2026-01-30

EL PARQUE NACIONAL LOS ALERCES Y UNA HISTORIA INSÓLITA

El teodolito que superó un naufragio y volvió a manos de Emilio Frey

En el episodio hubo víctimas fatales y se perdió valioso equipamiento que cruzó la cordillera. Sin embargo, un gesto de caballerosidad marcó diferencia.

Hace poco más de un mes que El Cordillerano recordó un episodio que casi le cuesta la vida a Emilio Frey. Para el verano de 1897-1898, el futuro intendente del Parque Nacional Nahuel Huapi apenas si contaba con 26 años y formaba parte de las subcomisiones de Límites que, del lado argentino, trabajaban para determinar por dónde pasaría la nueva frontera con Chile. Del otro lado de las montañas, exploradores de diversas nacionalidades hacían otro tanto al servicio del país vecino.

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En aquella oportunidad recreamos que, al navegar por un río cordillerano demasiado embravecido, la embarcación de la que se valían Frey y sus desafortunados compañeros se precipitó por una cascada de considerable altura. El explorador que luego se convertiría en personaje clave de la historia barilochense vivió para contarla porque antes de la caída, cayó a las aguas como consecuencia de una violenta sacudida. El resto de la tripulación no pudo zafar.

El oriundo de Berisso no solo lamentó la pérdida de vidas humanas. Si bien en el testimonio que dejó de su propia pluma no hay referencia alguna, también es previsible que echara de menos al equipamiento del que se valía para llevar a cabo su tarea. Como veremos, el instrumental no solo participó del inesperado chapuzón, además viajó algunos kilómetros por las aguas más allá de las alturas cordilleranas.

Rescató la historia que traemos a colación Miguel Ángel Pasquini Mermoud en una publicación que se reprodujo en la página “Historias y leyendas de gente detrás de la montaña”, que está activa en una red social. “Mis raíces familiares están profundamente entrelazadas con la historia pionera de la Patagonia. Por parte paterna, el apellido Pasquini forma parte de aquella valiente oleada de inmigrantes italianos que, a finales del siglo XIX y principios del XX, se aventuraron en estas tierras australes cuando la Patagonia era apenas un vasto territorio inexplorado”, enmarcó, por un lado, el autor.

Por el materno, “el apellido Mermoud está inscrito en las primeras páginas de la historia del Parque Nacional Los Alerces”, que desafortunadamente es noticia hace semanas ante las incapacidades gubernamentales de contener incendios forestales. Sus mayores vinieron de la zona francesa de Suiza y “figuran entre las primeras familias pioneras que se establecieron en la región, mucho antes de que el área fuera declarada Parque Nacional en 1937”.

Río y lago

Luego de consagrar unos párrafos a las vicisitudes que tuvieron que afrontar sus mayores en el área protegida que queda en Chubut cuando todavía no existía, Pasquini Mermoud explica que es por esa “conexión personal con la historia pionera de la Patagonia que me siento especialmente atraído por relatos como el de Emilio Frey” y su naufragio, memoria que, al parecer, está más vigente en aquellas latitudes cercanas que por aquí.

Emilio Frey y colaboradores, bastante después del naufragio.

De hecho, allí existe el río Frey, un “cauce torrentoso que conecta el lago Krügger con el embalse Amutui Quimey en el corazón del Parque Nacional Los Alerces”. También existe un punto determinado que precisamente, se conoce como “Naufragio del Frey”, donde aparentemente, se produjo el dramático suceso que comentamos tiempo atrás y volvemos a refrescar hoy para sumar otro ingrediente.

Parte de la historia que trae a colación el autor es conocida, pero otra no. “Al regresar a Argentina, el joven Emilio se unió en 1896 a la Comisión de Límites entre Argentina y Chile bajo la dirección de Francisco Pascasio Moreno, el célebre perito Moreno. Era una época de tensiones fronterizas, donde cada metro de cordillera era disputado entre ambos países. La misión era clara: explorar, cartografiar y documentar una Patagonia prácticamente desconocida”.

Precisamente, “en 1898, Frey lideraba una pequeña expedición por la región que hoy conocemos como el Parque Nacional Los Alerces. Eran tiempos donde explorar significaba adentrarse en lo completamente desconocido. Su grupo avanzaba por territorios nunca pisados por occidentales, cruzando ríos helados con el agua hasta el pecho, cargando pesados equipos de medición sobre sus cabezas, durmiendo bajo las estrellas patagónicas”.

En efecto, aquella jornada fatídica “Frey y su equipo intentaban remontar un río torrentoso en la cordillera patagónica. Las aguas, alimentadas por el deshielo primaveral, bajaban con furia entre las rocas. La embarcación que utilizaban no era más que una precaria balsa construida con troncos de la zona. Lo que sucedió después quedaría grabado en la historia de la región y daría nombre a un río”.

Pérdida esencial

Como sabemos, “la corriente se volvió inmanejable. Los rápidos, más violentos de lo esperado, destrozaron la embarcación contra las rocas. Los hombres y el equipo fueron arrastrados por las aguas heladas. Varios miembros de la expedición perdieron la vida en el acto, tragados por los remolinos y la fuerza del agua. Frey, luchando contra la corriente, logró aferrarse a un tronco y sobrevivir, pero perdió algo muy valioso: su teodolito, instrumento esencial para su trabajo como topógrafo”.

El lago Krügger.

La historia pudo concluir ahí, pero no. “Del otro lado de la cordillera, trabajando para Chile, se encontraba Paul Krüger, un geógrafo y cartógrafo alemán contratado por la administración chilena. Krüger era compañero de Hans Steffen y realizaba trabajos similares a los de Frey, pero para el país vecino. Ambos hombres, aunque trabajando para naciones en disputa territorial, compartían la pasión por la exploración y el conocimiento científico y a menudo pasaban por los mismos lugares, realizando el mismo trabajo”.

Sucedió que más tarde, “Krüger encontró algo inusual en cercanías de aquel naufragio: un teodolito. Sabiendo el valor incalculable que tenía este instrumento para un explorador, y reconociendo que pertenecía a Frey, hizo algo extraordinario: tiempo después de terminar sus trabajos, cruzó la frontera para devolvérselo personalmente a Emilio”. Un gesto de camaradería que visto desde lógicas de la actualidad podría desconcertar.

Hubo devolución, aunque fuera simbólica. “Como homenaje a esta muestra de respeto profesional que trascendió las disputas nacionales, un lago en territorio argentino fue nombrado en honor al geógrafo alemán que trabajaba para Chile: el lago Krügger”, aunque con una g más. Completa el rescate de Pasquini Mermoud: “ese cauce torrentoso que hoy conecta el lago Krügger con el embalse Amutui Quimey recibió el nombre de río Frey, en memoria de aquel valiente explorador que sobrevivió a sus aguas traicioneras”.

Más allá de las circunstancias desgraciadas del verano en curso, cuando se puede visitar el sitio que se conoce “Naufragio del Frey” en el PN Los Alerces, “estamos ante un lugar que guarda una historia de exploración, tragedia y un extraordinario gesto de humanidad que trascendió fronteras. Una historia que pocos conocen, pero que merece ser contada”, considera el autor del escrito. Difícil no estar de acuerdo con su valoración.

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