2026-02-01

UNOS 3.000 KILOS A LAS BRASAS

Arqueología de Bariloche: un asado con cuero de 10 mil años

Nuestros antecesores en el área del Nahuel Huapi comían aves, zorros, un ciervo extinto y un animalote que debió alimentar a muchísima gente.

En términos regionales, se calcula que la presencia humana se remonta a 13 mil años antes del presente, pero la actual jurisdicción municipal de Bariloche contó con vecinos hace unos 10 mil. Se pudo establecer esa antigüedad porque nuestros/as antecesores tuvieron ciertos hábitos gastronómicos que hoy provocarían sensación entre los fanáticos del asado, aunque claro, por entonces no había vacunos para tirar a la parrilla.

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“En el espacio trans cordillerano se han encontrado posibles instalaciones de permanencia anual, como ejemplo, el sitio de Monte Verde, a 35 km al sudoeste de Puerto Montt (actual Chile), con una antigüedad que supera los 13.000 años AP”, escribieron dos que saben del tema. Se trata de las historiadoras barilochenses Giulietta Piantoni y Liliana Pierucci, quienes aportaron un capítulo referido a la paleontología y arqueología del norte de Patagonia en el libro “Río Negro. Los caminos de la Historia” (Pido la Palabra Editorial 2021), que tuvo como editora a Susana Bandieri.

“Aunque el sitio sigue envuelto en una amplia controversia, los restos arqueológicos encontrados permiten afirmar a los investigadores que se trata de estacas y pieles de la construcción de viviendas, utensilios diversos de hueso, madera y piedra, así como muestras variadas del aprovechamiento de los recursos terrestres y marítimos que el emplazamiento permitía”, dicen las investigadoras, en relación con el sitio cercano a Puerto Montt.

De este lado de la cordillera y a un galopito de Bariloche está el sitio arqueológico Traful I, que se ubica “entre el paraje Confluencia y el río Cuyín Manzano, en la actual provincia de Neuquén”. Allí “se encontraron cuentas confeccionadas con valvas de moluscos procedentes del Pacífico y otros elementos similares a los que presentan los sitios trasandinos, lo que permite suponer relaciones de intercambio tempranas a uno y otro lado de la cordillera. En todos los casos, parece tratarse de grupos de exploradores vinculados por lazos familiares ampliados que permanecían durante algún tiempo en estos refugios rocosos”, concluyen Giulietta y Liliana.

La ojeada sigue luego en un tramo del afamado Circuito Chico. “El sitio arqueológico de El Trébol es un yacimiento trabajado en los últimos años que consiste en un abrigo rocoso de 22 metros de frente y 7 de profundidad, ubicado en la base de un cerro de rocas volcánicas a la vera de la laguna del mismo nombre, dentro del ejido urbano de San Carlos de Bariloche”, recuerda el racconto de las autoras.

Dieta gourmet

Es a unos 20 kilómetros del Centro Cívico que “se encontraron evidencias de actividad humana, como lascas”, es decir, “desechos de la fabricación de elementos de piedra”, además de “un punzón de hueso, espinas de pescado, moluscos del Pacífico y restos óseos de los animales que fueron parte de la dieta de sus habitantes”. Quienes nos precedieron hace muchísimo en la zona se alimentaban de “aves, un tipo de zorro que hoy se encuentra extinto” y de “un ciervo más grande que el huemul”.

Laguna El Trébol.

No obstante, la arqueología encontró en el mismo lugar “fragmentos de huesos y un diente de mylodon, que es lo que da el contexto para suponer una antigüedad del sitio igual o mayor a 10.000 años AP”, establecieron las historiadoras. “Según lo han determinado los investigadores a partir de la observación de lo que parece haber sido cortes de una herramienta de piedra los huesos poseen huellas antrópicas para el aprovechamiento de la carne”.

Dieron a conocer el hallazgo en 2002 Adam Hajduk, Ana Albornoz y Maximiliano Lezcano. Las excavaciones arrojaron que “los restos se encontraban aprisionados entre los carbones de lo que fuera una gran fogata, donde el animal había sido asado con el cuero”. Tamaña panzada se habrán dado los comensales, porque si bien el mylodon estaba emparentado con los perezosos, era de un tamaño mucho mayor. De hecho, se calcula que podía pesar hasta tres toneladas.

“En este mismo abrigo rocoso se detectaron varias capas o niveles de ocupación, lo cual demuestra que en períodos sucesivos ha sido habitado y/o utilizado”, añade el texto de las historiadoras. Se trata de lugares que “tienen una triple importancia arqueológica dado que, en primer lugar, fueron espacios recurrentes de ocupación por grupos humanos; sumado a que en su parte interior suelen poseer condiciones estables de depósitos de sedimentos, lo que favorece el aislamiento estratigráfico de los diversos componentes”.

Además, “son fácilmente detectables en el paisaje”. Por el contrario, “en el caso de las zonas lacustres-boscosas, la tarea de rastreo se complejiza, dado que el acceso a los yacimientos arqueológicos resulta condicionado por el terreno escarpado y la tupida vegetación”. Qué decir si 10 mil años atrás, había que carnear y trozar un animalote de 3 mil kilos para luego trasladarlo al hogar. ¿Cuántos habrán sido los/as comensales que disfrutaron de aquel enorme asado con cuero?

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