Paisaje lunar cerca del centro de Bariloche
El domingo, en Bariloche, con un termómetro que llegó a los treinta grados, ofreció una gran oportunidad para disfrutar de las playas de la ciudad. Así, estuvieron quienes se inclinaron por las céntricas y aquellos que acudieron al lago Gutiérrez, por citar algunas de las opciones. Otros, en tanto, prefirieron realizar un viaje a la Luna o a Marte, o algo así…
Sucede que, apenas a cuatro kilómetros del centro de la ciudad (yendo por la avenida Bustillo), se ubica la playa Melipal, que presenta un paisaje muy particular, a partir de un ámbito rocoso, donde las piedras, de diversos tamaños (algunas de grandes dimensiones), ofrecen un panorama único.
Rocas, lago y montañas.
En algunos tramos, el lugar se asemeja a lo que uno imagina como una postal lunar, debido a la presencia de piedras blancuzcas.
Por otra parte, en diversos segmentos, predomina una rocosidad rojiza, que hacen imaginar que se está pisando Marte.
¡Y todo a orillas del lago Nahuel Huapi!
Una belleza singular.
Pero, más allá de esos tonos, está la disposición de las rocas, que en algunos espacios parecen conformar pequeños anfiteatros. Esa característica resulta propicia para utilizar las piedras como asientos, y así regocijarse tanto del espectáculo lacustre como aprovechar la “silla” natural para sentarse a tomar algo. Quizá esa sea una de las razones de que el sitio sea uno de los preferidos por los barilochenses que optan por una jornada de picnic/merienda. Además, apenas cruzando la calle, se ubica un local de una cadena de supermercados, lo que resulta óptimo para conseguir lo necesario si hubo algún olvido a la hora de alistar el bolso matero. Asimismo, por la zona, sobre todo en esta época del año, abundan los carritos gastronómicos, que también convocan a disfrutar de algo al paso.
Mirando hacia el horizonte...
Los niños, en tanto, ante el espacio rocoso, juegan a ser exploradores levantando piedras en la orilla, para ver si encuentran cangrejos.
Las rocas marcan su presencia.
La playa, además, suele convocar a pescadores (algunos, a la hora de sacar alguna pieza, con más suerte que otros; pero siempre habrá revancha, porque el buen tiempo llama a repetir la aventura que siempre involucra preparar la caña).
Disfrutar del lago en un panorama lunar...
El roquerío, en ciertas partes, debido a formas antojadizas impulsadas por la naturaleza, el domingo propició tirarse a tomar sol en “camas” rocosas y transformarse, apenas por un rato, en lagartos amantes del dios Febo. Incluso llamó la atención una joven española que escogió sacarse la parte superior del bikini y quedarse en toples, algo poco habitual en estas costas.
Caminar y tomar sol en un paisaje rocoso.
Más allá de lo que sucedía en la orilla, el lago también deparaba una vista destacada, con veleros y lanchas que lo surcaban (cabe recordar la cercanía del Club Náutico). Y, claro, no faltaban los turistas que miraban el espejo de agua con la esperanza de divisar al Nahuelito… pero lo hacían parados sobre un paisaje digno de la Luna o de Marte.
Belleza náutica.