RECETA
Paso a paso: cómo hacer el matambre relleno de Jimena Monteverde para Navidad
Si hay algo que se repite, casi como un ritual silencioso, en las mesas de las Fiestas argentinas, es el matambre relleno. Está ahí, esperando su momento, bien frío, cortado en rodajas prolijas, listo para abrir el juego entre brindis, charlas cruzadas y reencuentros familiares. No falla. Y no es casualidad. Fresco, sabroso y rendidor, se ganó con mérito propio el título de clásico infaltable.
En tiempos donde nadie quiere pasar horas encerrado en la cocina, este plato tiene una ventaja clave: se prepara con anticipación. Se hace el día anterior, descansa en la heladera y llega a la mesa en su punto justo, con los sabores bien integrados y una presentación que entra primero por los ojos. Ideal para mesas numerosas y para anfitriones que buscan lucirse sin estrés.
Esta versión, inspirada en la cocina de Jimena Monteverde, combina simpleza, sabor y practicidad. No hay ingredientes rebuscados ni técnicas imposibles. Todo está pensado para que el resultado sea parejo, firme y sabroso, de esos que hacen que alguien siempre pregunte: “¿Quién hizo el matambre?”.
El relleno clásico, con zanahoria rallada, queso, perejil y huevos duros, aporta color, textura y un equilibrio perfecto entre suavidad y sabor. Además, el uso de gelatina sin sabor es uno de esos secretos que marcan la diferencia: ayuda a que el matambre quede compacto, fácil de cortar y con una forma impecable al momento de servir.
Ingredientes: 1 matambre mediano; 2 zanahorias ralladas; 1/2 taza de queso rallado; 1 sobre de gelatina sin sabor; 1 huevo crudo batido; Sal, a gusto; Perejil picado; 6 a 8 huevos duros; Verduras para caldo; Abundante agua.
La preparación comienza con un caldo generoso, hecho con verduras y abundante agua. Allí se cocina el matambre durante entre una hora y media y dos horas, hasta que esté realmente tierno. Ese paso es clave: un buen punto de cocción garantiza que el enrollado sea prolijo y que el corte final no se desarme.
Una vez cocido, llega el momento de desgrasar, salar apenas y armar el relleno. Zanahoria, queso, perejil, gelatina, los huevos duros acomodados con cuidado, más gelatina y el huevo crudo batido que termina de unir todo. El enrollado se hace con paciencia, se ata bien firme y se envuelve en film para que compacte como corresponde.
Después, solo queda esperar. Heladera, frío intenso y tiempo. Ese descanso final es tan importante como todo lo anterior: es lo que convierte una buena receta en un plato memorable.
Cuando llega el momento de cortar y servir, el matambre responde. Rodajas parejas, colores definidos y ese sabor que confirma por qué sigue siendo el rey silencioso de las Fiestas.