SE INTRODUJO EN BARILOCHE APROXIMADAMENTE UN SIGLO ATRÁS
Hubo “revuelo y admiración” en “los habitantes de la aldea” cuando llegó el esquí
Si bien a mediados de febrero cayó una nevadita en los cerros que circundan Bariloche, el invierno parece quedar a siglos de distancia. Pase lo que pase durante la próxima estación fría, precisamente cumplirá 95 años de existencia del Club Andino Bariloche (CAB), que nació cuando todavía era posible esquiar “por las calles del pueblo” y hacía falta subir “caminando con esquíes al hombro” para después disfrutar de la nieve honda. Casi 100 años atrás.
Su origen tuvo lugar en una época muy característica y en ciertos aspectos entrañable. “Aunque de manera muy incipiente, desde la fundación de Bariloche comenzó a desarrollarse muy lentamente la actividad turística y a surgir emprendimientos hoteleros de distinto tipo. En 1920, la ciudad ya contaba por lo menos con cuatro hoteles en el casco urbano”, a saber, el Suizo, el San Carlos, el Central e Italia, además de una oficina de turismo”.
El breve relevamiento puede leerse en el tomo II de “Río Negro. Los caminos de la historia” (Pido la Palabra Editorial, 2021) libro que tuvo como editora a la historiadora neuquina Susana Bandieri. El capítulo en que se aborda “El turismo en la provincia de Río Negro” es de autoría conjunta entre Liliana Pierucci y Giulietta Piantoni, dos colegas suyas barilochenses. En particular, esas páginas del pasado local se tocan bajo el subtítulo “Las áreas andinas”.
Además de los establecimientos hoteleros que se establecieron en el actual centro de la ciudad, se “sumaron algunos ubicados fuera de la zona urbanizada como el Hotel Perito Moreno de Carlos Wiederhold, y el Hotel Correntoso de Primo Capraro, entre otros”. En ese contexto, la década siguiente se revelaría decisiva. “Una institución clave para el desarrollo y expansión del esquí en la región del Nahuel Huapi, actividad que […] sería un eje en el desarrollo turístico de la ciudad, es el Club Andino Bariloche”.
El Hotel Suizo alrededor de 1937. (Mitre al 600 del presente). Foto: Fritz Rothlisberger. Colección Familia Bachmann en Archivo Visual Patagónico.
Como más o menos se sabe -o al menos, debería saberse- “esta institución, creada por Otto Meiling, Reynaldo Knapp, Juan Javier Neumeyer y Emilio Frey, en 1931, concebía las prácticas en la montaña en vinculación con lo recreativo, el esparcimiento y el vínculo con la naturaleza”. Su entrada en escena tuvo mucho de novedad, poco menos de un siglo atrás. “Introducidas en el pueblo por hombres que lo habían conocido en Europa, no tardó mucho en contagiarse el entusiasmo por sentir el deslizamiento con las tablas sobre las colinas nevadas y por las calles del pueblo, provocando revuelo y admiración de los habitantes de la aldea”, destaca el aporte de Giulietta y Liliana.
Club de montaña
Desde el vamos, no hubo monopolio alguno y la mirada fue bastante amplia. “El esquí era una actividad más dentro de las que se realizan en la montaña. No se trataba de un club de esquí, sino de un club andino, en donde la exploración, el montañismo, las excursiones, la escalada, el esquí, el cuidado de la naturaleza y su disfrute, eran parte de un mismo concepto integral de relación del hombre con el entorno”.
Por entonces, nada de medios de elevación y todavía faltaba para que madurara la idea de un solo centro de deportes invernales. “Quienes esquiaban en las laderas que rodeaban Bariloche también realizaban excursiones a las montañas cercanas. Los cerros Otto, Ventana, Villegas, Carbón, López, entre otros, fueron los ámbitos de mayor presencia de estas actividades”, añade el rescate.
En el presente, hace tiempo que algunos de los cerros en cuestión carecen de acumulación nívea suficiente como para ensayar un descenso, pero en la década de 1930 “se salía a conocer y a explorar la zona; se subía caminando, con esquíes al hombro, o con sogas rodeando las tablas, por las laderas nevadas para luego descender con los esquíes por la nieve honda”, evoca el trabajo de las historiadoras.
El Club Andino en 1945.
Tampoco era cuestión de estrictas temporadas. “Lo hacían hombres, mujeres y jóvenes que se consideraran aptos para realizar actividades durante los fines de semana, cuando el descanso laboral lo permitía”, afirman Piantoni y Pierucci. “La cercanía de los lugares lo facilitaba”. Lxs deportistas “exploraban y lo daban a conocer, se recopilaba la información y se publicaba en distintos organismos oficiales o no oficiales, revistas científicas y de divulgación que lo solicitaran”.
Esas ansias por difundir obedecían a que “la intención era que se conociera, se valorase, se disfrutase, pero por sobre todo que se cuidase”, anhelo que en términos generales, debería recuperarse en 2026. Por eso y con esa idiosincrasia, “el turismo no estuvo ajeno al Club Andino. Desde la institución se promovió la construcción de sendas, picadas, caminos para que el acceso fuera cada vez mayor y se facilitaran las actividades para el disfrute de la naturaleza”. Tres años después se puso en marcha Parques Nacionales y se profundizó el sesgo turístico, para sentar las bases de una futura masificación que al menos Otto Meiling, seguro no vio con buenos ojos.