Los nuevos antivacunas hacen evocar los tiempos de pandemia, cuando el Ku Klux Klan llegó a Bariloche
En momentos donde preocupa el incumplimiento de muchos padres respecto al seguimiento correcto del calendario oficial de vacunación, con una alerta epidemiológica a nivel nacional emitida por el Ministerio de Salud ante un caso confirmado de sarampión en Entre Ríos, están quienes ven en la posición antivacuna un eco de lo que sucedía en épocas de pandemia.
En esa dirección apuntó días atrás, en una conversación con El Cordillerano, el reconocido pediatra de Bariloche Eduardo Zori, quien contó que el fenómeno comenzó a apreciarse desde hace ya un tiempo. El profesional se retiró de la medicina activa en noviembre del año pasado, pero, para ese momento, según indicó, observaba un aumento de padres que no querían vacunar a sus hijos, lo que le causaba preocupación.
El médico expuso que, tras la pandemia (donde, debido al momento que se atravesaba, hubo un retroceso en el cumplimiento del calendario de vacunación) se revitalizó la concurrencia a vacunar, pero después, como un rebote tardío de los grupos antivacunas que nacieron con el coronavirus, empezó a apreciarse una baja notable.
Porque hay que recordar que, en 2020, ante las noticias sobre la aparición de vacunas para combatir la expansión del covid, florecieron opiniones adversas a esas alternativas. Incluso, se realizaban protestas en diversas ciudades, donde se conjugaban opiniones desfavorables al modo en que el Gobierno nacional, con Alberto Fernández al frente, manejaba la situación (a partir de repetidas extensiones del “aislamiento social preventivo y obligatorio”) y un enfoque contrario a las vacunas contra el covid (o, dependiendo el caso, a algunas de ellas).
Eran tiempos de los denominados “banderazos” contra la gestión gubernamental. Y en Bariloche, la cuestión, en ocasiones, también se relacionaba con protestas por conflictos mapuches. En ese momento, por ejemplo, la cuestión Mascardi estaba en ebullición.
Ahora, retornan a la mente imágenes de aquella época, a partir de ese reflote antivacunación (con las salvedades del caso; en aquella etapa, se trataba de una vacuna nueva y estaba el temor por la novedad, mientras que, en la actualidad, el problema radica en la no colocación de vacunas básicas, con una efectividad más que probada).
Particularmente, hace cinco años y un mes se produjo en Bariloche un hecho que tomó trascendencia nacional e internacional por lo criticable, y si la cuestión repercutió de la manera que lo hizo fue gracias al reportero gráfico de este medio Facundo Pardo, que eternizó con su cámara un acontecimiento nefasto.
Una imagen que causa vergüenza ajena.
El episodio ocurrió el 8 de noviembre de 2020. En el Centro Cívico barilochense se llevaba adelante una protesta con aquella mezcla de consignas típica de aquel entonces. De pronto, aparecieron tres personas vestidas como miembros del Ku Klus Klan, con los característicos ropajes blancos y carteles colgando con la estampa de una calavera y jeringas sangrantes. Allí, agarraron una inyección de cartón gigante que decía “tóxico”.
La referencia al grupo estadounidense de extrema derecha, racista, que siempre se caracterizó por tener al odio como estandarte, aún hoy, al ver las fotografías tomadas por Pardo, estremece.
Arribo de la inconciencia al Centro Cívico.
Cabe indicar que el Ku Klux Klan nació en Estados Unidos durante la segunda mitad del siglo XIX, poco después de la guerra civil de aquel país, con un formato de sociedad secreta, en oposición a los derechos civiles que surgían y negándose a la emancipación de los esclavos.
Si bien suele enmarcarse al clan dentro de ese contexto histórico, lo cierto es que, a lo largo del tiempo, ha tenido varios resurgimientos, lo que hace más penoso que un grupo de personas, en la Patagonia, haya querido emular algo tan siniestro, que nunca deja de ser una semilla propensa a volver a emerger para ofrecer un fruto de maldad.
Tiempos de sinrazón.
Facundo Pardo recuerda que, aquella jornada calurosa de noviembre, volvía de Colonia Suiza, donde había realizado otra cobertura, y tenía previsto ver qué sucedía en el Centro Cívico. “Estaba en auge toda esta temática, y una vez por semana había una protesta de los anticuarentena y los antivacuna”, contextualiza el fotógrafo.
“Para mí, era ir a cubrir una concentración más”, evoca, y rememora que, en aquel panorama de disconformidad con la gestión nacional, de pronto notó algo raro: “En la plaza estaba hablando una médica, y empecé a escuchar a gente que se reía; noté cierto movimiento”. Ahí fue cuando divisó a esas tres personas encapuchadas. “Había mucha gente alrededor, que sacaba fotos y grababa con los celulares”, cuenta Facundo, quien, justamente, a partir de ese dato, muestra asombro por la prácticamente nula difusión de esas imágenes por Internet: “Me pareció raro que después no apareciera nada. No se replicó en ningún lado. Fue muy extraño que no se hiciera viral. Más en ese momento, donde las redes sociales estaban a full y cualquier cosa era furor”, apunta, precisando que, más allá de las que él captó, sólo observó una foto que se dio a conocer, tomada por un celular. Justamente, la suya fue la única presencia de un reportero gráfico en el lugar. “Era tan común que todas las semanas hicieran una protesta de ese tipo, que no fueron otros colegas; creo que fuimos el único medio que estuvo, al menos tomando imágenes”, expresa.
Una imagen inquietante.
“Me sorprendió cómo se lo tomaba la gente, que lo consideraba algo gracioso. Calculo —y espero— que por ignorancia de lo que había sido el Ku Klux Klan”, dice Facundo, quien recibió mensajes de felicitación, por la captura del momento, desde diversas partes del mundo donde sus fotos se difundieron. Además, al ser el suyo el único registro fotoperiodístico, vio cómo sus fotografías se repetían en programas televisivos de todo el país.
Más allá de la trascendencia de su labor recuerda aquello como “un hecho lamentable”.
Jeringa gigante.
“Ojalá no vuelva a repetirse”, concluye, mientras llegan noticias de una nueva oleada de antivacunas, con el añadido de que están llevando al extremo su posición al poner en juego la vida de sus hijos por decidir no hacerlos vacunar.