EL ARTE VISUAL DE BARILOCHE CLAMA CONTRA EL “ECOCIDIO”
Después del cortejo fúnebre, habrá un mes para dar el “Pésame”
Aquellos que se sintieron conmovidos ante la irremediable pérdida, tendrán la oportunidad de expresar su “Pésame” durante un mes. El fallecido descansa a cielo abierto, en amorosa cercanía de otros congéneres. Su cuerpo ennegrecido por el drama cuenta con la colorida compañía de las primeras ofrendas florales que recibió. Sus extremidades contrastan con la blancura de la mortaja que embellece el féretro. La solemnidad no intenta poner en segundo plano el infierno, sino más bien tenerlo muy presente. Siempre.
Después del cortejo que recorrió parte de la Mitre y el Centro Cívico el último sábado, en la tardecita del miércoles se inauguró la muestra plástica que completa “Pésame”, la performance e instalación que ideó Soledad Escudero e impulsaron también Daniel De Gaetano, Viviana Dziewa, Cris Rocha y Silvia Barbosa. El conjunto de acciones artísticas procura llamar la atención sobre el ecocidio que significan los infaltables incendios de cada verano.
La primera etapa de la propuesta logró con creces su cometido. Es de imaginarse la sorpresa de la gente desprevenida que se topó con el ataúd y su desacostumbrado contenido durante el breve recorrido, que había arrancado en Quaglia y la calle principal de Bariloche, con destino en la Casa Bachmann. Una vez en el exterior de la sala, comenzó el velatorio simbólico y después, hubo aportes musicales.
De Gaetano, Escudero, Barbosa, Rocha y Dziewa: el grupo impulsor. Foto: Facundo Pardo.
La acción se completa con la exposición, de la que toman parte 17 artistas de esta ciudad y alrededores. Algunas de las obras son nuevas y otras se concibieron con anterioridad, pero tienen en común el mismo eje: no permanecer impasibles ante la muerte del bosque, de las criaturas animales que él residen y los daños que los incendios estivales suelen provocar inclusive en las poblaciones aledañas. Celebrar la vida, bramar contra la insensibilidad.
Apenas se ingresa a la Bachmann sobre la izquierda, el visitante dará con “Laberinto en lote de fuego”, de Diego Urruty, un acrílico que reproduce dos filas de árboles que circunscriben una calle y arden. Por su parte, Juan Pablo Moreno aportó “Huemul”, un acrílico sobre tela que emula la figura del ciervo autóctono. En tanto, Bruno Beros sumó “Distraído” y “Cielo” dos acuarelas de mensaje sutil, pero no menos urgente.
En “Duelo”, a través de la técnica del acrílico Beatriz Romano situó dos árboles que ya se quemaron. En su caso, Natalia Lukacs sumó “El bagual y las buitreras”, donde pueden verse las figuras de un toro negro y una joven en el contexto de una obra hecha en blanco y negro, quizá como ejemplo de las vidas que se pierden solo quedan cenizas. En implícito contraste, Silvia Barbosa colgó “Vida”, una mujer desnuda y de colores vibrantes que resaltan todavía más entre vegetación muy verde.
Por favor, por favor, por favor…
Con el collage “Alma de los bosques” Cristina Otamendi representa precisamente el aspecto espiritual que puedan tener, mientras que con la instalación “Guardiana de los bosques”, Cris Rocha reincide en la serie de las santas paganas a la que está consagrada hace años. En la parte inferior del altar, puede leerse “Por favor, por favor, por favor” como implorante letanía. No podían faltar las pequeñas estampitas con las que la artista suele completar a cada santa.
La "Guardiana de los bosques", de Cris Rocha. Foto: Facundo Pardo.
En el acrílico sobre tela “Tear on the water (Lágrima en el agua)”, Aurelio García reprodujo siluetas femeninas sobre un lago, en tono extremadamente rojo. A unos pasos, el color furiosamente verde de “Bosque” podría marcar un antes de aquel después. Perla León pintó al universo vegetal como visto desde arriba. En cambio, Ingrid Roddick se valió de un dibujo bordado que pende de manera que pueda verse anverso y reverso, precisamente verde uno y rojo el otro. El nombre de la obra emula una profética novela de Úrsula K. Le Guin, al versionarse como “El nombre del bosque es fuego”.
Así precisamente, “Fuego”, se llama una segunda participación de Perla León, combinación de acrílico y acuarela que tiene relieve. El espectador puede sentirse dentro del incendio forestal, pero a diferencia de seres como el que yace en el ataúd, puede poner distancia. En la muestra también hay otro aporte de Beatriz Romano que se titula “Furia” y es precisamente eso, un estallido de colores.
“Restaurando el paraíso”, de Viviana de Torres Curth es una obra de considerables dimensiones que llama la atención por sus detalles: en la recreación pictórica pueden verse hongos, líquenes, arrayanes al fondo de la escena, pájaros carpinteros y otras manifestaciones de vida que se lleva puestas el ecocidio ígneo. El trabajo también tiene su cuota de dramatismo porque fue intervenido, precisamente con fuego.
Gente que fue a dar el "Pésame". Foto: Facundo Pardo.
En “Las formas del elemento”, serie de fotografías de Natalia Buch, quizá se tienda a una reconciliación con el fuego porque no solo destruye, también ilumina y da calor. Son factores muy humanos los que lo ponen en contra… “Tierra arrasada” es una instalación de Viviana Dziewa que reúne precisamente unos terrones dispuestos en forma alargada y leños ennegrecidos.
En el óleo “Quiebre y dolor” de Patricia Balmaceda, puede verse una solitaria flor y en otra participación de Diego Urruty, “Laberinto de fuego”, una gran llama que sale una forma laberíntica. Por su parte, en “San Jorge siglo XXI” Kike Mayer reversionó al santo, que cabalga sobre un grupo de obreros mientras enfrentan policías. En derredor, fauna escapa en diversas direcciones. Por último, pero nunca menos importante, Silvia Russo aportó “Frágil”, una obra en vitro fusión y vidrio reciclado que despedía olor. Las llamas están representadas precisamente con aquella técnica.
El dibujito que otorga sentido. Foto: Facundo Pardo.
De todas formas, quizá la obra más trascendente de “Pésame” no sea la que aportaron avezados artistas plásticos de Bariloche. Preste atención al visitante al dibujito que pende al ingreso de Casa Bachmann. Con trazos de marcadores o fibras escolares representa llamas y un animal -un zorro- que llora. Según confió Soledad Escudero al momento de aportarle formalidad a la inauguración, lo elaboró casi espontáneamente una niña, al toparse con el cortejo fúnebre el último sábado. Dijo la mentora que esa reacción, que podría considerarse mínima, ya valió la pena de no pocos esfuerzos. Que en la adultez de la precoz dibujante, el ecocidio sea un mal recuerdo.