SALIERON DE IMPRENTA TRES NUEVAS ANDANZAS DE “LA BRUJITA ALEGRÍA”
Ocho meses después de su partida, la Abu Lili sigue publicando historias
Aunque probablemente la Abu Lili siga con sus cuentos y dibujos por otras dimensiones, nuevas aventuras de su personaje predilecto salieron de imprenta recientemente. Es que tan súbita fue su partida en agosto último que encontró a los que serían sus últimos trabajos ya en poder de la editorial. Como consecuencia, tres creaciones de la querida Liliana Odano llegaron recientemente a las librerías de Bariloche y la Patagonia.
Todavía con la tristeza a flor de piel, compartió la novedad con El Cordillerano Carlos de la Vega, quien fue compañero en la vida de la escritora e ilustradora durante nada menos que medio siglo. Él presenció cómo, hace unos 15 años aproximadamente, la ex trabajadora del Poder Judicial se volcó a la literatura para los más pequeños, primero con el afán de contarles historias a sus nietos y después, a toda la niñez de las escuelas de Bariloche. De ahí que en buena parte de las comunidades educativas la conocieran como la Abu Lili.
Nos confió Carlos que las tres publicaciones implicaron un considerable desafío para Liliana, porque a sugerencia del editor, irían a combinar texto con pictogramas, es decir, esas pequeñas ilustraciones que en las producciones para lxs pequeños que recién se están familiarizando con la lectura, reemplazan determinada palabra. Como se estila que sean de proporciones relativamente reducidas, la ilustradora se vio en problemas, pero los sorteó con holgura.
Aunque salieron de imprenta al unísono, abordemos en primer término “Un puñado de polvo lunar”, una aventura que casualmente goza de considerable actualidad, ya que en su transcurso La Brujita Alegría debe trasladarse nada menos que a la Luna. En el satélite debe hacerse de ese puñadito, cuyo cometido es ayudar mágicamente a un perro que, para inconmensurable tristeza de su pequeño dueño, cerró sus ojos y no los vuelve a abrir.
Liliana en su salsa.
En cambio, “Salvemos al pudú” es incontrastablemente patagónico y se vincula con una realidad que desafortunadamente, no es ficción: al saber por las noticias que un bosque está a punto de sufrir la consabida tala, Alegría decide tomar cartas en el asunto y desplazarse por medio de su sombrero al ecosistema en peligro. Quizá haga falta recordar que La Brujita que ideó la Abu Lili no usaba escoba voladora, sino a Sombrero Azul, su medio de locomoción.
En el último del terceto, el entrañable personaje no afronta a priori misión alguna, porque se trata de un período de vacaciones al que decide pasar en un castillo. Sin embargo, la antigua construcción tiene sus bemoles y La Brujita Alegría deberá emplearse a fondo para deshacer un hechizo que, como consecuencia, redundará en una nueva amistad que se iría a sumar a su grupo de seres queridos.
Nada cascarrabias, de sempiterna sonrisa y una pollera roja llena de bolsillos en los que guarda ingredientes para sus pociones mágicas, La Brujita Alegría es el personaje más característico de la obra de Liliana. Que vuelva a las andadas siete u ocho meses después del prematuro fallecimiento de su creadora, ratifica que contra su magia no hay obstáculo que pueda interponerse.
En la contratapa de la serie puede leerse: “Alegría es una brujita que invita a sonreír. Sus acciones destacan los grandes valores de la vida: amor, solidaridad, sinceridad” y “amistad. Ella va por el mundo tratando de que aprendamos a querer y respetar nuestro planeta, su fauna y su flora. Su alma tiene la misma magia que el alma pura de los niños”. La Abu Lili supo acariciar esa pureza. Su legado lo demuestra.