HABRÁ ADEMÁS TORNEO DE ARQUERÍA Y SÁNGUCHES VIKINGOS
Música de Bariloche reúne a las culturas vikinga y mapuche en espectáculo inusual
La cultura de los así llamados vikingos y la mapuche estuvieron separadas por miles de kilómetros y tal vez por un lapso temporal importante, pero Zbjka Boock prefiere buscar vínculos en común antes que diferencias. Al menos, ese el concepto que se desprende de “Runas y kultrun”, el llamativo espectáculo que pondrá en común no dentro de mucho: además de música, habrá un torneo de arquería previo y otros condimentos más bien desusados, entre ellos, la chance de devorar un sánguche vikingo.
La propuesta abreva en el concepto, “Dos raíces un fuego”, que “nace de un recorrido vital más que de una decisión artística puntual”, le dijo la música al que firma. Surgió “de reconocer que en mí conviven dos memorias ancestrales: la mapuche y la nórdica, y que ambas se activan a través del sonido”. Aunque en los últimos veranos no tiene buena prensa, “el fuego es lo común: el fogón, el ritual, la reunión y la transformación”, definió Zbjka, a quien antes conocíamos como Fanny (la j se pronuncia como una i).
Entonces, si bien “las raíces son distintas, el impulso espiritual es el mismo. La música fue el espacio donde esas dos fuerzas dejaron de estar separadas y se encendieron juntas”, señaló. En cuanto a los elementos que dan nombre al concierto, “las runas son antiguos símbolos de origen nórdico y germánico. Nacieron en el norte de Europa, especialmente en Escandinavia. Sus usos fueron con fines mágicos, no adivinatorios”, precisó nuestra interlocutora.
Además “son guías y consejeras. Runa significa secreto o susurro”, enseñó Zbjka. “Quien lee runas es un médium entre los guías de quien pregunta y este plano. Se usaban/usan para inscripciones, protección, rituales y orientación simbólica”, completó. “Luego funcionaron como sistema de escritura y también como símbolos con significado espiritual. Hoy se emplean en el arte, la cultura y prácticas de autoconocimiento”.
La música sabe interpretar runas. Foto: Nico Barrera.
El cultrún debería ser más familiar en estos territorios, porque es central en la cultura mapuche y si bien puede reducirse a instrumento de percusión, su simbología supera esa descripción más bien simple. En su parche suele representarse una concepción del mundo, que incluye el encuentro entre las cuatro partes de la Tierra, las energías ancianas y jóvenes que están presentes en cada elemento natural, además de otros componentes.
Para “Runas y kultrun”, Zbjka anuncia “música ancestral en trance”, porque invita a “una experiencia sonora ritual”, es decir, “música repetitiva e hipnótica, construida para llevar al cuerpo y a la mente a un estado de trance consciente”. Entonces, “el público va a escuchar percusiones ceremoniales, cantos ancestrales, en nórdico antiguo y en mapuzungun, sonidos de la tierra, loops y pulsos que no buscan distraer, sino profundizar”, adelantó. “No será un show para mirar solamente: es para sentir, para entrar en el ritmo y en la respiración, en una memoria que el cuerpo reconoce, aunque la mente no la explique”, sostuvo.
Del rock al trance
Por cuestiones musicales, el cronista no hablaba con (la por entonces Fanny) desde el verano de 2022, cuando al frente de Té de Tilo estaba por sonar en el centro cultural que ella misma impulsó: el recordado Fylgja. Aunque difícil de encasillar, aquella era una banda de rock de formato más o menos estándar. Evidentemente, tanto tiempo no pasó, pero sí mucha agua debajo del puente.
Dos memorias ancestrales, una mujer. Foto: Nico Barrera.
“El rock fue mi primera forma de canalizar intensidad, rebeldía y emoción”, admitió Zbjka. “Pero con el tiempo sentí que necesitaba ir más profundo, menos forma y más raíz. El rock me dio el pulso, la fuerza y la escena”, pero “lo ancestral me devolvió el sentido”, diferenció. “Esta propuesta es una evolución natural: sigue siendo energía, pero al servicio del ritual y no del ego”, añadió. “De todas maneras, ¡sigo rockera!”
Antes de que comience la música propiamente dicha en “Runas y kultrun”, quienes abonen la entrada tendrá derecho a participar de un torneo de arquería “con cinco tiros de prueba”. Para tentar la suerte habrá premios: tres cervezas y un sánguche vikingo. La anfitriona definió al atractivo culinario como “grande, contundente y honesto. Pan rústico, algo ahumado, algo salvaje y se come con las manos”. Entre los panes habrá “carne braceada con cerveza y caldo”.
Para quienes transiten por otros senderos alimentarios, “también habrá opción veggie. Como la música: simple en apariencia, poderosa en esencia”, resaltó Zbjka, quien, dicho sea de paso, desde 2018 es gydja, vocablo nórdico que alude a “un guía espiritual, social y político en una comunidad. Lleva a delante los blot (ceremonias) y es una especie de chamán. Lee runas”, destacó nuestra vecina. Las “Dos raíces” confluirán en “un fuego” el otro viernes (16 de enero) en Paico Casa de Arte (El Frutillar) desde las 19. Vínculos antes que diferencias.