2026-03-06

LA PATAGONIA ESTUVO A PUNTO DE CAMBIAR DE DUEÑO

Casi 200 años atrás, cañonazos despertaron al río Negro

Entre 1825 y 1828, la República Argentina sostuvo una guerra con el Imperio del Brasil. El episodio tuvo coletazos en la jurisdicción hoy rionegrina.

Poquitín menos de 200 años atrás, estampidos y balazos saludaron el amanecer en los primeros tramos del río Negro. Aunque sufrió una considerable baja, una flota brasileña de guerra había logrado superar la temible barra, con órdenes de destruir Carmen de Patagones. Cuando la oscuridad se disipó, los vecinos del poblado notaron que una considerable fuerza adversaria ocupaba la elevación que la dominaba. La historia golpeaba a las puertas de los maragatos y con más fervor que vacilaciones, entraron en sus páginas.

Lee también: Hubo un incendio en Patagonia que fue recibido como buena noticia

Por entonces, no había mucha presencia argentina en la Patagonia. “La población de Carmen de Patagones, a cinco leguas de la desembocadura del río Negro, apenas contaba con 400 almas y se hallaba privada de recursos y sin comunicaciones con Buenos Aires. Había sido convertida en base de corsarios y en depósito de las mercaderías capturadas en los cruceros y en las guerras de corso”.

El párrafo precedente puede leerse en “Historia argentina” (TEA, 1965), una obra monumental que se editó en tres gruesos volúmenes, con la firma del historiador Diego Abad de Santillán. Obviamente, forma parte del capítulo que el autor consagró a “La guerra contra el imperio del Brasil” (1825-1828). Por las dudas, puntualicemos que por “guerra de corso” ha de entenderse una suerte de piratería legal, en cuyo transcurso navíos que contaban con patente, en este caso otorgada por la Argentina, tenían autorización para atacar y saquear embarcaciones del enemigo, es decir, Brasil.

Las Provincias Unidas primero y la Argentina después recurrieron con frecuencia a los servicios de corsarios, generalmente extranjeros, ante la dificultad de armas una flota propia. En ese contexto, Río de Janeiro tomó nota (era por entonces la capital brasileña). “El almirante Pinto Guedes envió hacia aquel foco de acción corsaria una fuerte expedición con orden de destruir la población y apresar o incendiar los barcos”.

Con ese cometido, “a mediados de febrero, salió de Maldonado (hoy Uruguay) el capitán James Shepherd con dos corbetas de 20 cañones cada una, un bergantín y una goleta”. Para hacerle frente a la flotilla “en Patagones no había más que un reducido número de veteranos y un fuerte anticuado, con una batería improvisada a la entrada el río; la principal defensa la constituían los marinos de la corbeta Chacabuco que se hallaba en reparaciones; su comandante, Santiago Jorge Bynon, dirigió a los corsarios que se encontraban en el lugar y junto con el coronel Martín Lacarra mereció los laureles del triunfo”, se anticipa el texto de Abad de Santillán.

Galés patriota

Bynon era de origen galés y su vida tuvo bastante de cinematográfica. Formó parte del aspecto naval de la expedición al Perú, que lideró José de San Martín. Después de combatir en algunas ocasiones frente a las costas peruanas, volvió a Chile y participó de la toma de una ciudad familiar para lxs barilochenses: Valdivia. Cuando se extinguió la lucha antimonárquica enseguida sobrevino en el Río de la Plata la disputa con otros imperiales, es decir, los brasileños. Buenos Aires adquirió tres navíos a Chile y con ellos viajó el marino. A las órdenes de Guillermo Brown participó de varias acciones y se encontraba en las costas hoy rionegrinas circunstancialmente, porque el buque bajo su mando estaba en reparaciones.

Embarque de tropas brasileñas. Litografía de Jean Baptiste Debret.

La cuestión es que “la expedición de Shepherd llegó al río Negro el 27 de febrero y al día siguiente intentó forzar la barra; lo hicieron los tres barcos menores, pero uno de ellos encalló y se destrozó, ahogándose 38 de sus tripulantes”, afirma la recapitulación de Abad de Santillán. “Los tres barcos restantes remontaron el río en los días subsiguientes, con viento contrario y la hostilidad de los defensores que tiroteaban desde ambas márgenes”.

Todavía “el 6 de marzo se hallaban a media legua de la población; los corsarios se disponían a abordar los barcos enemigos cuando advirtieron que Shepherd se dirigía hacia el pueblo con 300 o 400 hombres de desembarco”. Entonces, “mientras los milicianos se hallaban dispuestos a defender el poblado, los corsarios capturaron los tres barcos con 20 oficiales y 217 marineros”. De nuevo por las dudas, digamos que las milicias no eran tropas regulares, sino los propios vecinos en situación de movilización bélica.

“Extraviado (¿intencionalmente?) por el baquiano, la fuerza expedicionaria al mando de Shepherd se perdió y tan solo llegó el 7 de marzo a la madrugada al Cerro de las Caballadas, desde donde se domina la población”. El resto es historia más o menos conocida, al menos en Carmen de Patagones y Viedma. “Allí le esperaban los milicianos y su resistencia coincidió con el fuego de la artillería de los barcos”, que ahora estaban en manos republicanas, es decir, de tropas bajo pendón argentino.

Como consecuencia de las descargas, “una bala de cañón dio muerte a Shepherd y sus hombres comenzaron a batirse en retirada, acosados por las guerrillas”, o sea, por pequeños y rápidos grupos de combatientes. “Los pajonales por donde debían pasar fueron incendiados y como las naves habían cambiado de manos, tuvieron que rendirse, y cayeron así prisioneros otros 10 oficiales y 306 soldados; para entonces habían tenido ya 41 bajas”.

En manos argentinas, “los tres barcos apresados fueron bautizados con los nombres de Ituzaingó, Patagones y Juncal”. Aporta el texto de Abad de Santillán que “Buenos Aires, en medio de sus rivalidades políticas y de sus pasiones de facción, apenas advirtió este hecho notable”. Sin embargo, Bynon fue premiado con el grado de teniente coronel y unos meses después fue designado jefe de la escuadra”.

De Lacarra puede decirse que oficiaba de comandante político y militar de Carmen de Patagones desde 1823. Al producirse el desembarco brasileño, cerró el paso de los imperiales junto con subteniente Sebastián Olivera y el juez de Paz Fernando Alfaro Maciel, quienes se pusieron al frente del contingente miliciano. Pocos días después de participar del triunfo de Patagones, solicitó retornar a Buenos Aires, pedido que le fue concedido. Una avenida importante de la capital le brinda homenaje. En 2027 se cumplirá el bicentenario del hecho heroico y puede darse por descontado el fervor que despertará, tanto en la localidad bonaerense como en Viedma.

Te puede interesar