de asunción, Roca se refirió a una cuestión ríspida que involucraba de manera directa a Bariloche. “La cuestión de Chile, resuelta desde 1881, ha sido entregada al arbitraje de acuerdo con el tratado de este año y el de 1893. Esperamos tranquilos el fallo del árbitro, confiamos en que nada turbará nuestras relaciones internacionales y en que la terminación de este largo pleito, que será una victoria de la razón y de buen sentido, influirá en las relaciones de los Estados sudamericanos”.
De hecho, todavía trabajaban por aquí la Comisión de Límites. La sentencia arbitral se conoció el 20 de noviembre de 1902, seis meses después del decreto de formalización. También en el quinto mes del año se habían firmado los Pactos de Mayo, por los cuales se acordó un tratado general de arbitraje y una convención sobre equivalencias navales. Finalmente, el rey británico adjudicó a la Argentina 42 mil kilómetros cuadrados de los 90 mil que estaban en litigio. Los fantasmas de la guerra se disiparon hasta 1978.
Para celebrar la superación de las prolongadas crisis con el país vecino, se erigió el monumento al Cristo Redentor, en la línea divisoria de los Andes en jurisdicción mendocina, a 4.000 metros de altura sobre el nivel del mar. Se inauguró el 13 de marzo de 1904 y a la ceremonia, llegaron alrededor de dos mil personas. La obra escultórica tuvo como autor a Mateo Alonso, tiene casi siete metros de alto y un peso de cuatro toneladas.
El Cristo Redentor de los Andes mendocinos se inauguró para celebrar la distensión con Chile.
Una novedad que cambió la vida de los argentinos, al menos de los varones, fue la reforma militar que impulsó el ministro de Guerra, Pablo Ricchieri, quien ingresó al gabinete en reemplazo de Luis María Campos. “Se implantó el servicio militar obligatorio por ley de diciembre de 1901. El ejército se estructura en ejército de línea, guardia nacional y guardia territorial”, afirmó Diego Abad de Santillán en su “Historia Argentina”, obra que se publicó en 1965.
La Colimba
La novedad fue drástica: desde entonces, el Ejército de Línea incluyó, “además del cuadro de oficiales, suboficiales y soldados voluntarios”, a “los ciudadanos de 20 a 28 años aptos para el servicio militar”. Además, se dividió a la fuerza “en permanente y en reserva, integrada esta por los conscriptos que hubiesen cumplido el servicio reglamentario”. En forma complementaria, “la guardia nacional se formaba con hombres de 28 a 40 años; la guardia territorial era integrada por ciudadanos de 40 a 45 años”, según el historiador.
Precisamente dos meses antes del reconocimiento formal de Bariloche, “el nuevo ejército fue movilizado, como medida de previsión”. Para enero de 1902, “constaba de 18.273 hombres, 252 piezas de artillería, 9.812 caballos y 3.416 mulares”. También se dispusieron nuevas instancias de formación, como “la escuela de aspirantes a oficiales de 1902” y “la escuela de aplicación de oficiales”, al año siguiente. Las nuevas modalidades castrenses no tardarían en arribar al Nahuel Huapi.
En Sudamérica, la conmoción era importante porque “Inglaterra, Alemania e Italia intervinieron en Venezuela en 1902, invocando para ello el atraso en los servicios de la deuda de aquel país contraída para la ejecución de algunas obras públicas”, según el racconto de Abad de Santillán. La Argentina también estaba fuertemente endeudada, aunque, durante el período, el manejo de sus deudas se tornó “sustentable”, por decirlo con terminología de hoy.
No obstante, “el gobierno argentino estimó que el procedimiento era peligroso y que no debía permanecer indiferente, dándose además la circunstancia de que la intervención se prolongaba con bloqueos y bombardeos de puertos, hundimientos de barcos venezolanos y otras medidas de violencia”. No por nada ese mismo año arribó al gabinete de Roca Luis María Drago como ministro de Relaciones Exteriores.
Drago, el ministro argentino que se plantó ante Estados Unidos.
Luego de consultar a sus colegas de Brasil y Chile, al presidente y a Bartolomé Mitre -por entonces aliado de Roca-, envió un pronunciamiento al gobierno estadounidense, que tampoco estaba muy tranquilo al observar la intromisión europea en su futuro “patio trasero”. Entre otros conceptos, el texto decía: “Lo único que la República Argentina sostiene y lo que vería con gran satisfacción consagrado con motivo de los sucesos de Venezuela […] es el principio ya aceptado de que no puede haber expansión territorial europea en América, ni opresión de los pueblos de este continente, porque una desgraciada situación financiera pudiese llevar a algunos de ellos a diferir el complimiento de sus compromisos”.
Drago vs Monroe
La nota explicitó los conceptos que pasarían a identificarse como Doctrina Drago. Según Abad de Santillán, “su repercusión suscitó en todo el continente un movimiento de adhesión a sus principios y se discutió en los parlamentos y en los congresos jurídicos”. Pero el recibimiento en Estados Unidos no fue tan cálido, ya que Washington respondió con el ideario norteamericano tristemente célebre: la Doctrina Monroe.
El colega de Drago simplemente remitió una transcripción del mensaje presidencial al Congreso del 2 de diciembre de 1901, que, entre otras cosas, decía: “Que por la doctrina Monroe no garantizamos a ningún Estado contra la represión que pueda acarrearle su inconducta con tal que esa represión no asuma la forma de adquisición del territorio por ningún poder no americano”. Acuño esa expresión Theodore Roosevelt. Las vueltas de la historia quisieron que 12 años después, el estadounidense arribara a Bariloche.